Ramon Bassas

El Corte Inglés vendrá; manos a la obra

El proceso para hacer llegar la 'locomotora comercial', como denominaba el Plan de Orientación de los Equipamientos Comerciales (POEC) acordado su día entre el Ayuntamiento y los comerciantes como pieza clave para incrementar el valor añadido del sector de servicios en Mataró, ha sido excesivamente lento y difícil. Lo ha estado por circunstancias más o menos normales (modificaciones urbanísticas para obtener la mejor ubicación, concurso para determinar el operador, estudios económicos y de movilidad, etc...) y, sobre todo, por una de excepcional: la parada impuesta por orden judicial a rel de una querella que, además de tres imputaciones (al Alcalde, a una letrada municipal y a mí mismo como regidor d?Urbanismo), paraba cautelarmente el proceso de desmontaje de la nave catalogada que hay al solar. La querella fue presentada por el fiscal a instancia de la CUP y una plataforma satélite que después han proseguido como acusación particular (por cierto, quien paga la defensa? cuánto costa?). Otras sentencias de los juzgados del Contencioso confirman la legalidad de todo el proceso, como no podía ser de ninguna otra manera.

Sacar esta nave de allá (la llegada del Corte Inglés es imposible con ella) pero sin descatalogarla (y por lo tanto, trasladarla a un lugar cercano que la haga más visible) es la solución que –equivocada o no- tomamos su día para no demorar más de la cuenta la llegada del operador y satisfacer las lógicas demandas de respecto a los bienes catalogados. Quién sabe qué habría pasado si, en ninguna parte de esto, se hubiera proseguido con la descatalogació y destrucción del bien, sin ser sensible a las demandas que aparecieron el 2007. Me temo que mucho peor, pero esto no lo sabremos nunca.

Se acaba la etapa judicial
La resolución del Juez de Instrucción núm. 3 de Mataró pone fin, si los anunciados recursos no prosperan, a este lamentable capítulo, a esta locura que retrasa cuando más hacen falta los 1000 puestos de trabajo previstos y el impacto directo sobre el PIB local y los salarios (unos 30 millones de euros el año), además de una invesió de más de 160 millones de euros en la obra (y sus puestos de trabajo). Esta es la mejor noticia de todas.

Acabada la etapa judicial, se retoma también la etapa política. Mientras hemos sido imputados nos hemos sentido de todo: algunos han querido relacionarnos con la corrupción, como hizo la Sra. Sánchez-Camacho o la propia CUP, que también pidieron dimisiones o 'cambios en el Gobierno' como pedía un Joan Mora los abogados del cual aseguraban que el proceso acabaría mal. Ya vemos que tiene una fantásticos asesores legales, en este y en otros temas. Mojedano ha insistido reclamante 'ética' justamente cuando lo denunciaban por pressumpta apropiación de más de 27.000 euros. Un despropósito. Ahora sería la hora de rectificar y ponerse junto al Gobierno para celebrar juntos la llegada del Corte Inglés.

Mora, en contra
Porque, se diga el que se diga, hasta hoy no ha sido así. Joan Mora, la cabeza de CiU, es el caso más flagrante. CiU no estaba de acuerdo con el POEC, contra la opinión del sector. No ha aprobado ni un solo acuerdo administrativo o urbanístico para la llegada del Corte Inglés (ni siquiera la caltalogació de la nave que ahora quiere proteger, dice), ni uno sólo. Mora se ha manifestado en la calle, llamando a su militancia a seguirlo, bajo pancartas que decían claramente "No a la locomotora comercial". Al presentarse a las elecciones de 2007 pidió una moratoria y ha apostado siempre por un centro "más pequeño" (por lo tanto, más pequeños los beneficios por la ciudad). Más tarde, y antes de que se iniciara el proceso penal, se aliaba con la Cup y el PP para pedir al Pleno la paralización de las obras del desmontaje con la excusa de proteger unos restos que no tienen ningún valor, como se ha demostrado. Palos a las ruedas continuamente. Y el peor: manso extendidas, algunas incluso apretades, que han durado 48 horas. Ha pesado más el interés a corto plazo del rédito partidista que no el interés estratégico de ciudad que tiene que tener alguien que sueñe, ni que sea remotamente, a ser Alcalde. Baron, en cambio, se lo ha jugado.

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