Judith Vives

El cine catalán también puede ser comercial

El 2010 ha sido un año glorioso por el cine catalán con una producción excepcional que ha ido desde el cine más radical e independiente hasta los intentos, bastante reixits, de hacer un cine comercial y asequible para públicos variados. Entre estos últimos han destacado 'Pan negro' y 'Brezo', dos películas que coinciden estos días en Mataró, una en las salas de Cinesa y la otra, estrenando la nueva temporada estable de cine al Monumental.

'Pan negro' es la adaptación de una novela homónima de Emili Tejedor ambientada durante los años de posguerra y relatada desde la óptica de un niño que forja su personalidad en medio de la represión franquista y los enfrentamientos de clase. La traslación a la gran pantalla la firma Agustí Villaronga, en la que podríamos considerar su primera incursión en el cine más comercial después de una potente trayectoria como cineasta de culto gracias a films como 'Tras el cristal' o 'El mar'. Villaronga se vuelve comercial pero sin renunciar a las fijaciones que definen su filmografía: el deseo, la enfermedad, el mal son presentes en este drama ver desde la óptica infantil, otra de las constantes del director, siempre preocupado por estas "ciertas" infancias. Villaronga no se ahorra tampoco la sordidez como criterio estético pero bastante más medido, siempre consciente de dirigirse a otro tipo de público. 'Pan negro' destaca por el trabajo de los actores, la reconstrucción histórica y el uso y tratamiento de la lengua (aspecto también muy cuidado a la novela).

Todo el contrario, justo es decir, de este 'Brezo' que reconstruye una de las leyendas catalanas más arraigadas y populares, la del pequeño timbaler que derrotó el ejército francés en su invasión de 1808. Con pocos criterios históricos y una nula atención a la lengua, Daniel Benmayor se propone con su 'Brezo' demostrar la capacidad de la industria catalana para competir con un cine de aventuras comercial y despreocupat. Por eso, la película está totalmente vacía de contenido y su posible lectura política o identitaria es inexistente. El personaje y su leyenda es únicamente un pretexto para rodar con grandes recursos en el magnífico escenario natural de las montañas de Montserrat una película que recurre a todos los tópicos y estilemes del cine épico y de aventuras, es decir, a la manera de hacer del cine norteamericano. Hay acción, persecuciones, explosiones y muchas muertes a manso de un enloquecido timbaler vengativo pintado de negro carbón. Es por eso cómo prácticamente todo el mundo olvida la leyenda nostrada y acaba viendo el 'Brezo' de Juan José Ballesta como una entretenida versión catalaneta del 'Rambo' de Stallone. Con esto ya está todo dicho.

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