Carregant...
Alfons Canela, Portavoz de Junts per Mataró

Alfons Canela Serrano

La plaza de los Ninots: recuperar una parte de la memoria de Mataró

Hay espacios de la ciudad que son mucho más que un lugar de paso. Espacios que acumulan historias, recuerdos y vivencias, y que acaban formando parte de la identidad colectiva de diversas generaciones. La plaza de l'Ajuntament de Mataró es un buen ejemplo de ello. Pero no todo el mundo sabe que, durante muchos años, este lugar fue conocido popularmente como la plaza dels Ninots. Y aún menos gente conoce el origen de este nombre.

Para entender esta historia nos tenemos que remontar al año 1962, cuando el artista mataronense Santiago Estrany i Castany (1923-2013) creó un gran esgrafiado en la fachada de la antigua Escola d'Arts i Oficis, situada en el entorno de la actual plaza de l'Ajuntament.

Santi Estrany fue uno de los artistas mataronenses más destacados del siglo XX. Pintor, dibujante, cartelista y docente, dejó una huella importante en el patrimonio artístico de la ciudad. Todavía hoy podemos encontrar diferentes muestras de su obra en fachadas y edificios de Mataró.

Sin embargo, aquel esgrafiado tenía una singularidad que lo hacía especial. No era simplemente una composición ornamental. Era una representación de Mataró, de su historia, de sus tradiciones y de sus símbolos más característicos.

En él aparecían la Coca de Mataró, el ferrocarril, les Santes, la familia Robafaves y otros elementos que evocaban la vida económica, social y cultural de la ciudad. Todo ello, con el lenguaje artístico característico de Estrany, que combinaba figuras geométricas, personajes y composiciones de una gran fuerza visual.

Aquellos personajes representados en la fachada acabaron dando nombre popular al espacio: la plaza dels Ninots.

El nombre arraigó entre los mataronenses hasta el punto que, a pesar de los cambios urbanísticos y el paso de los años, todavía hoy forma parte de la memoria de la ciudad.

Sardanas en 'la plaça dels Ninots'


La historia de aquel esgrafiado, lamentablemente, fue corta. Tal como explica Pere Tió en un artículo publicado en los Fulls (115) del Museu Arxiu de Santa Maria, fue fruto de una efeméride. Y es que La Caixa d'Estalvis de Mataró, entonces en la calle de Palau, se le acercaba el centenario (1963) y no quería recibir con un decorado tan ruinoso delante de la puerta las visitas que vendrían a Mataró ante una conmemoración tan celebrada. El hecho es que la plaza del Ayuntamiento no existía como hoy la conocemos, y en su lugar había todo un conjunto de casas adosadas que se iban derribando, hecho que dejaba, en aquel momento, la pared destartalada de la Escola d'Arts i Oficis al descubierto. Aquí es donde decidieron que se haría el esgrafiado. Pasada la efeméride y al cabo de pocos años, en 1968, la obra desapareció con el derribo de la casa que la acogía y con la transformación de la plaza y la ciudad

Mataró perdía así una pieza singular de su patrimonio artístico, pero también un elemento que había contribuido a configurar la identidad popular de uno de los espacios más emblemáticos del centro histórico. Es esta una historia que nos debería hacer reflexionar. Las ciudades evolucionan, se transforman y se adaptan a las necesidades de cada época. Pero esta transformación no debería comportar necesariamente la desaparición de los elementos que explican de dónde venimos.

El patrimonio no es únicamente aquello que figura en un catálogo o que tiene un valor arquitectónico excepcional. También, y aquí creo que tenemos un ejemplo extraordinario, es aquello que los ciudadanos reconocen como propio, que forma parte de su imaginario y que contribuye a dar personalidad a una ciudad.

El derribo del edificio y del esgrafiado en el año 1968. Foto: Santi Carreras


La voluntad de recuperar el esgrafiado de Santi Estrany no es nueva, ni es una iniciativa que nazca ahora desde la política municipal. Durante décadas, ciudadanos, artistas, antiguos alumnos de Estrany y entidades culturales de Mataró han mantenido viva la reivindicación de recuperar aquella obra. En el año 2010, el Ayuntamiento ya impulsó una modificación del Plan especial del patrimonio arquitectónico para reforzar la protección de los esgrafiados de la ciudad y reconocer el valor de la obra de Santi Estrany.

En noviembre de 2013, (el año de la muerte de Santi Estrany así como también del ejecutor de la obra, Santiago Alsina) coincidiendo con un periodo de especial reconocimiento a la figura del artista, se organizó un acto público en la plaza del Ajuntament en el que se reprodujo el mural desaparecido en una gran pancarta. Aquella iniciativa demostraba que, casi medio siglo después de su desaparición, la obra continuaba presente en la memoria de muchos mataronenses.

El reconocimiento institucional también llegó. En enero de 2014, el Pleno municipal aprobó por unanimidad la concesión, a título póstumo, de la Medalla de la Ciudad a Santi Estrany. Y todavía hay otro antecedente especialmente significativo.

En abril de 2017, el Consell Municipal del Patrimoni Arquitectònic i Ambiental volvió a abordar la posibilidad de reproducir el antiguo esgrafiado en el entorno de la plaza del Ajuntament o en el futuro edificio de Can Cruzate. Aquel debate, según consta documentalmente, ya se había planteado en ocasiones anteriores.

Por lo tanto, no estamos hablando de una ocurrencia reciente, sino de una reivindicación ciudadana sostenida en el tiempo, conocida y reconocida por las instituciones municipales, pero que todavía hoy continúa pendiente de materializarse.

Sin embargo, desde el grupo municipal y, a insistencia de Xavier Font, planteamos que la futura transformación de la isla de Can Cruzate y de su entorno abrían una oportunidad para recuperar este elemento singular del patrimonio desaparecido de Mataró, y que había llegado el momento de pasar de las buenas intenciones a los compromisos concretos.

Por este motivo, hemos presentado al Pleno del Ajuntament una propuesta de resolución para impulsar la recuperación del esgrafiado de Santi Estrany en un emplazamiento visible desde la plaza del Ajuntament y vinculado al lugar donde originariamente se encontraba. Nuestra propuesta parte de una premisa importante: la recuperación del esgrafiado debe tener entidad propia y no puede quedar condicionada indefinidamente a las vicisitudes urbanísticas de Can Cruzate.

Naturalmente, hay que coordinar ambas actuaciones. Sería absurdo plantear la recuperación del mural sin tener en cuenta la futura configuración arquitectónica del entorno. Pero una cosa es coordinar los proyectos y otra muy diferente es convertir esta necesaria coordinación en un motivo para seguir aplazando una reivindicación que lleva demasiados años esperando respuesta. La propuesta que presentamos no pretende improvisar una reconstrucción ni limitarse a instalar una reproducción decorativa.

Planteamos encargar un estudio histórico, artístico y técnico que permita determinar cómo recuperar la obra de la manera más fiel posible al original, mediante la técnica del esgrafiado, a partir de las fotografías, dibujos y documentos que se han conservado. Este estudio deberá definir sus dimensiones, los materiales, la ubicación más adecuada, el coste económico y las necesidades de conservación. También deberá tener en cuenta los derechos de autor correspondientes. Finalmente proponemos que sus conclusiones se presenten en un plazo máximo de seis meses desde la aprobación de la resolución.

Queremos, además, que este proceso cuente con la participación de la familia de Santi Estrany y de las entidades culturales, vecinales y ciudadanas que durante tantos años han trabajado para preservar su legado. Porque esta no debe ser una iniciativa exclusiva de un gobierno o de un grupo político. Debe ser un proyecto compartido por la ciudad. Recuperar el patrimonio también es construir ciudad.

A menudo, cuando hablamos del futuro de Mataró, lo hacemos en términos de nuevos equipamientos, transformaciones urbanísticas, vivienda, actividad económica o mejora del espacio público. Todo esto es muy necesario, pero las ciudades también se construyen a través de su memoria.

Una ciudad que conoce y valora su pasado tiene más capacidad para proyectar una identidad propia hacia el futuro. Y esto es especialmente importante en un momento en que tantas ciudades corren el riesgo de acabar pareciéndose unas a otras.

Mataró tiene una historia, una cultura y un patrimonio singulares. Tiene artistas que han dejado una huella profunda en su paisaje urbano. Tiene tradiciones y símbolos que nos identifican, pero tiene también deudas pendientes con su propia memoria.

Recuperar el esgrafiado de Santi Estrany no resolverá los grandes retos que afronta la ciudad. No lo pretendemos. Pero sí que puede contribuir a hacer de Mataró una ciudad más consciente de su patrimonio, más respetuosa con su historia y más orgullosa de su identidad. También permitirá que las nuevas generaciones descubran por qué aquel rincón del centro histórico continúa siendo, para muchos mataronenses, la plaza dels Ninots.

Porque una ciudad no solo se construye haciendo cosas nuevas. También se construye recuperando aquello que nunca debería haber perdido y sesenta años después, creemos que ha llegado el momento de que los Ninots vuelvan a Mataró.

 

Alfons Canela, Junts per Mataró

Etiquetas: