El proceso de asignación de centro educativo a Mataró no se acaba el primer día que se publican las listas. Al contrario: para muchas familias, aquel momento es solo la primera pantalla de un sistema pensado para redistribuir plazas, ajustar preferencias y garantizar que todos los niños tengan una plaza escolar. Por eso es importante conocer qué pasa después y qué mecanismos ofrece la administración antes de una adjudicación final.
La primera fotografía suele mostrar tres situaciones habituales:
- Familias que entran a la primera opción: proceso rápido y sin movimientos.
- Familias que entran a la segunda o tercera opción: pasa a menudo y forma parte del funcionamiento normal.
- Familias sin ninguna plaza de las solicitadas inicialmente: son pocos casos, pero existen.
A partir de aquí se abren varias vías.
1 - Ampliación de peticiones
Las familias que no han obtenido ninguno de las opciones solicitadas reciben un correo electrónico con un enlace para hacer ampliación de peticiones. Este paso no es obligatorio, pero resulta muy recomendable porque permite a las familias ordenar centros que todavía tienen plazas disponibles.
Esta ampliación sirve para afinar el proceso y evitar que la administración tenga que asignar de oficio centras que quizás no encajan logísticamente o pedagógicamente con la familia. Es, en cierto modo, una segunda oportunidad para volver a expresar preferencias con la información del contexto real de oferta.
2 - Listas de espera: un mecanismo vive
Una vez cerrada la primera asignación, cada centro publica listas de espera, donde se indica en qué lugar ha quedado cada solicitud que no ha entrado. Estas listas no son decorativas: son un instrumento activo que puede moverse en función de renuncias, bajas o cambios posteriores.
Las listas de espera tienen una característica importante: no caducan inmediatamente. Se mantienen activas durante meses y permiten que los centros tengan margen para trucar si se genera una vacante, cosa que pasa más a menudo del que se piensa. Es por eso que muchas familias reciben llamadas tardías, a veces en mayo, junio o incluso en julio.
3 - Llamadas por movimientos de plazas
Los centros educativos pueden contactar con las familias cuando hay plazas que se van liberando. Esto puede pasar porque:
- Hay renuncias voluntarias
- Hay familias que obtienen plaza en otros municipios
- Hay cambios de domicilio
- Hay ampliaciones de oferta por reorganización de grupos
Estas llamadas no son anecdóticas: forman parte estructural del proceso. Por eso la asignación no se tiene que vivir como un "veredicto final", sino como un primer paso que puede evolucionar. Es importante tener presente que estas llamadas no invalidáis nunca la matrícula inicial, sino que ofrecen la opción de cambiar en un centro preferido.
4 - Adjudicación de oficio: una red de seguridad
Si después de estas fases una familia continúa sin plaza asignada, se activa la adjudicación de oficio. En este caso es la administración quien asigna un centro con plazas vacantes garantizando que ningún niño se quede fuera del sistema.
A pesar de que puede generar inquietud, la adjudicación de oficio suele ser excepcional en las etapas de infantil y primaria y está diseñada para cubrir situaciones muy puntuales.
5 - Cambios en verano y hasta septiembre
Un dato importante que a menudo desconocen las familias: el proceso no se cierra con el curso escolar, sino que continúa con movimientos durante el verano. Incluso al inicio de septiembre se pueden producir reasignaciones si hay vacantes.
Esto es especialmente relevante en etapas como P3, donde cada año hay cambios de última hora por motivos familiares o laborales.
6 - Un proceso vive, no un resultado inmediato
Todo el que pasa después de la primera publicación puede entenderse como una serie de segundas, terceras y cuartas oportunidades. Es un proceso que combina preferencias familiares y disponibilidad real y que intenta que cada cual encuentre el espacio que mejor se ajusta.
7 - La regla de oro: matricular siempre
Ante este sistema dinámico, el mejor consejo es contundente: matricula siempre en el centro asignado inicialmente. Hacerlo no corta ninguna vía futura —ni las listas de espera, ni las llamadas— y a la vez asegura una plaza estable. En cambio, no matricular significa quedarse fuera del proceso y limita mucho las opciones posteriores.
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