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Opinión Manuel Mas

Manuel Mas i Estela

Santa María, la basílica

Manuel Mas apunta que el deterioro de Santa María obliga a Mataró a afrontar un debate incómodo: cómo preservar un patrimonio que es de la Iglesia, pero que también forma parte de la ciudad

Recojo del mostrador de un establecimiento comercial de la Plaça una hoja que pide ayuda para restaurar las puertas de la basílica de Santa Maria. "La valía material y simbólica de sus cinco puertas, que son de los siglos XVII, XVIII y XIX, requiere una intervención que garantice su integridad y conserve las huellas de la historia que tienen."

El folleto de la restauración de las puertas

 

No hace mucho fueron las campanas, con una placa dentro del campanario que da constancia de ello; días atrás un buen amigo en nombre de una histórica entidad local me pidió ayuda para el órgano pequeño (el grande, también dañado, ya veremos cómo y cuándo se hará, hace veinte años que se habla de ello); el año pasado el Arzobispo Metropolitano de Barcelona, el Cardenal Omella, hizo notar a los asistentes de la Misa de Gloria de Les Santes que la basílica necesita una mano de pintura; hay que arreglar -parece- la capilla del Roser; la instalación eléctrica presenta un estado peligroso;...

Estamos ante un problema. La mole es de la Iglesia Católica, de la parroquia de Santa Maria de Mataró, pero su deterioro en el corazón de la vieja Iluro interpela a los mataronenses. Por lo que me dicen los que están metidos en aquella congregación es un problema muy extendido por todas partes. La sociedad se ha secularizado. No hay curas ni monjas. Pocos feligreses y estos ya no son los de las clases dominantes y pudientes que apoquinaban las grandes reformas mientras el pueblo menudo se ponía la mano en el bolsillo cuando pasaba la bandeja. Ya nadie se acuerda del Diezmo. El centro de Mataró ya no es el meollo del poder ciudadano, cívicamente ya no es nada, espacio para la fiesta y el ocio, terrazas de bares y restaurantes muchos de ellos regentados por ciudadanos asiáticos. Tampoco esto es muy diferente de lo que pasa en otros lugares

Pero somos interpelados no por las creencias religiosas, que muchos no tenemos, sino por la tradición, la cultura, el mantenimiento del patrimonio, por la imagen del espacio público. ¿Cómo resolver esta situación que no es original pero sí controvertida? Los promotores de la restauración de este elemento son organismos y entidades de "misa", como corresponde, pero tienen -porque lo han pedido- el apoyo de las administraciones públicas. A las administraciones públicas va a pedir todo el mundo y tampoco pueden -y no deben- llegar a todo. Primero deben llegar a lo común, después a lo singular. ¿Entonces...? Hay que sentarse a hablar seriamente del problema, sin apriorismos ni privilegios, conscientes de la realidad, dispuestos a las cesiones por todas partes, mirando a largo plazo con consenso y constancia, como históricamente se han hecho estos edificios. Los representantes de lo común y los representados de la singularidad, histórica y decadente, pero singularidad.

Y atención, no es un problema solo de la basílica de Santa María. Hay otras baluartes religiosas en la ciudad a considerar.

24 de julio.

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