La Prisión de Mataró, inaugurada en febrero de 1863, fue la primera prisión panóptica construida en el Estado español y una de las más avanzadas de su tiempo en arquitectura penitenciaria. El edificio, proyectado por el arquitecto Elies Rogent i Amat, incorporaba un modelo innovador basado en el control visual constante de los internos, una concepción que marcaría un antes y un después en la manera de entender los espacios de reclusión.
El proyecto, encargado en el año 1851, respondía a la voluntad de modernizar el sistema penitenciario y poner fin a las condiciones precarias en las que hasta entonces eran recluidos los presos en las dependencias municipales. Con la nueva prisión, Mataró se situó a la vanguardia de una corriente arquitectónica que combinaba reformismo penal, racionalización de recursos y disciplina social en pleno contexto de industrialización.
El modelo panóptico: origen y funcionamiento
El concepto de panóptico fue formulado a finales del siglo XVIII por el filósofo y jurista inglés Jeremy Bentham, aunque la idea original había sido concebida por su hermano Samuel Bentham. El modelo parte de un principio clave: permitir la vigilancia de un gran número de personas desde un punto central, sin que estas puedan saber si están siendo observadas en cada momento.

La Prisión de Mataró, vista desde la cubierta
Arquitectónicamente, el panóptico se basa en una estructura circular o radial, con las celdas dispuestas en el perímetro y una torre central de vigilancia. Desde este punto, un número reducido de vigilantes puede controlar visualmente todo el espacio. El mecanismo no requiere una vigilancia constante, sino que juega con la incertidumbre: el hecho de no saber cuándo se está siendo observado induce a los internos a autorregular su comportamiento.
Bentham defendía este sistema como una solución eficiente y económica, aplicable no solo a prisiones, sino también a hospitales, escuelas o fábricas. El panóptico reducía costes de personal y convertía la propia arquitectura en un instrumento de control. El nombre proviene del griego pan (“todo”) y optikon (“ver”), y resume perfectamente su función: verlo todo sin ser visto.
La prisión de Mataró, un ejemplo pionero
La Prisión de Mataró aplica estos principios en un edificio formado por dos cuerpos conectados: uno rectangular con una torre central y otro semicircular que alberga las celdas alrededor de un patio interior. A diferencia de otros centros penitenciarios de la época, el edificio se concibió como un equipamiento plenamente integrado en el tejido urbano, con fachadas alineadas a la calle, sin fosos ni murallas.

Visitantes en el edificio penitenciario, hoy un centro cultural
Tal y como explicaba el catedrático de Filosofía Juan Ortiz en un artículo en Capgròs, este tipo de arquitectura no solo respondía a una voluntad de humanizar las condiciones de reclusión, sino también a una lógica de control social y eficiencia económica, propia del capitalismo industrial del siglo XIX, en un momento de fuerte conflictividad obrera y desigualdad social.
Un espacio de represión durante más de un siglo
A lo largo de más de 150 años de funcionamiento, la Prisión de Mataró ejerció principalmente como centro de reclusión preventiva, aunque sus usos y la organización interior fueron evolucionando con el tiempo. Cientos de personas pasaron por ella, muchas de ellas vinculadas a protestas sociales, movimientos sindicales y conflictos políticos.
El periodo más duro llegó con la dictadura franquista, especialmente durante la posguerra, cuando sus celdas acogieron a presos políticos. Algunos de los reclusos encarcelados en el centro acabarían siendo ejecutados, convirtiendo la prisión en un espacio estrechamente ligado a la represión y a la memoria histórica de la ciudad.

Festival Panóptico
De prisión panóptica a espacio cultural
Con el cierre de la actividad penitenciaria, el edificio inició una profunda transformación. Hoy, la Prisión de Mataró es la sede del M|A|C Mataró Art Contemporani, un equipamiento dedicado al arte y la creación contemporánea. Las antiguas celdas y patios, concebidos para el control y la disciplina, se han convertido en espacios de exposición, proyección y debate cultural.
En este contexto se celebra el Festival Panóptico, que toma el nombre directamente del modelo arquitectónico original. El certamen, centrado en el cine, las artes visuales y la cultura digital, ha consolidado la prisión como un referente cultural y ha establecido un diálogo simbólico entre el pasado de vigilancia del edificio y las nuevas formas de control, tecnología y mirada crítica del presente.


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