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Vern Bueno

La desmesura del Desvelo

La masificación y el comportamiento incívic de algunos participantes generan momentos de tensión y dejan el acto a las puertas de morir de éxito

Morir de éxito. Los augurios más pesimistas respecto al Desvelo Bellugós, uno de los actos más brillantes y carismáticos de Las Santas, apuntan hacia esta dirección desde ya hace unos cuántos años. Una posibilidad que se divisa muy real cuando se hace balance de ediciones como la que abrió ayer lunes la Noche Loca de la Fiesta Mayor de 2011. Sin cifras oficiales de asistencia que lo constaten, el sentir general entre los participantes era muy coincidente: seguramente nunca se había visto tanta gente al Desvelo y, sobre todo, con tanta sensación de descontrol. Hasta el punto que en ciertos momentos de la corta y explosivo pasacalle, la masificación y el comportamiento incívic de algunos de los asistentes degeneró en momentos tensión que sobrepasaban los límites ya pisados en años anteriores.

Varios tramos de la Riera, en especial aprop de la esquina con la calle Pujol, quedaron convertidos en cuellos de botella, donde no se podía ni seguir el curso natural del desfile sin miedo a entrebancar-se y tomar mal, ni mucho menos girar cola para huir. Tampoco era una opción al alcance quedarse quieto en un rincón esperando que la muchedumbre de gente pasara, puesto que esta sacudía y empujaba todo el mundo por igual. Empujones, malas caras y esbufecs eran la tónica general, y no fueron pocos los participantes, en especial aquellos que traían niños a caballito, que prefirieron refugiarse en el espacio mínimo que ofrecían los escaparates de los comercios y establecimientos de La Riera. Cuello arriba, de puntillas, en busca del aire que habían echado de menos en medio del pasacalle, esperaban con paciencia que la monumental riada bajara menos caudalosa. La calle Pujol, única salida de la Riera desde el Ayuntamiento hasta la plaza de Santa Anna, también fue una vía de escapament para aquellos que no se querían atrever a acabar el pasacalle. Y más de una cara habitual de todo Desvelo, viendo el panorama, optó este año para mirárselo desde la barrera.

La esencia y la fiesta
Desde ya hace unos cuántos años, el adjetivo 'bellugós' ha dejado de definir con bastante cura el Desvelo en favor otras palabras como 'desmesurado' o 'descontrolat'. El acto mantiene la misma fórmula que en sus origens, radicados a principios de los años 80, pero la salida nocturna de los Gigantes de Mataró para bailar al ritmo del Bequetero que interpreta la Agrupación Musical del Maresme, en pasacalle por la Riera, ha ido perdiendo el ambiente de verbena familiar mientras adquiría un tono de fiesta salvaje y de 'botellón' juvenil. Han sido muchas las voces que han alertado de los daños que ha sufrido la esencia del acto, y de los problemas de seguridad que sederivaban, mientras este atraía cada vez más participantes, también de fuera de la ciudad. El año 2008 se decidió dar un golpe de timón para mejorar la seguridad con la sonorización de la banda de cara a evitar que la gente se abraonés a los músicos y las figuras, una apuesta compleja que se ha mantenido. Pero en ninguna parte de evitar la masificación, es probable que esta medida lo haya alentado todavía más. Que el día siguiente de la Noche Loca sea festivo, como en tres de las últimas cuatro ediciones, tampoco ayuda.

Extraña combinación de públicos
Con el panorama actual, la combinación de público que se vive al Desvelo no casa nada. Ayer se puso especialmente de manifiesto. Por un lado, padres y madres con sus niños a caballito, fascinados por la presencia magnética de en Robafaves. Configuran una estampa clásica del pasacalle, pero cada vez se hace más extrany ver a niñas y niños tan pequeños en aquel ambiente eixordidor de lata de sardinas. Por la otra, los Santeros de manual que siguen al pie de la letra el 'reglamento' de la noche, cada vez con más dificultades. Cuentan hasta 15 los compases del Bequetero, bailan y saltan tan cerca como sea posible de la banda y las figuras, siguiendo su recorrido Riera abajo pero sin poner en peligro músicos ni portadores. Son mayoría, pero compiten con unos rivales cada día más numerosos: jóvenes y no tan jóvenes, mataronins y foranis, que utilizan el alcohol como fuel de una noche desenfrenada y que provocan escenas estrambòtiques. Mientras un esten los brazos y hace el avión con una botella de dos litros a la cabeza, la otra rocia la gente con un sifón que dispara vodka en ninguna parte de agua. Y un tercero está a punto de tirar una botella de vidrio de ginebra de espaldas, hacia la muchedumbre de gente, como si se tratara del ramo de la novia en una boda. En un improbable ataque de lucidez, un compañero se lo impide. Son los mismos que deciden ganarse el paso a empujones y gritos entre la demasiada, que abren camino donde no hay, que hacen volar los codos como un pívot de bàsket dentro de la zona y que, en definitiva, generan tensión y nerviosismo entre las multitudes, en momentos donde tiene que imperar una cierta calma dentro del lógico arrebato porque el desastre, aunque no lo parezca, es al tumbar la esquina.

La stiuació cada año va además. A pesar de todo, no se tuvieron que lamentar incidentes remarcables, y el número de personas atendidas por la Cruz Roja durante el Desvelo -22, ninguno de ellas evacuada en el hospital, según ha informado el Ayuntamiento- se va manenir en la media de anteriores ediciones. Pero las sensaciones vividas contradicen esta aparente normalidad.
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