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Carta del lector: Docents 83 se hace eco de los efectos de los desalojos en las aulas

Jordi Fernàndez i Fàbregas

La preinscripción escolar en Mataró, en primera persona

Jordi Fernàndez Fàbregas, padre de un futuro alumno de I3 en Mataró, critica en esta carta el funcionamiento del proceso de escoger escuela

Hace unos días leía el artículo de opinión de Berenguer Chiva Aymerich en este mismo digital. Como padre de un niño que en septiembre empezará I3 me gustaría completarlo con la experiencia vivida hasta el momento por nuestra familia.

En casa pensábamos que seríamos capaces de aislarnos de presiones externas y centrar la elección de escuela (u opciones de escuelas) en aspectos como el proyecto educativo o la proximidad a nuestro domicilio. Todo empezó a torcerse el día 12 de enero cuando una técnica de la Oficina Municipal de Escolarización del Ayuntamiento de Mataró (OME) ofreció una charla a las familias de I2 en la Escola Bressol Municipal (EBM) de nuestros hijos. 

De la reunión podríamos destacar varias cuestiones, como que no se impartiera en catalán como todas las reuniones en la EBM a las que hemos asistido los tres últimos cursos. También el tono en que se ofrecía, parecía que explicaran un juego de pistas perverso, dando por hecho que en algún momento sufriríamos y que no podíamos hacer nada para evitar ese mal trago. Me centraré en un dato que nos dieron: la fecha límite para solicitar la inscripción de grupos singulares era el 30 de enero.

Un grupo singular, tal como explicaba Berenguer en su artículo, lo forman un conjunto de familias que se aseguran plaza en un centro de alta complejidad de forma que ayude al sistema a evitar la segregación a través de una inscripción en bloque. En la EBM éramos varias familias interesadas en formar uno, pero no a cualquier precio. En este caso las jornadas de puertas abiertas en los centros públicos están programadas del 21 de febrero al 3 de marzo, por lo que a priori no estábamos dispuestas a presentar la solicitud sin haber tenido la oportunidad de ver ninguna escuela pública.

Ante esta situación injusta e incoherente, desde el AFA de la EBM emprendimos dos acciones. En primer lugar organizamos unas visitas previas a las escuelas más cercanas a la escuela infantil para, como mínimo, ver dos centros que potencialmente podrían acoger grupos singulares. Quiero aprovechar para agradecer a la comunidad educativa de cada una de estas escuelas su colaboración y acogida.

La segunda acción que emprendimos fue solicitar formalmente a la OME y a los Servicios Territoriales del Departamento de Educación ampliar el plazo de presentación de solicitudes de grupos singulares. En el momento de escribir este artículo los Servicios Territoriales aún no han respondido. En cuanto a la OME, su respuesta fue que no es competencia suya y que, en todo caso, lo tendrán en cuenta el curso que viene, por lo que tampoco colaboraban en resolver este agravio en la actualidad.

Todo este desgaste adicional a un proceso ya de por sí estresante se debe principalmente al intento de gestionar la incertidumbre. Esta incertidumbre tiene principalmente tres causas que también señalaba Berenguer:

  • La zona escolar única.
  • La distribución desigual de las plazas de I3 en centros públicos y concertados en los diferentes barrios de la ciudad.
  • La forma en que los Servicios Territoriales ajustan la oferta de plazas de las escuelas de la ciudad. 

En ninguno de estos tres aspectos hace años que las administraciones competentes, Ayuntamiento y Generalitat, se estén poniendo las pilas para revertir una situación: cronificar la estigmatización de los centros públicos, especialmente de rondas hacia fuera. Mientras se siga ajustando la oferta a la demanda en primera opción y sin considerar criterios demográficos o de lucha contra la segregación la brecha se irá ampliando.  Y mientras la zona única, implantada hace unos 15 años y sin unos efectos claros, no beneficie la proximidad se irá alimentando un círculo vicioso. 

Vuelvo al principio y afirmo que en casa no hemos podido aislarnos de presiones externas. Y no, no lo hemos hecho por escuchar demasiado a familias de una u otra escuela, ni por opiniones no solicitadas de familiares o amigos ni por noticias apocalípticas sobre el rendimiento escolar. No hemos podido aislarnos porque la administración pública, empezando por aquella que debería ser más cercana a los ciudadanos que es el Ayuntamiento, nos maltrata y condiciona la escolarización de nuestros hijos e hijas de una forma injusta y sin ninguna perspectiva de resolverlo para todos los que nos sucederán en este proceso en los próximos cursos.

Jordi Fernández i Fàbregas