El mural cerámico de Armand Olivé situado en la calle Velázquez, frente al CAP de Ronda Prim, todavía puede tener una oportunidad de salvarse. El gobierno municipal de Mataró ha adquirido públicamente el compromiso de buscar una fórmula que permita preservar esta obra monumental de 1970, después de la movilización ciudadana generada a raíz del riesgo de derribo y de las peticiones formuladas por varios grupos de la oposición. El compromiso se ha hecho explícito precisamente en el Pleno Municipal de Mataró en el que se ha aprobado la regularización de acuerdo con el planeamiento urbanístico de la promoción de viviendas prevista en la finca donde se encuentra el mural. El punto ha salido adelante con los votos de los dos partidos de gobierno y de Vox, pero el debate ha acabado situando el mosaico de Armand Olivé en el centro de la discusión política.
Ha sido el propio alcalde, David Bote, quien ha tomado la palabra para admitir que el caso merece un nuevo intento. "Vale la pena insistir en que intentaremos preservar el mural", ha afirmado. Bote ha encomendado a la concejala de Urbanismo, Elizabet Ruiz, que convoque un encuentro con los grupos municipales y los servicios técnicos para "estudiar las opciones posibles para preservarlo". El alcalde ha reconocido que el Plan de Patrimonio de Mataró es posterior al mural y que, durante todos estos años, no se había planteado formalmente su protección. Aun así, ha dejado abierta la puerta a rectificar la situación si se encuentra una solución viable. "Se puede rectificar si encontramos la fórmula, con complicidad. Estoy seguro de que lo podremos hacer", ha asegurado.
Un mural monumental que no está protegido
El debate nace de la situación singular de esta pieza, instalada desde el año 1970 en una antigua fábrica textil de la calle Velázquez, justo frente al CAP de Ronda Prim. Se trata de un mosaico cerámico de cinco metros de altura y tres metros de anchura, obra de Armand Olivé, una de las figuras destacadas de la cerámica mural catalana de la segunda mitad del siglo XX. El problema es que el conjunto no está catalogado ni dispone de protección patrimonial municipal. La futura promoción de viviendas prevista en la parcela es compatible con el planeamiento urbanístico vigente pero, tal como está planteada, comportaría el derribo de la edificación actual y, con ella, la desaparición del mural.
La obra representa escenas directamente vinculadas con el pasado industrial de Mataró y de la misma fábrica para la cual fue creada. Se pueden identificar un hombre tiñendo una tela, una mujer trabajando delante de un telar y la figura de Hermes, dios griego vinculado al comercio. Es un ejemplo claro del lenguaje de Olivé, caracterizado por integrar la cerámica monumental en la arquitectura y convertirla en parte del mismo paisaje urbano.
La oposición presiona para que el mural no dependa del promotor
Varios grupos de la oposición han aprovechado el debate urbanístico para reclamar una actuación más decidida del Ayuntamiento. El concejal de la CUP, Carlos García, ha advertido que la promoción puede afectar directamente el mural y ha reclamado que el gobierno afronte la posibilidad de un traslado o una negociación específica con el promotor. García ha lamentado que hasta ahora esta vía no se haya trabajado lo suficiente y ha justificado el voto contrario de su grupo "por respeto al patrimonio". En una línea similar, el portavoz de Junts per Mataró, Alfons Canela, ha dejado claro que el debate no cuestiona los derechos urbanísticos de la propiedad. "Nadie pone en duda los derechos edificatorios", ha afirmado. Pero ha añadido que la existencia del mural no se puede dejar simplemente "a criterio del promotor". Para Canela, si no es posible conservar la obra en el mismo lugar, "se tiene que desmontar, conservar y no perderlo". También Magda Cot ha reclamado al gobierno municipal que asuma la responsabilidad de salvar la pieza. Ha recordado que ya se había pedido que se intentara preservar el mural y ha defendido que tiene valor no solo artístico, sino también "por lo que representa". Cot ha considerado que el coste de una intervención de este tipo sería asumible por el Ayuntamiento y ha criticado lo que considera un desinterés histórico del gobierno por el patrimonio. La pregunta que ha planteado resume su posición: ¿si Mataró ha sido capaz de desmontar antiguas fábricas, por qué no puede desmontar un mural e instalarlo en otro punto?
La concejala de Urbanismo, Elizabet Ruiz, ha defendido que el gobierno municipal no se opone a la conservación de la obra y ha explicado que ya se han hecho recomendaciones y contactos con la propiedad. “No estamos en contra de la conservación”, ha remarcado. Ruiz también ha admitido que el caso todavía no está cerrado. “Todavía hay tiempo para hablar con el promotor para salvar el mosaico”, ha afirmado. Una frase que, sumada al encargo público formulado por el alcalde, sitúa ahora el Ayuntamiento en una posición mucho más activa respecto al futuro de la obra. El siguiente paso será, por lo tanto, reunir a grupos municipales, técnicos y gobierno para estudiar las alternativas reales: preservarlo integrado en la futura promoción, negociar su desmontaje, buscar una nueva ubicación o explorar alguna otra fórmula técnica que garantice su conservación.
El mural de Armand Olivé continúa sin protección formal y la promoción de viviendas sigue su curso, pero el debate ciudadano y político ya ha conseguido una primera cosa: que su derribo deje de ser asumido como un desenlace inevitable. Ahora el gobierno de Mataró se ha comprometido públicamente a intentar evitarlo.
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