Es recurrente en Mataró el debate sobre la necesidad de revisar nuestro Plan General de urbanismo. La acción urbanística incide en el equilibrio de la ciudad y su carencia de anticipación provoca evidentes desequilibrios sociales y económicos. Por lo tanto, en la convicción que este debate se tendrá que resolver durante este mandato, hay que hacer un repaso de donde venimos y dónde somos urbanísticamente para tener clara cabeza donde tenemos que ir para encontrar este equilibrio.
Durante el siglo XIX, la revolución industrial da un impulso en la ciudad con la llegada de la primera máquina de hilar a vapor que entró en una fábrica textil, esto atrajo una gran cantidad de mano de obra. El año 1878, con el aumento de estas expectativas y fruto de la buena coyuntura política y económica, se plantea de una forma decidida y definitiva la necesidad de disponer del plan de ensanche en Mataró, aprobándose el proyecto de Palau y Cabañes.
Este, ofreció una solución de continuidad promoviendo un crecimiento integrado al barrio antiguo como la apertura de la calle de la Coma o el eje prolongación de la Riera, pero fracasa cuando quiere solucionar temas nuevos, como colocar la plaza Fivaller simétrica en la plaza de Cuba cuando hubiera sido mucho más lógica su situación en la calle de Sant Ramon, conectada en la ciudad antigua.
Así como el Pla Cerdà de Barcelona, que para hacer realidad el igualitarismo entre las diferentes zonas, propuso la división de la ciudad en agrupaciones de barrios, distritos y sectores de forma que cada una de estas áreas tuviera los mismos servicios y equipamientos (jardines, escuelas, mercados...) independientemente de su localización, en el proyecto de Mataró se crean unas condiciones que, desde una centralidad y según Guardia Bassols "es evidente como se ignoran y se falsean las condiciones reales de la ciudad existente en la que, sin duda, las diferencias entre las casas burguesas del centro y las casas de los barrios periféricos son muy acusadas".
Hasta 1950, la expansión urbana de Mataró siguió las directrices del Plan de Ensanche del 1878, el cual limitaba la edificación de la ciudad dentro de las Rondas. El rápido crecimiento que se produce a la década de los sesenta desencadena graves problemas de congestión interior, de insuficiencia de servicios e infraestructuras, de desorganización periférica, de detrimento ambiental y de segregación social. Pasa así, por ejemplo, con el barrio de Rocafonda, antes una zona agrícola en la cual el proceso migratorio hizo que se demandara un gran volumen de vivienda por parte de la primera oleada migratoria de población del sur de España fundamentalmente, lo cual trajo a conformar un barrio poco pensado en el ámbito de espacio público y con una gran falta de servicios.
La degradación del Centro también se acelera en este periodo al ser abandonado progresivamente por las clases más benestants de la ciudad que se alejan verso las zonas dotadas de mayor confort en I'vivienda, sea a poblaciones del Maresme o bien verso las zonas residenciales de muy baja densificació como las urbanizaciones de La Cornisa o Los Alcornoques.
A partir de 1993, se proyecta la Vía Europa a través del Plan Especial de la Avenida Europa entre la Plaza Granollers y la variante de la N-II. De aquí nacerá el Parque Central y, finalmente, la aprobación del nuevo y vigente Plan de General de Ordenación Urbana de Mataró (PGOUM), en 1997.
El objetivo de la Vía Europa tenía que ser conectar los barrios de Mataró y tejer zonas muy poco
cohesionadas. La realidad es, todo y los evidentes beneficios como la plaza Antonio Machado y todos los jardinets que se crean, que su mayor virtud ha sido la conectividad con vehículo privado hacia el entrada norte de Mataró, y por lo tanto, también con el centro comercial Mataró Parco. De aquella época también es la desclasificación de las Cinco Sènies, un éxito en cuanto a preservación de una franja de huerta que es única a nuestro entorno y que tiene que ser un pulmón por la ciudad de Mataró. Está protegida urbanísticamente, aun así arrastra reivindicaciones que no podemos posponer más.
Resto, como gran proyecto de ciudad y también de aquella época, hablar del que empezó como el que tenía que ser un parque tecnológico en el marco del Plano Director de la Sociedad de la Información de Mataró, y de donde salió el proyecto del Tecnocampus, un concepto de binomio universidad/emprendida absolutamente innovador al país y que situó, a ponente de la ciudad, un polo de atracción de empresas e industria. Y entre este polo y la ciudad, el debate del planeamiento urbanístico del Frente Marítimo sector poniendo: el sector Iveco-Renfe y el polígono industrial de Balançó y Boter, el primero sometido todavía a un urbanismo del plan y el segundo ya a un urbanismo de proyecto, pero en cualquier caso, encaminados a tejer inercias entre la institución y la ciudad. No será un reto menor.
La situación, a día de hoy y después de todas estas actuaciones, dibujan un Mataró rico, vive y muy diverso. Pero también un Mataró que no ha conseguido superar la dicotomía centre y barrios, y no sólo urbanísticamente, tampoco sociológicamente, económicamente ni tradicional. Se ve una ciudad desdibujada donde se sobreponen ideas y actuaciones, a veces debido a una nefasta gestión que ha hecho la ciudad, como el caso de Can Fàbregas, otros por imponderables como las crisis y las coyunturas econòmico-sociales.
Sea como fuere, hace falta que nos disponemos a encarar estos retos que tenemos delante, empezar a pensar en como integrar la ciudad, y esto quiere decir asear el Centro. No nos saldremos si no somos capaces de hacer que el corazón vuelva a latir. Con la situación actual de Can Cruzate o de la plaza de las Tereses – Eje Santo Benet, será muy difícil darle un sentido a todo esto, al fin y al cabo todos somos mataronins y todos queremos sentirnos orgullosos de nuestra ciudad. Por lo tanto, este mandato, la ciudad tiene que exigir que no se hagan politiquetes con el urbanismo en Mataró, y que se encare el futuro con criterio, decisión y valentía.