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Foto: R. Gallofré

Vern Bueno Casas

Recosir Rocafonda

El barrio es este 2017 el receptor de la mayor parte de las inversiones del Ayuntamiento de Mataró. Pero son suficientes los 2 millones de euros anunciados para resolver las carencias de este sector de la ciudad?

Rocafonda se ha convertido en la última década en el barrio más estigmatizado de Mataró. Receptor de buena parte de la inmigración extranjera llegada a oleadas en la ciudad, empobrecido por las características socioeconómicas de sus vecinos golpeados muy duramente por la crisis, con un paro juvenil muy elevado, escuelas en riesgo de ser guetitzades, graves problemas urbanísticos que se arrastran desde su creación y una sensación general de degradación y abandono de la cual se quejan muchos habitantes. Pero Rocafonda también es un barrio con una larga trayectoria de lucha vecinal que ha dado resultados tangibles de los cuales hoy disfrutan sus residentes. Un barrio con un tejido asociativo que lucha contra esta estigmatización y que hace gala de la diversidad que se vive en sus calles como elemento positivo e integrador. Rocafonda tiene voz propia y la deja sentir para reclamar que se resuelvan sus múltiples carencias, especialmente ahora que se han anunciado nuevas inversiones para mejorar barrio. Serán suficientes?


La recuperación de la ley de barrios

Rocafonda será el receptor del corte más grande del pastel de la inversión del Ayuntamiento de Mataró este 2017. Cerca de 2 millones de euros vinculados a la Ley de Barrios, que se ha podido recuperar este año puesto que la Generalitat ha retomado el apoyo económico, con fecha de caducidad el cercano 31 de diciembre. Se prevé la rehabilitación de la plaza Joan XXIII y la reurbanización de Ronda Cervantes, además de recursos para la rehabilitación de viviendas, instalación de ascensores incluida, y para programas sociales. De este modo se completará gran parte de los proyectos previstos dentro de la Ley de Barrios, que se inició en 2008 a Rocafonda (Cerdanyola fue el otro barrio de la ciudad beneficiario) y que también sirvió, hasta que la Generalitat cerró el grifo, para desarrollar la Biblioteca Antoni Comas y el Parque de Rocafonda.

Las principales inversiones se dejarán ver en la plaza Joan XXIII y a Ronda Cervantes

"Es admirable el esfuerzo financiero que ha hecho el Ayuntamiento durante varias legislaturas en situación de crisis", explica la regidora de Bienestar Social, Isabel Martínez. El Ayuntamiento, según explica el actual gobierno, mantuvo este esfuerzo en solitario en el barrio cuando la Generalitat se desdijo del copagament: la administración catalana llegó a deber de 5 millones de euros al consistorio mientras este mantenía el apoyo económico a los proyectos urbanísticos y sociales en desarrollo.


Errores históricos que se siguen pagando

La pregunta que se hace todo el mundo, pero, es: con las inversiones anunciadas hay bastante? La Ley de Barrios finaliza este 2017 y de momento el gobierno catalán "no se atreve a decirnos si darán continuidad de alguna manera", como dice Martínez. El Ayuntamiento necesita dinero otras administraciones para poder hacer actuaciones en profundidad, puesto que no tiene suficientes recursos ni competencias propios. "Hoy todavía estamos reordenando los efectos negativos de la especulación inmobiliaria de los años 60 y 70,cuando se construyó el barrio", explica el regidor de Servicios Centrales, Juan Carlos Jerez. Carencia de espacios verdes, edificios de cinco plantas sin ascensor, sin aparcamiento ni espacios comunitarios... todo ello fruto de unos promotores inmobiliarios que aprovecharon hasta la último m2 disponible poner totxo y hacerse de oro aprovechando las necesidades de vivienda que habían generado los flujos migratorios procedentes otros lugares del Estado.

Muchos antiguos vecinos del barrio han acabado marchando a nuevos sectores como la Vía Europa

Hoy Rocafonda tiene una densidad de población de 634 habitantes por hectària cuadrada, que casi triplica la media del conjunto de Cataluña. Muchos de los vecinos que se instalaron hace tres décadas hoy han marchado del barrio, fruto de las carencias del mismo, sobre todo en un parque de viviendas envejecido y a menudo sin comodidades básicas como ascensores. "Si la gente ha dejado el barrio no es por la falta de seguridad, la degradación del entorno o la presión migratoria; es sobre todo porque los pisos no ofrecen las mismas comodidades que los otros zonas", apunta Jerez. La construcción de nuevas promociones inmobiliarias a Vía Europa y Camino de la Sierra los empujó a hacerlo, y los pisos vacíos que dejaron atrás, los más baratos del mercado inmobiliario mataroní de entonces, fueron a manso de la nueva oleada de inmigrantes de origen extranjero que llegó a la ciudad a principios de la década pasada. Los ciudadanos recién llegados conviven con una población autóctona a menudo envejecida. "La estructura de edad de la población del barrio es dualitzada, los primeros moradors han ido envejeciendo progresivamente mientras y esto lo compensa una población inmigrada más joven y que tiene más hijos" explica Jordi Merino, sociólogo y técnico del Ayuntamiento al barrio.


Las comunidades de vecinos, claves en la convivencia

Los problemas que se derivan de la situación socioeconómica son varios y complejos. "Hay muchas personas grandes que, por problemas de movilidad, casi están atrapadas en casa", explican desde el Ayuntamiento. Su vida social se resume a menudo en la de la comunidad de vecinos donde viven, y las relaciones no son fáciles. El consistorio ha detectado un "incremento de la carencia de responsabilidad de la propiedad", como dice Juan Carlos Jerez. La rotación muy elevada de población que llega y marcha del barrio, sumada al fenómeno de las ocupaciones ilegales de pisos vacíos y a las patologías estructurales que sufren los propios edificios, que cuesta mucho de arreglar por la carencia de recursos económicos de los vecinos, forman un cóctel complejo y de consecuencias muy negativas. "Con un urbanismo y unas viviendas degradadas, el sentimiento de pertenencia al barrio decae muchísimo", apunta la regidora de Bienestar Social. La solución, según el gobierno municipal, pasa por un lado para trabajar directamente con las comunidades de vecinos más desestructuradas, de cara a facilitar la convivencia y la acción conjunta (buscar maneras porque lleguen a un acuerdo para instalar un ascensor, por ejemplo). Por la otra, por recosir urbanísticamente el barrio con acciones como la reurbanización de plazas y calles. "Si te haces tuya la comunidad, si sientes como tuyo la calle donde vivos, también consigues sentir el barrio donde vivos como propio", resuelve Jordi Merino.

La rotación muy elevada de población y la degradación urbanística ha afectado el sentimiento de pertenencia

El consistorio reconoce, pero, que no tiene bastante manso. "Intervenimos en el barrio en ámbitos donde no tenemos competencias ni recursos, porque las políticas de vivienda y las grandes inversiones no dependen de nosotros", explica Jerez. "Nos gustaría poder hacer muchas más cosas de las que hagamos, y a menudo no tenemos instrumentos", añade Martínez, "pero no nos podemos quedar de brazos cruzados cuando el problema lo tenemos trucando a la puerta".