Silencio. Silencio!". El Capataz, Jordi Gonzàlez, intenta poner orden. Pero en el patio del local de los Renacuajos hay demasiado desmadre. Niños que hacen correderas, sus padres haciéndola estallar sentados al bar, jóvenes que apenas acaban de llegar con la bici o la moto y se saludan efusivament... Con tanto de alboroto, los miembros del tronco y los niños no pueden escuchar sus indicaciones. Pero la gracia también es esta. El ambiente al local de ensayo es de grupo de amigos muy muy avenido. "La pandilla para muchos es una familia paralela, sin este componente social esto no funcionaría ", explica el mismo Gonzàlez.
Al local, sea como fuere seviene primero de toda ensayar castillos, y más cuando quedan pocas semanas para la actuación más importante del año: Las Santas. "He dicho que silencio, coi, que así no vamos en ninguna parte!", llama el capataz, ahora con más severidad. Son las nueve y media de la noche y los castillos suben muy rápido.hacen entre quince y veinte por ensayo, con pausas muy breves entre ellos. En los ensayos se levantan muy pocos castillos completos, a pesar de que el local, en el barrio del Matadero, está habilidad para hacerlo. Normalmente se trabajan por partes, ya sea el pomo de arriba o la piña. Para hacer un 3 de 9 con forro hacen falta unas 200 personas, y a los ensayosacuden una media un centenar de fajas.
Gonzàlez es el capataz, y se rodea de un "hueso" de siete integrantes: el responsable de piñas, el de forras, dos de tronco y dos más de niños. Al suyo cercando, un equipo de unas treinta personas completa la técnica. En pocos minutos se suceden un 4 de 6 limpio (la base del 4 de 8) una torre de 7 y un 3 de 8, en este caso enteros. "La salida muy suave, buscando la faja, asegurando mucho los pies. Va que encara no estamos" indica el capataz al anxaneta.
Enfermería llena
Faltan pocos días por Las Santas y los Renacuajos están un poco preocupados por el estado de forma con el cualllegan. Han sufrido algunas caídas inesperadas que los han dejado tocados. Por el ensayo de viernespasan unos cuántos castellers vendados. "Lo traigo mejor, pero todavíatengo por tres semanas"dice uno, con un esguince al hombro. Poco rato más tardeaparecen dos más con el brazo y la pierna escayolada. El parto de guerra está siendo cruento este año por los Renacuajos. A esto sesuma que en los últimos años la pandilla ha vivido muchos cambios en posiciones importantes. "En el último año no ha habido toda la continuidad que querríamos en el tronco, que es el lugar más específico que hay", apunta el capataz.
A pesar de que han conseguido grandes hitos últimamente (una nueva torre de 9 en Vilafranca el año pasado, sin ir más lejos), los últimos tiempos han sido irregulares para los moratones. "Hemos perdido un poco de fuerza, sí", dice Agustí Galán, con un cierto deix de amargura. Tiene 55 años, y en puerta 18 a los Renacuajos. Seapuntó un año después de la fundación de la pandilla. "Son muchos años, a veces se hace pesado y piensas que quizás tendrías que estar haciendo alguna otra cosa", reconoce. Pero los castillos, al final, siempre compensan. "No sólo en plaza, sino también al local, el bocadillo y la cerveza después de haber hecho un buen ensayo, la vida en común que hacemos, las fiestas, esto también es muy importante", explica Agustí, que de todo, se queda con "el trabajo en grupo y la solidaridad, sobre todo en los momentos malos".
"Ya peso demasiado para hacer de dosos"
Al suyo cercando corre alborotada los niños, que suele llegar antes al ensayo para realizar trabajo específico (estiramientos, ejercicios en barra) antes de sumarse en los castillos. Algunos niños muy pequeños, de 4 o 5 años, empiezan a hacer sus primeros pasos. En Biel, quetiene 12, se apuntó a la pandilla hace un par de años. Hizo un casal de circo, su monitora era castellera y lo animó a probarlo. "Haya de dosos, pero pronto pasaré a quints porque ya peso demasiado", explica. A en Biel no le hace ningún miedo subir tan arriba. "No, no tengo ningún problema, porque confío en el tronco". Viene a ensayar tres veces, con un día específico para pilares. "Nosabe mucho, pero le dejan ser porque es el niño mimat de la pandilla", se jode la Herramienta, que hace de quints. "Me toca aguantarlo a él, por desgracia", sigue haciendo broma. La Herramienta ha sufrido alguna caída. Recuerda la del último Concurso de Castells de Tarragona, cuando uno de los castillos que intentaban hizo leña. " di un buen batacazo y se me durmió la pierna un rato, me asusté un poco pero no pasó nada", recuerda. Pocas semanas más tarde, tocó el cielo como quints de la torre de 9 que, este golpe sí, pudieron descargar en Vilafranca. En el mundo casteller, sacrificado y a veces amargo, al final siempre llega la recompensa.
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Las Santas, el punto culminante
"Es una actuación que te marca mucho, el cuquet que notas siempre es más grande". El capataz resume así la cita de Las Santas. Una jornada donde los Renacuajos se ponen especial presión, puesto que es el día que actúan en casa, ante su gente, y junto a pandillas de primerísimo nivel. "No puedes dejar que las ganas de hacerlo bien te traicionen", dice Gonzàlez. Los nervios son evidentes, y esto también los da un empujón especial, pero cuando empieza la actuación, todo esto "se tiene que dejar de banda", apunta Gonzàlez. Llega la hora de mantener la serenidad, de aplicar todo el que se ha trabajado una vez detrás otro, un año detrás otro, en los ensayos. "Los castillos son, sobre todo, una cuestión de ninguno", constata el capataz.
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