Durante todo el siglo xix e inicios del xx, el principal dolor de cabeza de los ingenieros y arquitectos municipales de Mataró eran los daños de las aguas que bajaban por los torrentes que atravesaban el casco urbano. Hacía falta una solución eficaz y económica, puesto que los mataronins estaban cansados de recoger agua del interior de casa. Desde inicios de los ochocientos y hasta el 1912, se presentaron diez proyectos de desvío de la Riera de Cereza, el canal de agua más importante y peligroso de Mataró.
Hasta el siglo xix las murallas desviaban las aguas torrenciales, y protegían la ciudad. Pero antes de destruirlas, su función como barrera ya era ineficaz debido al crecimiento urbanístico fuera murallas.
La primera solución se planteó el 1802, cuando los técnicos municipales estudiaron la posibilidad de soterrar el tramo más conflictivo de la Riera, comprendido entre la plaza Santa Anna y la calle Naupacto. El 1835, Miquel Umbert ideaba la posibilidad de desviar la riera de Cereza por la parte de ponente pasando por el cementerio de los Caputxins, el Camino Fondo, La Habana y hasta desembocar al mar. Pero no había bastante recursos. El 1849 se propone construir un canal subterráneo por debajo la Riera y la Rambla.
Desviar las aguas
Hasta el año 1851 no llegó la primera propuesta de desvío de las aguas verso la Riera de Santo Simó. El impulsor de la idea, el arquitecto Elies Rogent, aseguró que el punto del desvío tenía que ser a la conexión de la riera de Cereza con la de Higuera Mayor. Además, defendió la reconducción de las aguas hacia Santo Simó para considerarla, algún día, el límite natural de la ciudad, y por su geografía menos abrupta. La propuesta no prosperó por motivos técnicos.
Así, mientras el consistorio no encontraba una solución, el agua continuaba negando los bajos de las casas. El 1878, Emili Cabañas y Melcior de Palau propusieron el desvío de las aguas verso la de Argentona. Este proyecto se aprobó por Pleno el 1884, pero tres meses después de su inicio las obras se pararon por conflictos con los propietarios de los terrenos. El 1903, el arquitecto municipal Eduard Farrés propuso el desdoblamiento de la riera hacia Argentona y Santo Simó, idea descartada por su alto coste económico. Cinco años más tarde, el ingeniero Federico Mebrillera presentaba un proyecto similar con el coste astronómico de 23 millones de pesetas. El 1908, llegó el penúltimo de los proyectos, de Melcior de Palau, en el cual proponía unir los caudales de las rieras y los torrentes en dos grandes emisarios subterráneos.
Finalmente, el 1912 se aprobó un proyecto definitivo de desvío de la riera de Cereza. Melcior de Palau recuperaba el proyecto de Farrés, pero sólo su vertiente oriental, y atravesaba un nuevo recorrido fluvial que iba por detrás el viejo cementerio, el Hogar Cabanellas, el camino del vecindario de Mata (avenida de América) y riera de Santo Simó. El circuito recogía las aguas de la riera de Cereza, el torrente del Pecado, el camino del Cementerio, el torrente del Palacio y la carretera de Fogars. Se construyó un canal de 1.150 metros de largo y seis de anchura.
El coste de la obra, que empezó el 1916 y finalizó el 1923, fue financiado por el Ayuntamiento de Mataró, un 25%, y el resto, por la administración central, gracias a la intervención del diputado a Corts Carles Padrós. Con motivo de esta gesta, la calle de Argentona cambió de nombre me honor al político, pero las quejas de los argentonins hicieron que el Ayuntamiento inaugurara otra calle con este nombre.
Canalización con límites
Desde el final de las obras, el punto de unión entre las dos rieras fue conocido por todo el mundo como «lo Desvío», denominación hoy todavía vigente. Esta grande y esperada infraestructura, pero, no resultó tan exitosa cómo se esperaba; las inundaciones de los años 1941, 1951 estas con víctimas mortales, 1953 y 1967 pusieron de manifiesto el límites de la canalización.
La última restauración importante del Desvío se hizo en 1970, cuando se cubrió el canal con un forjado de vigas en sustitución del original, ya muy deteriorado. Esto permitió, en uno de sus tramos, crear encima un amplio vial, la actual avenida de América.
Hasta el siglo xix las murallas desviaban las aguas torrenciales, y protegían la ciudad. Pero antes de destruirlas, su función como barrera ya era ineficaz debido al crecimiento urbanístico fuera murallas.
La primera solución se planteó el 1802, cuando los técnicos municipales estudiaron la posibilidad de soterrar el tramo más conflictivo de la Riera, comprendido entre la plaza Santa Anna y la calle Naupacto. El 1835, Miquel Umbert ideaba la posibilidad de desviar la riera de Cereza por la parte de ponente pasando por el cementerio de los Caputxins, el Camino Fondo, La Habana y hasta desembocar al mar. Pero no había bastante recursos. El 1849 se propone construir un canal subterráneo por debajo la Riera y la Rambla.
Desviar las aguas
Hasta el año 1851 no llegó la primera propuesta de desvío de las aguas verso la Riera de Santo Simó. El impulsor de la idea, el arquitecto Elies Rogent, aseguró que el punto del desvío tenía que ser a la conexión de la riera de Cereza con la de Higuera Mayor. Además, defendió la reconducción de las aguas hacia Santo Simó para considerarla, algún día, el límite natural de la ciudad, y por su geografía menos abrupta. La propuesta no prosperó por motivos técnicos.
Así, mientras el consistorio no encontraba una solución, el agua continuaba negando los bajos de las casas. El 1878, Emili Cabañas y Melcior de Palau propusieron el desvío de las aguas verso la de Argentona. Este proyecto se aprobó por Pleno el 1884, pero tres meses después de su inicio las obras se pararon por conflictos con los propietarios de los terrenos. El 1903, el arquitecto municipal Eduard Farrés propuso el desdoblamiento de la riera hacia Argentona y Santo Simó, idea descartada por su alto coste económico. Cinco años más tarde, el ingeniero Federico Mebrillera presentaba un proyecto similar con el coste astronómico de 23 millones de pesetas. El 1908, llegó el penúltimo de los proyectos, de Melcior de Palau, en el cual proponía unir los caudales de las rieras y los torrentes en dos grandes emisarios subterráneos.
Finalmente, el 1912 se aprobó un proyecto definitivo de desvío de la riera de Cereza. Melcior de Palau recuperaba el proyecto de Farrés, pero sólo su vertiente oriental, y atravesaba un nuevo recorrido fluvial que iba por detrás el viejo cementerio, el Hogar Cabanellas, el camino del vecindario de Mata (avenida de América) y riera de Santo Simó. El circuito recogía las aguas de la riera de Cereza, el torrente del Pecado, el camino del Cementerio, el torrente del Palacio y la carretera de Fogars. Se construyó un canal de 1.150 metros de largo y seis de anchura.
El coste de la obra, que empezó el 1916 y finalizó el 1923, fue financiado por el Ayuntamiento de Mataró, un 25%, y el resto, por la administración central, gracias a la intervención del diputado a Corts Carles Padrós. Con motivo de esta gesta, la calle de Argentona cambió de nombre me honor al político, pero las quejas de los argentonins hicieron que el Ayuntamiento inaugurara otra calle con este nombre.
Canalización con límites
Desde el final de las obras, el punto de unión entre las dos rieras fue conocido por todo el mundo como «lo Desvío», denominación hoy todavía vigente. Esta grande y esperada infraestructura, pero, no resultó tan exitosa cómo se esperaba; las inundaciones de los años 1941, 1951 estas con víctimas mortales, 1953 y 1967 pusieron de manifiesto el límites de la canalización.
La última restauración importante del Desvío se hizo en 1970, cuando se cubrió el canal con un forjado de vigas en sustitución del original, ya muy deteriorado. Esto permitió, en uno de sus tramos, crear encima un amplio vial, la actual avenida de América.