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Juan Ortiz escribe el artículo de opinión

Juan Ortiz

Jaume (Peli) Puig Terradas (1949-2026), un pelirrojo muy querido

Juan Ortiz escribe el retrato personal y político de Jaume Puig Terradas, “el Peli”, militante antifranquista, sindicalista de CCOO y figura clave de las luchas obreras en el Maresme

Me sentía cómodo diciéndole Peli, y creo que a él también le gustaba, porque se avenía mucho con su carácter afable y cálido. Hace justamente cuatro primaveras que lo entrevisté para una breve biografía. Empezaba así: «Fui a Cornellà porque me lo pidió Miquel Torner, que acababa de salir de la cárcel.... Era el año 71». Miquel Torner le dijo que la dirección del partido —que debía ser él y alguien más, dijo, con aquella sonrisa traviesa—. No eran muchos pero marcaban la diferencia: Lola Casas, Paco Estrella, Albert (Tito) Colomer, Àngel Puig, Francesc Lleonart, Margarida Colomer, Joan Noè... Después los identificaríamos como militantes de OCE Bandera Roja; más tarde se integrarían en el Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC).

Jaume/Peli se acababa de independizar de sus padres. El padre, empresario textil de Sant Vicenç de Montalt, y él trabajando en la oficina. Quería volar sin el cobijo paterno y entró a trabajar en Can Gassol. Más tarde, su contacto, Jesús de Gràcia, le dio instrucciones de dirigirse a la Ciudad Satélite, en Cornellà. Había que introducirse en empresas grandes para crear organización y movilizar. Primero fue en Sant Andreu de la Barca, mientras vivió en L’Hospitalet, donde se enfrentó a un encargado déspota. Lo despidieron. Más tarde fue a trabajar a la famosa Roca, de Gavà.

El Peli, a la derecha en un acto del PSUC


El partido Bandera Roja era muy fuerte en el Baix Llobregat. Planificaron una acción, se trataba de hacer una pintada: «Franco asesino». No terminó de hacer la pintada porque dos policías disfrazados de mecánicos, con mono azul, se le echaron encima. La pintada quedó así: «Franco ase». Fue juzgado por el Tribunal d’Ordre Públic (TOP) y lo condenaron a un año de prisión. En medio de historias de militancia y de clandestinidad conoció a una chica, Carmen Ortega, que entonces estaba implicada en el movimiento de barrios en un «pre-círculo» de Bandera Roja.

En la prisión conoció Marcelino Camacho, Nicolás Sartorius y algunos más de la dirección de CCOO. Seis meses que, con aquella compañía, le hicieron ver que era necesario entrar en el PSUC, como estaban a punto de hacerlo Ignasi Riera y el futuro alcalde de Cornellà, Frederic Prieto. Carmen le reprochaba porque eran «revisionistas». Cosas de jóvenes y de aquel tiempo. Al salir él de la prisión se casaron y fueron a vivir a Mataró, a un piso de la calle Poeta Punsola, en el barrio de Rocafonda.

El Peli, en un acto de CCOO


El Peli se puso a trabajar en la oficina de su padre, en Sant Vicenç de Montalt. Ya habían asumido que su hijo era un militante comunista y «tuvieron que tragárselo». Esto fue motivo de fricciones, sobre todo porque hacer agitación y llamar a la huelga del textil de la comarca no era grato para un empresario del mismo sector. ¿Verdad que se entiende? Pero pudieron salvar el conflicto de clase y paterno-filial. Al cabo de pocos meses plegó de la fábrica, pasando por varias empresas: Aleñá, Colomer, etc. Como dice Carmen, Peli dio más vueltas que un ventilador. Las listas negras de sindicalistas corrían y lo echaban así que se enteraban de su militancia.

El piso de Carmen y Peli se convirtió en la sede de la célula del PSUC en Rocafonda. Antes, ellos militaron en otra que dirigía Montse Taberner, en el centro de Mataró. Se integraron primero en las reuniones vecinales del Palau donde, entre otros, estaban mossèn Colomer, Xavier Vilert, Ramon Salicrú, etc. Una de las reivindicaciones principales era el cubrimiento del Desviament, mientras que después ya hicieron más actividad en la Associació de Veïns de Rocafonda, presidida por Antonio Llamas.

En tiempos de transición del sindicato de Comissions Obreres de Mataró a comarcal, Jaume Puig, como secretario general, tuvo que hacer frente a la gran reconversión del textil, del metal y de otros sectores. Fueron tiempos muy difíciles, de incertidumbre y de precariedad en el principal sindicato del Maresme. Además, tuvo que emplear toda su personalidad para intermediar en el conflicto que estalló en el que el juez Rafael Gimeno, a finales del año 1982, calificó de «esclavismo y negreros en los campos del Maresme». Un episodio que se podía haber enquistado y que permitió reencontrar a dos antiguos conocidos imprescindibles: Pep Riera y Jaume Puig, el primero por parte de los «patrones» y el Peli por parte de los trabajadores.

Jaume Puig Terradas, el Peli


«Cuando dejó su responsabilidad como secretario general de la Unión Comarcal del Maresme de Comisiones Obreras, se integró en la Federación de Químicas de CCOO de Catalunya. Bastaba con coincidir con él en una negociación o en un conflicto laboral para percibir inmediatamente el respeto y el reconocimiento que despertaba entre los trabajadores y las trabajadoras a quienes representaba. Fue tan grande este respeto y reconocimiento que llegó a asumir la gerencia de una de las históricas fábricas de vidrio, La Primitiva, convertida en Sociedad Anónima Laboral y, por lo tanto, propiedad de sus trabajadores y trabajadoras». Son palabras de Quim González Muntadas, otro de los grandes.

Otra lección que aprendí de él, además del respeto que debíamos tener con los que nos enfrentamos en los conflictos de clase, es que no debíamos ser rígidos. Los principios. A veces son los malditos principios rígidos que no nos dejan caminar porque la carga no nos permite levantar la cabeza y darnos cuenta de los principios de los adversarios. A mi entender, fue una de las personas que captó mejor la psicología de una gran mayoría de los asalariados, quizás más conservadora de lo que pensamos. Él lo comprendió muy bien, primero desde la agitación, posteriormente como dirigente sindical, y más tarde como responsable en una empresa cooperativa.

Es muy difícil hablar de una persona querida y a la vez ser biógrafo sin caer en los formulismos de rigor. Entrañable, el Peli era entrañable. Incluso cuando se enfadaba —pocas veces— y tartamudeaba era entrañable.

Juan Ortiz, 10-5-2026

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