El calor en las aulas se ha convertido en una de las principales preocupaciones de los centros educativos catalanes durante los últimos días de curso. En Mataró, ocho escuelas e institutos forman parte de la red de monitorización impulsada por la plataforma ciudadana y docente Aules que Cremen, que recoge datos de temperatura en tiempo real para denunciar las condiciones térmicas que soportan alumnado y profesorado. Los datos se pueden consultar aquí.
Los centros mataronenses adheridos a la iniciativa son el Institut Laia l'Arquera, el Institut Thos i Codina, la Escola Joan Coromines, la Escola Rocafonda, el Institut Escola Mar Mediterrània, la Escola La Llàntia, el Institut Puig i Cadafalch y la Escola Antonio Machado.
Los datos continúan reflejando temperaturas elevadas en la ciudad. Este viernes 19 de junio, a las 9 de la mañana, seis de los ocho centros educativos de Mataró monitorizados por la plataforma superaban el umbral máximo de 27 grados que establece la normativa laboral para los trabajos sedentarios. Una situación que, según los impulsores del proyecto, evidencia que el problema no se limita a los episodios más extremos de calor sino que se produce ya a primera hora de la mañana.
La plataforma hizo públicas esta semana datos especialmente preocupantes coincidiendo con la ola de calor. Según informó el pasado martes, 185 de los 287 centros educativos que tiene monitorizados superaron los 30 grados de manera sostenida. Si se cuenta por aulas, 614 de las 628 monitorizadas registraron temperaturas por encima del umbral legal que, según la normativa de prevención de riesgos laborales, se establece entre los 17 y los 27 grados para trabajos sedentarios.
Mapa de temperaturas
Hasta 43,9 grados en la Escola Rocafonda
Los datos recogidos por la plataforma también sitúan Mataró entre los municipios donde se han registrado temperaturas más elevadas. Según el portal de monitorización, la Escola Rocafonda llegó a los 43,9 grados durante los últimos siete días. En este caso, sin embargo, el registro se produjo a las 18:15 horas, ya fuera del horario lectivo.
La plataforma sostiene que estos episodios evidencian la falta de adaptación de los centros educativos al aumento de las temperaturas derivado del cambio climático y reclama medidas urgentes para garantizar unas condiciones adecuadas para el aprendizaje y la salud.
Sensores instalados por los propios docentes
Aules que Cremen es una iniciativa impulsada por docentes y miembros de la comunidad educativa que instalan sensores en los centros para obtener datos objetivos y públicos sobre la temperatura real de las aulas. El proyecto nació con la voluntad de combatir lo que consideran una falta de transparencia de la administración y aportar evidencias verificables sobre una problemática que, aseguran, afecta a cientos de escuelas e institutos de Catalunya.
Los datos se publican en una plataforma abierta que permite consultar en tiempo real los registros de cada centro participante. Según los impulsores, esta información debe servir para documentar incumplimientos de la normativa laboral, presentar denuncias ante la Inspección de Trabajo y presionar a las administraciones para que aceleren las actuaciones de adaptación climática en los edificios educativos.
Reclamaciones al Departamento de Educación
La plataforma recuerda que el Real Decreto 486/1997 fija que la temperatura de los espacios destinados a trabajos sedentarios, como las aulas, debe situarse entre los 17 y los 27 grados. Por ello, asegura que cada vez que se detecten temperaturas superiores se notificarán formalmente los incumplimientos.
Además, los impulsores de Aules que Cremen defienden que los claustros deben poder tomar decisiones excepcionales, como trasladar la actividad a espacios más frescos o suspender temporalmente las clases cuando las condiciones ambientales puedan comportar riesgos para la salud del alumnado y de los profesionales.