La Oca de Mataró volvió a triunfar como la opción elegida por más gente a la hora de celebrar la entrada de 2026 en la capital del Maresme. Era la décima edición en la plaza de Santa Anna pero, a la vez, fue diferente. Las exigencias y protocolos de seguridad y evacuación hicieron que entre la entidad homónima y el Ayuntamiento se habilitara un dispositivo de seguridad digno de la Nit Boja de Les Santes. Todos los accesos —hasta siete— de la plaza con el paso cortado y controladores de acceso ordenando la cola.
Sí, hubo colas para poder estar en la Oca. La segunda edición de una Oca ‘sold out’ —ahora se dice así— después de la tercera edición de la fiesta, en 2014, cuando se celebró en el local de los Capgrossos de Mataró. Precisamente fue después de aquella edición cuando se apostó por el espacio público como concepto y por la plaza de Santa Anna como el ágora ideal para bailar y celebrar colectivamente el Fin de Año. Pero el nuevo requisito legal ha cambiado las normas del juego, y hubo quien llegó a hacer 40 minutos de cola, en la calle y de madrugada, para entrar. En la plaza de Santa Anna…

Siempre funciona
Feliz año por aquí, un bailecito por allá, encontrarte con quien quieres y con quien no quieres e irte a dormir más tarde de lo que se debería. El ritual de celebrar popularmente el Fin de Año no tiene secreto ni misterio, está más inventado que la sopa de ajo y funciona porque por conveniencia compartida resulta que a unos y otros eso de pasar de un año a otro les gusta y les altera. Se llama tradición y la de Mataró pasa por la Oca.
Con una guerrilla de jóvenes voluntarios al frente, la fiesta en sí fue un fiestón. Cinco horas y media de música, gente de todas las edades y un frío finalmente menos inclemente de lo que algunas previsiones apuntaban. Era la Oca de siempre pero estando bastante más holgados dentro. He aquí la paradoja: controles de acceso que no dejaban pasar por razones de aforo a un ‘recinto’ dentro del cual era evidente que cabía mucha más gente.

Con los clásicos Dubmas y Amab en el escenario grande, la colección de éxitos de siempre fue generosa y también los guiños locales, como encarar el cambio de escenario con la canción No n’hi ha prou! de Les Santes, cantada a pleno pulmón por toda la plaza, o acabar a las seis con final al son de Bequetero. Con la pereza que da agacharse a ciertas horas.
El único problema que había si te lo estabas pasando en grande es cuando tenías que ir a cambiar el agua de las aceitunas: los servicios eran insuficientes y claro, con el riesgo de quedarte fuera del recinto, se dieron auténticos retos de resistencia de vejiga.
La Oca triunfó porque se bailó. La Oca tiene sentido si todo el mundo tiene cabida y la Oca es importante porque pasa página al año y enciende la traca de 2026 en la ciudad de los capgrossos y las capgrossades.
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