A tres minutos de las doce menos cuarto de la noche de este 19 de julio, el día y el panorama han cambiado. Era esta hora cuando en Nueva York marcaba gol Ferran Torres, era justo entonces cuando en Mataró miles y miles de personas saltaban, gritaban y celebraban. España es campeona del mundo de fútbol masculino por segunda vez, poniendo el 2026 al lado del 2010. Lamine Yamal y Marc Cucurella ya tienen un Mundial. Y en Mataró, cuando ha terminado el partido, el panorama parecía más de Fiesta Mayor que otra cosa. Cláxones, petardos, euforia y mucha gente celebrándolo con ganas.
El epicentro de la final del Mundial ha sido en el Parc Central, donde la pantalla gigante montada por el Ayuntamiento ha vuelto a ser talismán. Tres veces instalada, tres victorias de La Roja. La multitud que se ha congregado ha superado con creces la del pasado martes, por la semifinal contra Francia. Muchísima gente. De hecho, se han tenido que cerrar los accesos cuando el aforo ha llegado a las 10.000 personas. Todas pendientes de la retransmisión, compartiendo nervios y cánticos y, finalmente, estallando al unísono de alegría.

- Por cierto, entre la gente congregada para animar a España había muchísimos mataronenses de origen migrante. La Mataró de Lamine Yamal animando a la selección donde juega el jugador que reivindica el fútbol como herramienta de integración. Ejemplar.
El partido en Nueva York ha sido como un monólogo de juego de España, que ha visto cómo Argentina se limitaba a defenderse con orden y achicar agua del barco. Los 90 minutos han terminado con 0-0. Y al inicio de la segunda parte de la prórroga ha llegado el gol de Ferran Torres. Y Mataró ha estallado. Petardos a tutiplén, mucha alegría y una salida a la calle a celebrar a lo grande paulatina, ya que mucha gente ha querido esperar al levantamiento del trofeo del Mundial, escena que se ha retrasado hasta casi la una menos cuarto.

El fervor que ha levantado esta selección durante el Mundial 2026 ha ido en crescendo hasta este fin de semana. Durante toda la jornada se ha visto muchísima gente ataviada con los colores de la selección española, con camisetas, banderas, gorras e incluso bufandas de dudosa adaptabilidad a la temperatura de este julio. Ayer, los estantes de banderitas estaban vacíos en la mayoría de tiendas. Muchísima gente las ha lucido durante el día, el partido y la celebración.
Y también se ha visto mucha albiceleste, entre la comunidad argentina y la gente que no quería que ganara España. Buena parte de la comunidad se ha reunido, como ha hecho durante todo el Mundial, al amparo de la convocatoria de La Parrilla del Gordo, el mejor restaurante argentino de la zona. La discoteca Madison, en el Pla d’en Boet, era el centro de operaciones.
Allí ha habido ánimos hasta el gol de Ferran. Cuando ya empezaba a estallar la Fiesta Mayor de los aficionados de La Roja, los argentinos recogían. Y se quedaban sin premio. Como Messi.

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