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V. B.

Para combatir l’obesidad infantil, hay que educar los padres

Un estudio hecho en Mataró demuestra la eficacia de una intervención nutricional para mejorar los hábitos alimentarios familiares, a menudo nada idóneos

Los niños pequeños son un espejo de sus padres. Los hábitos de los según se reflejan en el primero. Y si los padres comen mal, los hijos también. Los malos hábitos alimentarios de las familias repercuten en una cifra creciente y cada vez más preocupante de obesidad infantil. Se calcula que en el Estado español un 45% de los niños de antro 6 y 10 años tienen problemas de sobrepeso o de obesidad, una de las enfermedades crónicas a las que este año está dedicada el Maratón de Tv3. Esta tendencia se está acentuando también entre niños menores de cinco años.

Cómo frenarlo? Una apuesta interesante es actuando en los hábitos alimentarios de los padres. Así lo demuestra un estudio realizado en Mataró por profesionales de Atención Primeria y avalado por de Instituto Universitario de Investigación en Atención Primaria Jordi Gol (IDIAP), en col•laboració con el Ayuntamiento, y publicado este año en la prestigiosa revista Público Health Nutrition. El estudio se basó en la evaluación de un programa de educación alimentaria realizado por enfermería de centros de atención primaria de la ciudad  a padres y madres de niños y niñas de antro uno y dos años, de una docena de escuelas cuna mataronines. A lo largo de cinco sesiones de estos talleres se trabajaron cuestiones de conocimiento dietético para cambiar los hábitos alimentarios de los participantes. Las encuestas posteriores demuestran una mejora clara de los hábitos de estas familias, que aumentan el consumo de verduras, pescado, aceite de oliva y vitaminas C y D ( las claves de la dieta mediterránea, que el estudio toma como referencia de patrón alimentario  saludable), y disminuyen el de mantequilla, carnes procesadas y bollería industrial. Los autores dan por hecho que si los padres comen mejor, sus hijos también lo harán.

"Los malos hábitos alimentarios que derivan en la obesidad se dan cuando el niño deja la lactancia y se incorpora a la mesa familiar", explica Margarita Roset, una de las investigadoras. Y cómo que en muchas familias la alimentación está muy lejos de ser la idónea, los niños adquieren de muy pequeños, incluso cuando apenas han cumplido el año de vida, malos hábitos que arrastrarán toda la vida. "Los niños que ya son obesas cuando son pequeños lo más probable es que también lo sean de grandes", resuelve Roset. Y la obesidad no implica tan sólo unos kilos de más, sino que puede derivar en factores de riesgo de todo tipo: enfermedades cardiovasculares, cánceres, discapacidad física y psíquica o diabetes.

Los investigadores del IDIAP consideran vital actuar en los padres cuando sus hijos son bien pequeños, porque es el momento donde resulta más sencillo que los primeros cambien de hábitos y, de retruque, los segundos también lo hagan. "Cuando los hijos son todavía bebés los padres y madres son más receptivos que nunca a aplicar los cambios necesarios en su vida porque crezcan sanos y fuertes", apunta la investigadora. Son más responsables, están mes motivados  para revisar su alimentación, y esto se tiene que aprovechar, por lo tanto desde  el equipo investigador reivindican más acciones de cariz formativo en este momento para mejorar los hábitos alimentarios entre las familias. Es casi una emergencia, ante el envejecimiento progresivo de la población y del aumento de las patologías crónicas como lo son la obesidad y la diabetes.

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