Cuenta atrás en la capital del Maresme hasta que llegue este viernes, pórtico de un fin de semana indefectiblemente largo, con lunes festivo. Tanto si así también lo hacen en el resto del país como si no. Una cita con nombre y motivo propio. Y historia, mucha historia. La Feria de Mataró es mucho más que las atracciones del Parque Central. Su historia arranca hace más de cinco siglos, vinculada al lunes de Pentecostés o Pascua Granada, y explica la evolución de la ciudad: del comercio tradicional al ocio familiar contemporáneo. La Feria de Mataró es una de esas citas que muchos mataronenses asocian de manera casi automática con las atracciones, las casetas, la música, los bares y el ambiente de primavera en el Parque Central Nou. Y en el Viejo a comer. Pero detrás de esta imagen actual hay una tradición mucho más antigua y profunda.
La Feria no nace como una feria de atracciones moderna, sino como una feria tradicional de mercancías, intercambio y vida comercial, vinculada históricamente al calendario de la Segunda Pascua, también conocida como Pascua Granada o Pentecostés.
Una feria documentada desde el siglo XV
Las referencias históricas sitúan la Feria de Mataró, como mínimo, en el último cuarto del siglo XV. En aquel momento, la feria ya se celebraba anualmente cada lunes de Pascua Granada o de Pentecostés, y unos días antes el alcalde hacía un llamamiento para garantizar seguridad a los asistentes y regular aspectos de orden público. Hay documentado, por ejemplo, un llamamiento del 24 de agosto de 1480, con prohibiciones y sanciones vinculadas al buen funcionamiento del encuentro.
Esto significa que la Feria ya era lo suficientemente importante para necesitar normas propias. No era solo un encuentro espontáneo, sino una cita reconocida, con capacidad de atraer gente, mercancías, ganado y actividad económica. Su vinculación con Pentecostés también encaja con el sentido tradicional de muchas ferias de primavera—momentos de cambio de ciclo, de intercambio y de vida comunitaria.
Las ferias de Mataró y el calendario festivo
Según recoge el historiador Joaquim Llovet en su insustituible 'Mataró, de los orígenes de la villa a la ciudad contemporánea' no se conoce la fecha exacta de concesión de la primera feria mataronense, pero sí que hay constancia de que el año 1599 la villa de Mataró fue autorizada a celebrar una feria por Sant Marc, además de la que ya tenía lugar por la Pascua de Pentecostés. Aquella nueva feria, sin embargo, tuvo que trasladarse el año 1605 a la festividad de Sant Bartomeu, porque la coincidencia con diversas procesiones litúrgicas dificultaba su celebración.
Con el paso del tiempo, y especialmente a finales del siglo XVIII, la realidad ferial mataronina se concentró prácticamente en una sola cita: la del lunes de Pascua Granada, que Llovet identifica como la que realmente ha pervivido hasta la época contemporánea.
- Las otras ferias concedidas posteriormente, como las tres nuevas autorizadas por privilegio real el año 1831, “no tuvieron éxito” y no arraigaron en el calendario local.

¿Cómo era la Feria antes de las atracciones?
Llovet también ayuda a entender cómo era aquella Feria antes de transformarse en una cita sobre todo de atracciones y ocio. En tiempos antiguos, probablemente se celebraba en los mismos espacios del mercado, es decir, plazas y calles de mercadeo. Más adelante aparece vinculada a lugares como la Riera y la plazoleta de Santa Anna, esta última especialmente adecuada para las transacciones de ganado. Hacia 1870, la Feria ocupaba diversos sectores: uno de platos, ollas y objetos de hojalata y hierro en Santa Anna; otro de juguetes, ropa y libros hasta delante del Ayuntamiento, y un tercero de indianas, herramientas agrícolas y hierro viejo hasta la calle Nou. No faltaban tampoco los romancistas, la música, los cantantes y otras formas de entretenimiento popular, con asistencia de forasteros venidos de Barcelona y de los alrededores de Mataró.
- Con el tiempo, sin embargo, la Feria fue perdiendo su carácter mercantil original y quedó cada vez más asociada a la venta de juguetes, los pasatiempos y las diversiones ocasionales.
¿Siempre ha sido por la Segunda Pascua?
La respuesta es: sí, en su origen y en su identidad histórica, la Feria de Mataró está ligada al lunes de Pentecostés o Pascua Granada. Ahora bien, esto no quiere decir que siempre se haya celebrado exactamente igual ni solo aquel día. Las Hojas del Museu Arxiu de Santa Maria recogen que tradicionalmente se celebraba el Lunes de Pentecostés, pero que con el tiempo se avanzó primero al domingo y después al sábado por la tarde. Este es el matiz importante: la fecha simbólica es la Segunda Pascua, pero la celebración se ha ido ampliando y adaptando.
Hoy, la Feria ocupa varios días alrededor de este calendario primaveral, con una programación pensada para el ocio familiar, la restauración y la actividad comercial complementaria. De hecho, el calendario oficial de festivos locales de Mataró para el 2026 mantiene esta vinculación: el 25 de mayo figura como festivo local con el nombre de “Feria en Mataró”, y cae en lunes.
De la Riera, Santa Anna y la Rambla al Parc Central
Durante buena parte del siglo XX, la Fira de Mataró se situó en espacios muy centrales de la ciudad: la Riera, la plaza de Santa Anna y la Rambla. Era una feria con puestos de todo tipo de artículos y productos, muy vinculada a la vida comercial del centro. Con el paso de los años, sin embargo, aquella feria tradicional fue evolucionando hacia una propuesta más asociada a los juguetes y las atracciones. Este cambio explica por qué hoy muchos ciudadanos identifican "la Fira" sobre todo con el mundo ferial: coches de choque, tren de la bruja, tómbolas, atracciones infantiles, música y casetas. Pero esta es solo la última capa de una historia mucho más larga.
Uno de los momentos clave en la evolución de la Fira llegó el año 1933, cuando se celebró por primera vez una Fira Comercial paralela a la feria tradicional. El objetivo era exponer productos de la industria y del comercio de Mataró, en un momento en que la ciudad buscaba proyectar su vitalidad económica y modernizadora. Aquella experiencia, sin embargo, quedó truncada por la Guerra Civil y posteriormente acabó 'muriendo' del todo al cambio de siglo. La idea de la Fira se retomó, pero ya con una trayectoria diferente. La Fira de Atracciones pasó por diversos emplazamientos, como las Rondes, el Pla d’en Boet e incluso el Passeig Marítim, mientras que la vertiente comercial se fue dispersando en otras ferias sectoriales a lo largo del año.

La Fira que ha llegado hasta hoy
Actualmente, lo que ha pervivido con más fuerza es la Fira de Atracciones, ocio y restauración en el Parc Central, acompañada de la Fireta de Primavera. El Ajuntament de Mataró destacaba el 2023 que la Fira ocupaba unos 9.000 metros cuadrados en el nuevo Parc Central y que era una de las cinco ferias más grandes de Catalunya. En la edición de 2025, por ejemplo, la Fira contó con 123 atracciones y casetas, nuevas medidas de seguridad, restauración, Fireta de Primavera y horarios amplios durante fines de semana y vísperas de festivos. Las cifras de este año el Ajuntament no las quiere hacer públicas hasta el día antes de que empiece.
Esto demuestra hasta qué punto la Fira sigue siendo una cita de ciudad, aunque su significado haya cambiado. Allí donde antes predominaban el intercambio comercial y los puestos de productos, hoy encontramos ocio, gastronomía y una gran concentración de público familiar.
La trayectoria de la Fira de Mataró es, en cierto modo, la trayectoria de la misma ciudad. Nació como una feria tradicional vinculada al calendario religioso y agrario, creció como espacio de comercio urbano, intentó proyectar la fuerza industrial y comercial de Mataró durante la República, y ha acabado convertida en una de las grandes citas de ocio de la primavera. Por eso, cuando se pregunta ¿si la Fira “siempre ha sido por la Segunda Pascua”?, la respuesta más precisa es que su raíz histórica sí que está vinculada a la Pascua Granada, pero su formato se ha transformado profundamente.
La Fira ha pasado de ser un gran mercado de ciudad a una fiesta de atracciones y encuentro popular. Y quizás esta es la clave de su supervivencia: ha cambiado lo suficiente para continuar viva, pero ha mantenido el hilo con una fecha que Mataró reconoce como propia desde hace siglos.
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