No sé como me lo hago, que siempre la tengo delante. La señora D va a otro ritmo. Para ella el tiempo es inexistente. A la cajera del súper le pregunta como le han ido las vacaciones, si ya tiene prometido, y el precio de cualquier fotesa que esté cerca de la máquina registradora, para no comprarla nunca. No se gira en ningún momento para ver la cola que va formando a su última. La señora D siempre va por el medio de la acera, sin dar opción de avanzarla ni por la derecha ni por la izquierda. La señora D pasa largos ratos al cajero automático. Afuera en la calle piensas: estará chateando con alguien? Cuando cruces que ya ha acabado, saca alguna otra libreta de sus anchos bolsillos y sientes de nuevo el sonido de las teclas, clic, clic. Pero nada como el contacto humano, y a la oficina es donde desarrolla todo su saber hacer: ... y ahora me pones mil pesetas de esta libreta en esta otra, señora D, debe de querer decir 6 euros, buenu, como le digáis ahora. Ah, oi que te quedan calendarios del 2009?. Con las libretas de nuevo en posesión, no se aparta de la ventanilla hasta que no tiene comprobados todos los números, girando el cuerpo a la velocidad de un grado por minuto.
No sé si tiene un misal dormido a la mesita como la tieta de en Serrat, pero su velocidad no es de ese mundo, como diría en Raimon. Hace falta médico es otro de sus puntos estratégicos de actuación. Qué le debe de explicar? Yo no consigo que la doctora me atienda más de cinco minutos, pero en cambio con la señora D diría que seha ido de copas por la puerta del última del despacho y han vuelto después de cerrar todos los locales. La señora D debe de pagar un extra a la seguridad social? La espera última de la señora D desespera, pero se nos hace entrañable, quizás porque nos muestra otra manera de vivir, quizás porque ya querríamos todos llegar a ser el señor o la señora D.
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