Una delegación de cuatro mujeres del Proyecte Musa (Mujeres de Unión de la Selva) de México expusieron ayer jueves en La Pescadería la situación del colectivo de mujeres en el sí de las comunidades de las zonas rurales más aisladas de Chiapas. Rosa Cruz, Santa Juárez, Arcelia Jiménez e Isabel Gómez, de la Selva Lacandona de Las Margaritas, destacaron las claves de su proyecto, que recibe el apoyo desde el año 1998 del Grupo Tercero Mundo de Mataró, y que ha permitido una cierta alliberació de las mujeres de estas comunidades, fines hace bien poco sometidas al machismo imperante. "Ahora podemos salir de nuestras comunidades sin miedo", explicó Arcelia Jiménez.
Desde que se fundó el proyecto, en 1991, Musa ha trabajado en el ámbito educativo, de salud, de alfabetización, de capacitación productiva y de derechos humanos, entre otros, con la voluntad de ayudar a la emancipación de las mujeres y erradicar situaciones como las que explicaron las miembros de la organización. "Nos teníamos que quitar a las 3 de la madrugada para moler el trigo y hacer las 'tortitas' por el almuerzo de nuestros maridos", relató Juárez. La creación de molinos para acelerar el proceso y el trabajo para compartir estas tareas entre hombre y mujer ha permitido mejorar mucho la situación. Aun así, el proceso para conseguirlo ha sido durísimo. "Cuando empezamos a trabajar conjuntamente, nos reuníamos para recibir formación y pasábamos el día fuera de casa. Cuando volvían, los maridos a menudo nos esperábamos con el cinturón para pegarnos. Algunas no lo soportaban y marchaban del proyecto", explicó Juárez.
El fuerte machismo que domina las comunidades, y que a menudo deriva en violencia de género, choca con la aparente paradoja que las mujeres de Musa también se muestren agradecidas con sus maridos. Pero tal y como ellas mismas destacan, han aprendido de sus esposos a "organizarse", tal y como ellos hicieron "para disponer de caminos, agua y electricidad". A la vegada, pero, las mujeres sintieron la necesidad de organizarse también para combatir el incipiente alcoholismo entre fuerza de sus maridos, que también derivaba en maltratos. La dramática situación, pero, ha cambiado fuerza de acá que las mujeres decidieron asesorarse y trabajar conjuntamente para mejorar su capacitación.
Desde que se fundó el proyecto, en 1991, Musa ha trabajado en el ámbito educativo, de salud, de alfabetización, de capacitación productiva y de derechos humanos, entre otros, con la voluntad de ayudar a la emancipación de las mujeres y erradicar situaciones como las que explicaron las miembros de la organización. "Nos teníamos que quitar a las 3 de la madrugada para moler el trigo y hacer las 'tortitas' por el almuerzo de nuestros maridos", relató Juárez. La creación de molinos para acelerar el proceso y el trabajo para compartir estas tareas entre hombre y mujer ha permitido mejorar mucho la situación. Aun así, el proceso para conseguirlo ha sido durísimo. "Cuando empezamos a trabajar conjuntamente, nos reuníamos para recibir formación y pasábamos el día fuera de casa. Cuando volvían, los maridos a menudo nos esperábamos con el cinturón para pegarnos. Algunas no lo soportaban y marchaban del proyecto", explicó Juárez.
El fuerte machismo que domina las comunidades, y que a menudo deriva en violencia de género, choca con la aparente paradoja que las mujeres de Musa también se muestren agradecidas con sus maridos. Pero tal y como ellas mismas destacan, han aprendido de sus esposos a "organizarse", tal y como ellos hicieron "para disponer de caminos, agua y electricidad". A la vegada, pero, las mujeres sintieron la necesidad de organizarse también para combatir el incipiente alcoholismo entre fuerza de sus maridos, que también derivaba en maltratos. La dramática situación, pero, ha cambiado fuerza de acá que las mujeres decidieron asesorarse y trabajar conjuntamente para mejorar su capacitación.