J.Vivas/J.Salicrú

Los Pastorcillos de Mataró mantienen la supremacía a nivel catalán

Un recorrido por los principales competidores del espectáculo navideño mataroní confirma el liderazgo de Sala Cabañes en la materia

El Espectáculo de la Navidad en Cataluña. Este es uno de los eslóganes con que se promocionan los Pastorcillos de Mataró de Sala Cabañes desde hace unos años. El hecho es que un recorrido por otras escenificaciones –escogidas en función de su antigüedad, presupuesto y asistencia de público– que durante la Navidad se hacen a otras localidades catalanas permiten constatar que los de Mataró continúan siendo, y con diferencia, el espectáculo de referencia a todo el país.

La Almendra de Merola. Esta colonia industrial que se encuentra en veinte kilómetros de Manresa acoge una representación bastante digna si se tiene en cuenta el número de habitantes del pueblo –unos trescientos. El aforo, de más de quinientas sillas, obtiene una buena entrada en las seis representaciones que se hacen. Los decorados merecen también un punto favorable así como la posibilidad de escoger, a través de Internet, el día y la butaca donde el espectador quiere sentar. En la parte negativa, la ausencia de un hilo narrativo entre todas las escenas resta valor a la pieza, que combina de forma estrambòtica trozos donde el sonido está grabado y otros en que no. El texto que se escenifica, La Flor de Nadal, es un compendi de diferentes versiones y acaba mareando el público por sus saltos narrativos.

El Vendrell. Los de Vendrell son, con diferencia, los más flujos de los espectáculos comparados, a pesar de que en efectivos humanos y en la capacidad del teatro se acercan a los de Calaf o a los de Mataró. El mal uso de piezas como Así habló Zaratustra al inicio de la obra –en un prefacio bíblico representado de forma absolutamente carrinclona– constituye un mal presagio para una obra que acaba naufragando con su pretensión de dar risa en cada momento –cosa que no se debe de al texto sino a las ganas de improvisar. Por si fuera poco, el teatro que acoge las representaciones, La Lira, está bastante mal equipado. La nota positiva la constituye la interpretación musical de un fragmento del oratori El pesebre, del vendrellenc Pau Casals.

Calaf. En esta población de la comarca de la Anoia se escenifica la versión tradicional de Folch y Torres, presentada como un cuento que la abuela explica a dos menuts durante la Noche de Nadal. Estos Pastorcillos son los únicos realmente comparables a los de Mataró y por ejemplo no tienen nada a envidiarlos en aspectos como los del sonido o el corazón que canta las canciones del espectáculo. El teatro donde se hace la función, el Casal de Calaf, impresiona por su majestuositat, mientras que el vestuario –como en el resto de casos comentados– deja fuerza a desear. En la parte negativa, la excesiva voluntad de «catalanitzar» un espectáculo que teóricamente está emplazado a miles de kilómetros de Cataluña.

Mataró. Sala Cabañes tiene el mismo aspecto de siempre, el texto de Ramon Pàmies no ha cambiado ni una coma, y los decorados son los mismos. Pero los Pastorcillos han conseguido, sin cambios radicales, adaptarse a nuevos públicos y modernizar su imagen en esta temporada. La parte quesale más beneficiada es el prólogo, sobre todo por la contribución al espectáculo de la coreógrafa Maria Rovira, que ha modernizado los bailes de duendes, brujas y demonios. La innovación ha llegado también a momentos concretos como las diferentes apariciones de los ángeles. Además de estas novedades, Los Pastorcillos de Mataró continúan conservando dos de los elementos que los diferencian del resto de representaciones. Por un lado, la música del maestro Tuesta interpretada en directo y, por el otro, la equilibrada combinación entre el drama y las escenas cómicas.
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