Pat Ubach i el sueño de publicar por primera vegada
Pat Ubach i el sueño de publicar por primera vegada

Pat Ubach y el sueño de publicar por primera vez

Hablamos con la autora mataronina, Premio Helena Jubany 2024, de su primera novela ‘Escafandre de vidre’ y de la apuesta por la ciencia ficción

Hay escritoras que llegan al primer libro después de un impulso súbito, y las hay que llegan después de toda una vida. En el caso de la mataronina Pat Ubach, ‘Escafandre de vidre’ no es solo un estreno editorial: es la culminación de un hilo muy antiguo, una vocación que viene de la infancia, una relación profunda con la literatura y, sobre todo, la conquista de un hito largamente observado desde el otro lado del mostrador. Publicada por Llibres del Delicte, dentro del sello Spècula, la novela se adentra en una distopía subterránea, áspera y cargada de metáfora. Pero antes del libro hay un recorrido vital que ayuda a entenderlo mejor. Pat Ubach escribe desde siempre. “Yo he escrito toda la vida, siempre imagino historias. Tengo la cabeza muy llena, mucha imaginación”, explica. No es una frase hecha: es casi una manera de ser. Desde pequeña, dice, ya inventaba cuentos, y aún conserva historias de la época escolar. “Escribo desde bien pequeña, desde los cinco años”, recuerda. “Las maestras siempre me decían que sería escritora”.

La semilla, pues, estaba allí. Pero entre aquella niña que imaginaba mundos y la autora que ahora debuta ha habido toda una vida de lecturas, formación y oficio. Nacida en Cabrera de Mar en el año 1980 y mataronina desde el 2005, Ubach es licenciada en Historia del Arte y en Antropología Social y Cultural por la UB, y también ha cursado narrativa, novela y edición en la Escuela de Escritura del Ateneo Barcelonés. Durante más de quince años, además, trabajó en el mundo del libro: en librería, en producción editorial y en agencia literaria. Es decir, conocía perfectamente las costuras del sector. Y quizás precisamente por eso veía tan lejos la posibilidad de publicar.

“Lo veía muy complicado”, admite. “Se reciben muchos originales, hay mucha gente que escribe y no sale, hay muchos cajones”. Esta conciencia del funcionamiento real del mundo editorial, en lugar de espolearla, durante años la frenó. Quería escribir mejor, perfeccionar la técnica, estar a la altura. “Yo quería ir mejorando la técnica”, dice. Publicar era una aspiración profunda, pero también una especie de horizonte intimidatorio. El giro llegó, curiosamente, cuando salió profesionalmente del mundo del libro. Fueron sus hijas, asistiendo precisamente a una presentación literaria, las que le dijeron a la madre que ella debería estar en el escenario y no en el público. “Cuando te lo dicen las hijas… sería mal ejemplo para ellas no perseguir el sueño”, explica. En esta frase está la clave de bóveda de su debut: publicar no era solo una ambición personal, sino también un gesto de coherencia, de fidelidad a aquello que una ha sido siempre.

Antes de la novela, de hecho, hubo señales de que el camino se abría. En 2024, Ubach ganó el primer premio de relatos ‘Sexo fuera de norma’, publicado dentro de la recopilación ‘Sexo y humor’ de Raig Verd. Y también obtuvo el Premio Helena Jubany con ‘Elisenda’, un relato concebido como homenaje a Helena Jubany y a “las mujeres que, como ella, nunca fueron aceptadas durante la historia por ser diferentes”. Este doble hito actuó como una confirmación. “Empecé a pensar que quizás sí”, resume.

Todo un mundo distópico

Y el “sí” acabó tomando forma en ‘Escafandre de vidre’, una novela que bebe de la ciencia ficción y de la distopía, pero que rehúsa todos los lugares comunes más evidentes del género. Su protagonista, Ane, vive en una humanidad confinada bajo tierra, sometida a unas convenciones estrictas en nombre de la supervivencia. Fuera, solo hay polvo, fuego, viento y restos de un mundo desaparecido. Dentro, el orden lo regula todo, incluso los vínculos. El día que el hijo de Ane cumple seis años —la edad reglamentaria del traslado— se activa una grieta emocional y moral que pone en cuestión todo el sistema.

Pat Ubach LIBRO
 

Ubach lo deja claro: no quería construir una heroína convencional. “No quería hacer un superhéroe o superheroína. Por eso hago a alguien muy normal que sencillamente tuvo que ir abriendo los ojos”. Este gesto es importante, porque sitúa el conflicto en un terreno íntimo, reconocible. La rebelión no nace de la épica, sino del malestar. De la intuición de que algo, bajo la frialdad normativa, es profundamente inhumano. Esta es, precisamente, una de las grandes virtudes de la novela: su capacidad para hacer de la distopía una metáfora del presente. “Todo el grupo social que lo protagoniza es como una metáfora de nuestro propio mundo”, explica la autora. La sociedad que imagina es técnica, eficiente, orientada solo a la supervivencia. No hay ocio, ni gobierno en el sentido clásico: hay administración. Hay muros de solicitudes, burocracia, normas, traslados, clasificaciones. “En el mundo no hay ocio ni gobierno, hay administración”, dice. Y aquí aflora también su experiencia laboral actual: “Soy contable fiscalista y todo el tema de la administración… ya lo decía Kafka, es picar con una pared una y otra vez”.

Este elemento burocrático no es ornamental. Es uno de los grandes nervios simbólicos del libro. La deshumanización pasa también por convertir a las personas en expedientes, en números, en piezas de un sistema ciego. Y esta lógica, que en la novela se exagera hasta la asfixia, resuena claramente con muchas dinámicas de nuestro presente. Ubach no hace panfleto, pero admite que hay una pulsión de fondo: “Parte de la metáfora sobre las mujeres y de nosotros como números, también pongo un sistema burócrata exagerado y estricto… me salió muy visceral”.

También la atraviesa una mirada feminista, aunque sin voluntad doctrinal. “Cuando escribo no tengo intención de hacer trípticos pero me salen detalles”, dice. En ‘Escafandre de vidre’, la metáfora del cuerpo, del control y de la fragilidad impuesta tiene mucho que ver con la experiencia femenina. El mismo título lo sugiere. “Una escafandra de cristal, también como mujeres”, apunta. Es una imagen poderosa: protección y vulnerabilidad a la vez, transparencia y cautividad. Que esta historia haya tomado la forma de una distopía no es nada casual. Ubach reconoce que la ciencia ficción ha sido siempre una parte esencial de su imaginario. “Me gusta, cuando consumo narrativa, también series o películas, ir lo más lejos posible de aquí”. Su formación como antropóloga conecta de manera natural: “Soy antropóloga y me gusta la cosa lejana”. Desde muy joven leía ciencia ficción, viajes en el tiempo, futuros posibles. “Con 12, 13, 14 años ya era ciencia ficción”.

Durante mucho tiempo, sin embargo, hubo un desencaje entre estos gustos y la lengua en que escribía. “Al no leer tanto en catalán, a la hora de escribir me desvinculé, era como si no ligara una cosa con la otra”. Con esta novela, dice, ha hecho “un retorno”. Y este retorno no es solo personal: se inscribe también en un momento especialmente fértil para lo fantástico en catalán. Ubach destaca que si bien años atrás se publicaba poca ciencia ficción en nuestra lengua, en la última década el panorama ha cambiado mucho gracias a nuevas editoriales y a la consolidación de un espacio lector. Recuerda, también, iniciativas pioneras como el Premio Manuel de Pedrolo, precisamente en Mataró, como un eslabón importante en este crecimiento.

La ciencia ficción, un género no menor

Por eso reivindica el género con convicción. “Mucha gente la considera poco seria, la ciencia ficción, la imaginan como algo tópico y no”. Al contrario: ve un campo inmenso para la exploración íntima, simbólica y filosófica. “Hay textos intimistas, cosas metafóricas y sorprendentes”. Y parece que los lectores le están dando la razón. “Está gustando”, dice.

Y ahora que el sueño de publicar ya no es sueño sino realidad, Ubach no piensa detenerse. Tiene proyectos en el cajón —“cosas en el cajón tengo unas cuantas”— y continúa escribiendo de manera muy activa. Trabaja por proyectos, se mueve entre ideas, y todo indica que lo fantástico continuará siendo uno de sus territorios naturales. “Normalmente tiro a lo fantástico. Me voy a ello. Tengo ganas. Viajar lejos”. Quizás esta es la mejor manera de entender su debut: como un retorno y una apertura a la vez. El retorno a aquella niña que imaginaba historias sin pedir permiso. Y la apertura de una nueva etapa, en la que aquella voz ha decidido finalmente salir del cajón y ocupar espacio. En el fondo, ‘Escafandre de vidre’ habla también de esto: de qué pasa cuando alguien, en un mundo que le empuja a obedecer, decide escuchar la inquietud y avanzar hacia la fisura.


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