Las primeras filas peleándose para quedarse con la chaqueta roja de La Mala Rodríguez ("Estáis locos!" llamó cuando se acercó para lanzar la cotizada prenda de ropa al público y este por poco no se el endú a ella también) fue la imagen que cerró el concierto de la rapera gaditana el pasado viernes al Clap. La sala mataronina, llena a rebosar como en las grandes ocasiones, fue testigo de un concierto energético, eficaz y también bastante breve, diferente al caótico espectáculo que La Mala (Maria Rodríguez) había ofrecido en su último paso por la sala. Su show está muy calculado y rodado; a pesar de que el formato con el cual vendía (tan sólo acompañada por Dj Woody y la corista Maryam Llano) hacía prever un concierto crudo y directo al gra, muy arraigado a la esencia hip hop del artista, La Mala supo demostrar que es una de las cantantes más polifacéticas de la escena estatal. Fue un recital más orgánico del que se esperaba, en que La Mala no tuvo ningún problema para saltar del hip hop al flamenco, el soul y la R&B.
Después de la habitual exhibición del DJ para calentar el ambiente (echando de bases de clásicos norteamericanos como Tribe Called Quest, Dr. Dre o De La Soul), La Mala tomó el escenario arrancando con uno de sus 'hits' definidores, La Niña, que el público se sabía de memoria. La pulsión 'electro' del tema, gran éxito del disco Alevosía, dioa una primera parte del recital en que las cadencias soul y R&B y los repuntes flamencos fueron la nota predominante. Un terreno un poco pantanoso, del cual La Mala a menudosale muy airosa pero que en ocasiones la puerta a caer en clichés más propios de Bebe o Chambao que le acaban restando personalidad. Se salva, pero, gracias a temas muy muy construidos, como Nanai (el single de su último álbum, Malamarismo), Volveré, Menos tú o Jugadoras, jugadoras.
Cuando consiguió encender verdaderamente el público, pero, fue en el tramo final de la actuación, en especial cuando atacó Tengo un trato, tema de pura raíz hip hop que ha marcado toda su trayectoria. La noche se acabó de redondear con Yo marco el minuto y Toca toca, un tema tan sensual como la propia cantado. Si hay algo que le sobra a La Mala es magnetismo. Domina el escenario como nunca, con una actitud lánguida, sobrada y desafiando, que expresa sobre todo a través de una mirada que no se olvida. La Mala se mostró muchos segura de sí misma, seguramente porque se siendo muy cómodo con la fórmula escogida por el directo, basada en un repertorio ya muy consolidado y que domina a la perfección. Su último trabajo data de 2007, y de momento hay muy pocas noticias sobre el nuevo álbum que teóricamente tiene que publicar este 2009. Un disco que se intuye clave para saber hacia qué lado se decanta su trayectoria hasta ahora impecable.

Un momento del concierto
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