El tiempo habrá hecho bailar este año los actos finales de Semana Santa al compás de la improvització. Para empezar, el Jueves Santo, el tradicional desfile de los Armados y la posterior procesión del silencio se tuvieron que suspender por la lluvia que cayó durante toda la tarde. El día siguiente, las nubes que hasta media tarde ocuparon el cielo de la ciudad hicieron temer el peor: la anulación de la procesión más multitudinaria de los actos de Semana Santa, que a las séis de la tarde ya había concentrado miles de personas en el tramo que va de la plaza Santa Maria hasta el Torrente. De hecho, a las siete de la mañana, el Vía Crucis convocado por las parroquias de la Arxiprestat, donde se congregaron unas ochocientas personas, ya se había tenido que celebrar dentro de la Basílica de Santa Maria por el ambiente lluvioso que se vivía.
A las cuatro de la tarde, reunidos en la iglesia los responsables de la docena de cofradías que participan a la Semana Santa, se decidió aplazar algo más de una hora la procesión tenía que empezar a 2/4 de 8 la salida de la comitiva. Al final, un poco antes de las nueve del anochecer y cuando ya era oscuro, todos los pasos recorrieron el trayecto previsto. Lo rendirás en la salida hizo que el acto se acabara en la plaza de Santa Anna a 2/4 de 2 de la noche, cosa que rebajó el nivel de asistencia habitual al acto, público que se vio mermat también por el mal tiempo. Por los organizadores, la fiesta fue de sufrimiento absoluto: «Movilizar tanta gente en el mismo momento fue un caos, pero nossalimos», explica Jordi Merino, que actúa de coordinador de los actos.
Comentarios