Opinión Alfons Canela
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El expolio también afecta a Mataró

Alfons Canela, jefe de Junts per Mataró, reflexiona sobre cómo la infraejecución estatal castiga infraestructuras clave como la R1 y la reforma de la estación, a pesar de la alineación política entre Mataró, la Generalitat y el Govern español

Los últimos datos de inversión ejecutada por el Estado no describen una discusión política más ni un problema que nos queda lejos. Tampoco son una nueva excusa para alimentar el agravio territorial. Tienen consecuencias concretas sobre la vida de los ciudadanos de Mataró y la realidad es que nos han vuelto a tomar el pelo. Para los que no disfrutamos en exceso, de pelo, cuando se te cae alguno, pasa a ser una resignación, pero para los ciudadanos de Mataró y de Catalunya, no es lo mismo, no puede serlo.

Durante el 2025, Catalunya solo recibió 1.321 millones de euros de inversión estatal territorializada: el 8,6% del total. En cambio, Madrid recibió más de 3.217 millones, el 20,9%. Catalunya genera cerca del 19% de la economía española, pero recibe menos de la mitad de este peso en inversión estatal. Es una coincidencia persistente: cuando el Estado tiene que invertir, siempre acaba encontrando Madrid antes que Catalunya. La proximidad debe influir pero, sin embargo, es evidente que la lejanía no es ningún impedimento a la hora de recaudar.

El dato todavía es más grave porque no se trata simplemente de que Catalunya reciba menos de lo que le correspondería. En 2025 la inversión ejecutada en Catalunya disminuyó un 6,2% respecto al año anterior, mientras que en el conjunto del Estado creció casi un 18%. Es decir, la fiesta ha ido a más sin nosotros, cornudos y pagar el ver. ¡Vivimos un expolio institucionalizado y permanente!

Alicia Romero, hija aventajada de la larga estirpe socialista mataronina y hoy consejera de Economía, valoró los datos con prudencia. El Govern querría, según dijo, que se ejecutara más inversión. Caramba, este giro no me lo esperaba. Que vaya con cuidado con según qué ambiciones, no sea que acabe pidiendo que los trenes lleguen a la hora o que paguemos impuestos como en Madrid y le den un coscorrón. En cualquier caso, cuando la consejera explica que convendría ejecutar más, no habla de un fenómeno desconocido. Sabe perfectamente qué significa una inversión que no llega. Sabe que detrás de las cifras hay infraestructuras aplazadas, servicios saturados, empresas que pierden competitividad y ciudadanos que cada mañana participan en aquella lotería ferroviaria llamada Rodalies.

La falta de inversión estatal no es una discusión para entretener a economistas, diputados y tertulianos. Tiene efectos concretos sobre la vida de los mataronenses. Se nota especialmente en la línea R1, una infraestructura que combina dos características singulares, y bien opuestas, es imprescindible y no es fiable. La estación de Mataró mueve aproximadamente 15.000 usuarios diarios. Son personas que van a trabajar, a estudiar, al médico o a hacer gestiones. Personas que, antes de salir de casa, no solo consultan el horario del tren, sino también el estado de ánimo de la infraestructura ferroviaria española. Cada incidencia tiene un coste.

Hace años que el Estado reconoce que la estación de Mataró necesita una reforma integral. El protocolo entre Adif y el Ayuntamiento se firmó en el año 2022. El proyecto prevé vías y andenes para trenes más largos, mejoras de accesibilidad y nuevas conexiones entre la ciudad, el puerto, el paseo marítimo y el TecnoCampus. Sobre el papel todo es magnífico. En España, las infraestructuras catalanas siempre funcionan especialmente bien sobre el papel. El contrato para redactar los proyectos se adjudicó en noviembre de 2023, con un plazo de tres años. El inicio de las obras se ha situado públicamente en el horizonte de 2027. Primero llega el anuncio. Después, el protocolo. Después, el estudio. Después, el proyecto básico. Después, el proyecto constructivo. Después, si todo va bien, la obra. Y cuando finalmente llega la obra, ya es posible que sea necesario actualizar el estudio. Esta liturgia administrativa tiene la ventaja de que permite celebrar muchas veces la misma infraestructura. Cada trámite genera una fotografía, una nota de prensa y alguna declaración sobre el compromiso firme de todas las administraciones. El único inconveniente es que los ciudadanos no pueden subirse a una nota de prensa para ir a Barcelona.

Mataró está gobernada por el PSC. La Generalitat también está gobernada por el PSC. Y el Govern del Estado está presidido por el PSOE. Pocas veces los astros políticos habían estado tan bien alineados. ¡Y el satélite de la Diputación también! En teoría, esta coincidencia debería facilitar la interlocución. El alcalde puede llamar a Barcelona, Barcelona puede llamar a Madrid y Madrid, con un poco de suerte, puede coger el teléfono. No hay conflicto de siglas, ni gobiernos hostiles, ni una derecha centralista bloqueando el entendimiento entre administraciones progresistas. Y, sin embargo, la inversión continúa sin llegar en proporción al peso de Catalunya. Esta es la cifra políticamente más reveladora. Cuando gobiernan los mismos en Mataró, en la Generalitat y en el Estado, ya no se puede atribuir el problema a la falta de sintonía. Sintonía hay, lo que no hay es inversión suficiente.

Esto demuestra que el problema va mucho más allá de Alícia Romero, de David Bote o de Pedro Sánchez. No es solo un problema de personas ni de partidos. Es un problema de sistema. La infraejecución ha continuado con gobiernos del PSOE y del Partido Popular. Ha continuado con mayorías absolutas y con gobiernos en minoría. Ha continuado cuando los partidos catalanes eran irrelevantes en Madrid y también cuando sus votos eran imprescindibles. Cambian los presidentes, los ministros y las promesas. El Estado, sin embargo, conserva una saludable estabilidad presupuestaria: Catalunya continúa recibiendo menos de lo que le correspondería y ejecutando aún menos de lo que se le promete. Cuando los datos demuestran que determinados patrones no cambian, hay que abrir los ojos. Me hago cruces de que en julio de 2026 todavía tengamos que escribir en estos términos pero, a pesar de todo, la evidencia de estos últimos datos publicados es demoledora. Negociar es necesario, a nivel municipal así lo hemos hecho en Mataró, y con altibajos, podemos decir que estamos bastante satisfechos. Lo podríamos estar mucho más. Ahora bien, la lógica municipal tiene poco que ver con la estatal. Negociar con un Estado que puede presupuestar, no ejecutar y volver a presupuestar el mismo proyecto al año siguiente tiene cierta semejanza con comprar cada temporada el mismo número de lotería porque el vendedor asegura que esta vez sí.

No basta con que la consejera de Economía pida que se ejecute más. Tampoco basta con que el Ayuntamiento celebre cada nuevo trámite de la reforma de la estación. Los ciudadanos de Mataró no necesitan más expresiones de deseo. Necesitan calendarios, presupuestos vinculantes y obras terminadas. Cuando una inversión no se ejecuta, el dinero no desaparece en una hoja contable. Su ausencia se convierte en trenes más cortos, andenes saturados, proyectos aplazados, horas de trabajo perdidas y oportunidades económicas que la ciudad deja escapar.

La falta de inversión estatal tiene consecuencias directas sobre Mataró. No es una queja identitaria, ni una manía nacionalista, ni tan siquiera una excusa para discutir con Madrid. Es una realidad que cada día comprueban miles de ciudadanos antes incluso de llegar a la estación. La consejera Romero dice que habría que ejecutar más. La verdad es que no sabe ni qué decir. Y aun así, dice más que el alcalde Bote que debe pensar que, con la proximidad de la fiesta mayor, todo se olvide y no les tenga que caer la cara de vergüenza ante estos últimos datos publicados. Porque no olvidemos que no va de unos u otros, que afecta a todos los mataronenses, del primero al último.

Mataró, a 18 de julio de 2026.

Alfons Canela
Concejal de Junts per Mataró

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