Opinión Manuel Mas
Opinión Manuel Mas

Inquieto y preocupado

Manuel Mas i Estela hace una reflexión sobre la judicialización de la política, la fragilidad democrática y la necesidad de defender la convivencia

Soy del grupo de personas que hemos vivido con plenitud personal y política los años de la democracia española después de la Dictadura franquista. Hemos sido, algunos en diversas medidas, protagonistas, participantes y/o sencillamente asistentes de los tiempos más benévolos que se han podido dar en nuestra historia como colectividad. Ahora, como mucha otra gente, estoy inquieto y preocupado. La deriva de judicialización de la política española me produce desasosiego. Tenemos presente qué ha comportado esto en otros lugares.

Sabemos que la democracia es un instrumento de gobierno de la comunidad que se va construyendo cada día, que no es un sistema ni acabado ni cerrado. Que debe tener en cuenta la evolución de la sociedad y que sus principios son incomparablemente mejores que los de otros sistemas políticos que quizás tienen algún aspecto aparentemente ventajoso pero muchos inconvenientes no deseados.

Sabemos también de la condición humana. Nadie, por mucho que lo pretenda, es perfecto. Todos podemos tener errores, incluso hacer fechorías, con mucha conciencia o sin darnos cuenta. Que nos hemos dotado de sistemas e instituciones para corregirnos, dirigiéndonos o indicándonos el camino correcto. Por eso creemos en los servicios del orden y en los judiciales habiéndoles devuelto un reconocimiento que habían perdido. Para determinar el recto proceder se elaboran las normativas correspondientes a las múltiples variantes que se pueden dar en los comportamientos humanos. Son los legisladores y los ejecutores, escogidos por los procedimientos adecuados y libres, los que hacen estas normativas: leyes y reglamentos. Estamos de acuerdo en que la interpretación de la aplicación de las normas las hagan los jueces, no puede ser de otra manera.

Decimos que la democracia se va construyendo día a día y adaptándose a los momentos, los tiempos y los espacios. Los que la construimos, los ciudadanos y ciudadanas y nuestras instituciones no somos perfectos, lo pretendemos, y así con pruebas y errores vamos avanzando. No creemos en certezas inmutables ni en comportamientos perfectos, de nadie.

Pero ahora vemos extenderse por el mundo pensamientos y comportamientos que niegan estos principios y que de formas diversas los quieren erosionar y hacer decaer a través de medios subrepticios o plenamente explícitos. No con herramientas militares, como se estilaba en otros tiempos, sino con las mismas herramientas del sistema o herramientas nuevas que los avances tecnológicos han propiciado. Subvirtiendo completamente los principios de las fuerzas del orden, de la judicatura, de los medios de comunicación, de las redes sociales y de la información se busca poner en cuestión directamente personas, organismos o instituciones que han surgido y están actuando a partir de la libre voluntad de la ciudadanía. Que hay que actuar sobre conductas y comportamientos impropios, cierto, hay que hacerlo. Ir a buscar de la forma que sea los errores o fechorías, ciertas o pretendidas, de solo una parte de los protagonistas públicos con diferentes varas de medir, tanto por lo que se busca como los que se encuentra, embadurnándolo todo sin conmiseración, sin tener espera en los procedimientos y tiempos establecidos, o mejor dicho retorciéndolos al máximo, creemos que es un desorden y una injusticia.

No creemos en la crispación, queremos la convivencia. No estamos por la confrontación entre diferentes, estamos por el diálogo sosegado entre iguales. No queremos la polarización sino la concordia.

Las sociedades partidas o impuestas son de mal recuerdo en la historia de la Humanidad, no queremos recorrer o volver a recorrer aquel camino.

Hay que decirlo, hay que dejarlo dicho.

Archivado en:

Comenta
Volver a la noticia Inquieto y preocupado

Comentarios