El riesgo de sufrir un accidente de tráfico a la carretera N-II entre Mataró y Montgat es lo más elevado del país, tan sólo superado por una vía con mucho menos tránsito, la carretera de la Arrebatada en Barcelona. Así lo pone de manifiesto el estudio EuroRap de 2018, que establece estos datos en base al número de accidentes en relación al total de usuarios de las carreteras. El tramo de 11,7 kilómetros de la N-II entre la rotonda el Mil·leni de Montgat (que conecta con la B-20) y el enlace Mataró Sur con la C-32, de poco más de 11 kilómetros) tiene el dudoso honor de situarse en la segunda posición al conjunto del país. Tiene una media de paso de 31.696 vehículos diarios, y la media de accidentes es de 0,85.
Entre Mataró y Montgat tiene una media de paso de 31.696 vehículos diarios, y la media de accidentes es de 0,85
Unas cifras alarmantes pero que muy pocos conductores del Maresme pueden considerar del todo sorpresivos. La N-II es peligrosa, con muchos elementos que la hacen ser una carretera llena de riesgos evidentes a ojos de todo el mundo. Se trata de una vía convencional con uno o dos carriles por sentido, sin separación entre ellos, cosa que comporta un riesgo mayor de choque frontal. El tránsitoestá muy intenso (más de 30.000 vehículos diarios en el tramo de 11 kilómetros) pero la infraestructura no está preparada para acogerlo de manera fluida.
A su paso por el Maresme, la N-II combina la modalidad de vía interurbana, para conectar los diferentes municipios de la comarca, con el de vía urbana o calle, cuando pasa por cada uno de los pueblos o ciudades. En pocos metros las características de la carretera se cambian como un calcetín. Al salir del término municipal de Mataró se ofrece como una carretera ancha, totalmente recta y sin ninguna parada forzosa, cosa que invita los conductores a emplear velocidades bastante altas. Al llegar en Vilassar de Mar, un alud de rotondas, pérdidas de carriles, semáforos, pasos de peatones, paradas de autobuses e incorporaciones al municipio. La misma dinámica se repite en cada ciudad de paso, con continúas aceleraciones y frenadas que contribuyen a incrementar el riesgo.
El problema de la N-II es que no está preparada para recibir un volumen tan elevado de tránsito
Según Martí Massot, Ninguno de Estudios de Movilidad del RACC, la N-II al centro y sur del Maresme cumple con muchas de las características de las carreteras con elevada accidentalidad. "En cualquier vía convencional el peligro de sufrir un accidente grave es mucho más alto porque el choque frontal es más probable", constata. El problema se acentúa por "el alta permeabilidad" de la carretera, la manera como Massot define el hecho que tenga tantas entradas y salidas a los municipios que cruza.
El problema de la N-II es que no está preparada para recibir un volumen tan elevado de tránsito. El número de vehículos quecirculan a diario está propio de una autovía, más que no de una carretera que, cuando pasa por pueblos y ciudades, se convierte en una calle más. Los ayuntamientos de estos municipios afanan porque así sea, como mínimo, intentando "pacificar" el tránsito y hacer más permeable el muro que supone la carretera (sumadas a las vías del tren) entre el casco urbano y el frente marítimo. Incorporaciones, pasos de peatones, semáforos, rotondas y pérdida repentina de carriles que no cuajan nada con estas cifras de vehículos y las velocidades que a menudo cogen.
Especialmente peligroso para las motos
Circular por la N-II es una actividad especialmente de riesgo para los motoristas. En el tramo entre Montgat y Mataró, en un 63% de los accidentes graves seven involucradas motocicletas. El porcentaje aumenta en un 78% cuando la carretera cruza el término municipal de Mataró, y sigue por encima del 50% desde la capital del Maresme hasta Pineda. Algo que no es exclusivo de la N-II, pero que pone de manifiesto la peligrosidad de circular en moto por esta vía. "Las motos sólo representan el 5% de los vehículos que circulan por las carreteras catalanas, pero se ven involucradas en, como mínimo, la mitad de los accidentes, y a menudo en muchos más", relatan desde el RACC.
Alternativa gratuita a la C-32
Los más de 30.000 vehículos diarios de la N-II, una de las carreteras con más riesgo de accidentalidad de Cataluña, se reducirían notablemente si la autopista C-32 quedara libre de peajes. Una demanda que se repite año tras año en el Maresme pero que este 2019 se ha respondido como siempre, con una subida de los precios, que llega a ser de casi el 3% al peaje de Vilassar de Dalt. Algo especialmente sangrando teniendo en cuenta que la C-32, antigua A-19, es la autopista de peaje más antigua del Estado español, que en 2020 cumplirá el 50è aniversario de su entrada en funcionamiento.
Una ronda que quedó enterrada
El Maresme, a través del Consejo Comarcal, sigue exigiendo al Sido los 400 millones de euros que acompañaban el traspaso de la N-II a la Generalitat y que se comprometieron el 2009. En un primer momento el Estado transfirió en el gobierno catalán 97,4 millones, junto con la titularidad de la vía, con el objetivo de racionalizar la N-II y convertirla en una carretera más cívica. Este dinero, según asegura la Generalitat, ni se han perdido ni se han gastado. "Están pendientes de invertir en el marco del nuevo plan de movilidad de la comarca", explicaron desde el Departamento de Territorio y Sostenibilidad, que añadían que el destino final de estos recursos se consensuará antes con el territorio directamente afectado A pesar de esto, el Ministerio de Fomento tiene claro que, hasta que la Generalitat no justifique en que se han gastado estos 97,4 millones, no piensa aportar más. Una financiación que, según el Estado, tenía que servir para empezar la construcción de la polémica ronda del Mataró, una vía alternativa a la N-II y a la autopista C-32 que finalmente se enterró por la fuerte oposición que recibió en la comarca.
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