Las verbenas de San Juan en los barrios mataronins de mi niñez

El politólogo mataroní se escapa de la política por un golpe, para recordar las verbenas de antes como vía para analizar cómo ha cambiado la ciudad

Se acerca la verbena de San Juan y me es imposible no recordar como vivíamos en el mío valle años atrás los días previos al 23 de junio. Yo soy de Cereza, pero el que explicaré sirve también para la gente del resto de barrios de mi ciudad. Estoy hablando del Mataró de hace veinticinco años aproximadamente, cuando las barriadas estaban físicamente separadas del Centro y el Ensanche por campos y descampados. No existía la Vía Europa ni el nuevo Parque Central, ni Camino de la Sierra ni la autopista. Todavía hoy, cuando bajamos al Centro, decimos que bajamos "a Mataró". Los niños pasábamos horas y horas jugando en la calle y a aquellos campos que nos parecían selvas inmensas. Parece que hayan pasado muchas décadas, pero la transformación de nuestra ciudad se produjo en poco tiempo y no hace tantos años como pueda parecer. El cierto es que seguramente la niñez que tuvimos los niños de barrio como yo que nos acercamos a la cuadragésima de años no tiene demasiado a ver con la de los niños de ahora, y no sólo por la transformación de la ciudad, que también, sino por los cambios sociales y en particular tecnológicos. Ahora a los niños se comunican por Whatsapp, cuando en mi época bajabas a la calle y te encontrabas a los amigos al lugar de siempre, o los picabas al intèrfon y simplemente decías: "¿te bajas un rato?".

Recuerdo como el mes de junio estábamos ya pensante en las largas vacaciones de verano, en los partidos interminables de fútbol, en las excursiones en bicicleta a lugares supuestamente lejanos como Los Burots, hoy Plaza Granollers... Muchos recordamos colarnos en la casa que hoy es el albergue de Can Soleret, absolutamente abandonada, que nosotros denominábamos la "Casa de las siete ventanas". Y muchos recordamos, ahora con tristeza, como los padres nos advertían antes de salir a la calle: "¡si ve alguna jeringuilla en el suelo no la tocas!". Eran los años de la heroína que segó la vida de tantos y tantos vecinos. Pero si hay un momento mágico de aquellos años para mí siempre será la noche de San Juan, y sobre todo los días previos. Sólo a Cereza, recuerdo que los niños montábamos cinco hogueras diferentes: una al descampado donde ahora hay la escuela Antonio Machado, otra en la zona que ahora ocupa el Parque Rafael Alberti, otra ante la ronda Joan Peiró, donde ahora hay los bloques de pisos de la Vía Europa, otra a descampado de la calle Cáceres, otra junto a la ya abandonada fábrica de la Abanderado... Recuerdo como los niños del barrio competíamos para ver quién hacía la hoguera más gorda, como íbamos a escondidas a robar maderas y muebles a las hogueras "rivales", como nos moríamos de envidia cuando visitábamos las hogueras gigantes de La Llàntia o el Triángulo de los Molinos... Aquellos días nos hacíamos un harto de pencar: recoger muebles y maderas por todas partes, colocarlos en lugar, hacer turnos de vigilancia para controlar que nadie nos mangara material... Recuerdo como trabajábamos en equipo y como nos divertíamos hasta que llegaba el momento mágico de la noche de San Juan, cuando prendíamos fuego a aquel montón de maderas con un muñeco arriba del palo mayor. Echábamos petardos y, ante casa mía, en el parque Antonio Machado, parecía un infierno lleno de pequeños demonios enloquecidos.

Ahora, tengo que reconocer que me pone triste cuando veo que a los niños de mi barrio (y de los otros barrios) ya no hacen hogueras de San Juan (en Mataró sehacen muy pocas), y matan las horas jugando con la tablet o mirando las pantallas de sus móviles. Hay quién dice que la nostalgia es algo conservador e incluso carca, pero permitidme compartir con vosotros estos recuerdos, unos recuerdos que año tras año me vienen a la mente. Quizás me estoy haciendo grande...

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