David García

Las pendientes de La Llàntia

Hace relativamente poco tiempo que vivo en el barrio de Cerdanyola. Un barrio obrero y multicultural, y cambiante.puedes encontrar edificios altos y grandes avenidas, o bien puedes encontrarte en un enjambre de callejones caóticamente repartidos entre empinadas pendientes. Hace poco, subí a dar una vuelta por las calles de la Llàntia, justo por encima de Rocablanca.había visto calles con pendientes, pero el caso de la calle San Sebastián es demasiada. Aquello es más propio de las calles de Santo Francisco. El más sorpresivo fue ver que arriba de todo seencuentra la escuela pública de la Llàntia. Eran sobre las cinco de la tarde y los padres y abuelos bajaban calle abajo cogiendo a los niños de la mano. Daba miedo y todo ver aquella hilera de niños y abuelos bajando por esta pendiente tanta pronunciada. Me temía que en cualquier momento uno de ellos tropezara y aquello se convirtiera en un efecto dominó, que pasaría a ser una gran bola humana que caería rodante calle abajo, llegando a sembrar el pánico entre los vecinos que escucharían en la lejanía los estremecedores gritos de aquella bola de gente dirigiéndose hacia el mar entre chillidos.

Teorías surrealistas apart, tengo que reconocer que subir aquella calle me dejó casi sin aliento, demostrando mi bajo estado de forma. Todo el contrario de aquellos niños y abuelos que deben de estar curtits con estas pendientes haciendo este trayecto cuatro veces al día, como a mínimo. Así pues, no me extraña que de aquí puedan salir grandes deportistas, donde todo un barrio va de aquí hacia allá andando por aquellas calles, como si fueran unos expertos escaladores subiendo las montañas de los Alpes.

Esto me recuerda como me llamó la atención la sociedad suiza. En un viaje en Suiza de hace tres años, pude ver que todos, absolutamente todos practicaban un deporte. Ya sea el esquí, la natación en las gélidas aguas de sus lagos, la bicicleta, la escalada o simplemente el senderismo, familias enteras. Todo el mundo hace excursiones, la gente mayor me daba mil vueltas equipados como expertos montañosos que son, subían las montañas con una sonrisa a los labios.

Si hay un barrio que puede hacerlos sombra a los suizos, estos sin duda deben de ser los vecinos de Cerdanyola y la Llàntia.
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