"Os quiero hacer una declaración", dijo él. El tono era tan solemne que la audiencia se congeló en un silencio eléctrico. "En Montblanc, hoy, día 14 de noviembre del año 2003." Presidía una sala del Archivo Comarcal. Bajo un gran cuadro de Sant Jordi matando el dragón. A lado de una señera flamante. Ante un cartel donde se leía bien claro Viva Cataluña! "Estamos a punto de iniciar la segunda etapa de nuestro autogobierno." Ah, era esto: había venido a investirse presidente!
Francesc Macià, Lluís Companys, Josep Irla, Josep Tarradellas y Jordi Pujol. No sedejó ni ud. Y ahora, él. "Los que nos han precedido han constituido un legado que nos toca honorar, pero también preservar. Y todavía más, agrandar. Haya mía este compromiso." Estupefacción entre los asistentes. Respiración contenida. Qué profundidad! "El futuro se trenza con cuerdas nuevas, pero también con mimbres antiguos."
El sucesor recordó su peregrinatge desde Roma, hace más de cuatro años. Y hoy, como Buda bajo el árbol sagrado, él se recluiría a meditar al Monasterio de Poblet. Aunque sólo fuera por unas horas. "Quiero recapitular, serenar el espíritu, repasar y confirmar las certezas básicas que me han empujado a entregar esta batalla por Cataluña." Mezcló física, metafísica y poesía: "Me hay que pasar del espacio al tiempo".
Era un discurso épico, vibrando, de ecos históricos. No se podía romper la magia: nadie osó decirle que las elecciones todavía se tienen que celebrar. Sedebe de recordar, oi?
Domingo será una noche emocionante.
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