Al toque del segundo aviso, la playa de Mataró ya estaba llena a rebosar para presenciar el acto que atrae más gente de toda la Fiesta Mayor. Muchos optaron para colocar una toalla y sentarse en la arena en compañía; otros se conformaron al ver el espectáculo desde los varios bancos de piedra que hay a lo largo del Paseo Marítimo. Fuera como fuera, cuando el tercer aviso iluminó el cielo, en la playa ya nocabía ni una aguja. A cargo un año más de la Pirotecnia Tomás, los fuegos empezaron con puntualidad y se prolongaron hasta los 20 minutos de duración. En esta franja de tiempo, al cielo mataroní sepudo ver toda una lluvia de fuegos artificiales que fueron desde los más sencillos, como los truenos, hasta los más elaborados: unos petardos que, al estallar, dejaban motes doradas en el cielo creando así un fantástico juego de colores. En el repertorio tampocofaltaronlos clásicos "xiuladors", las "abejas" y las sobrecogedoras "palmeras". Entre el público se percibía cierta fascinación por el espectáculo, con aplausos que se iban sucediendo de forma irregular en función de la belleza de los fuegos plasmados en el cielo.
Precisamente, los fuegos de este año venían con un nuevo ingrediente: los efectos digitales. La idea de la Pirotecnia Tomás era disparar castillos de manera sincronizada con ordenadores para construir una coreografía especial. Una nueva medida que el público no acabó de percibir en su totalidad. "En general me han gustado, pero los he visto bastante similares a los del año pasado", opina Ángel Redondo. "Los fuegos han sido bien, y no sabíaesto de los efectos digitales, pero sí que es cierto que he visto una cosa extraña en algunos fuegos", dice Benet Acebuche. "No me han sorprendido mucho respete el año pasado, pero han sido bonitos", comenta Alba Moreno-Cid. Otros, como Pepita Cucala, creen quehubo una mejora: "yo los he visto muy guapos, mejores que los del año pasado".
Uno de los factores que facilitó la buena visibilidad del espectáculo fue, sin duda, la presencia de un viento que fue destapando el cielo a medida que los fuegos iban estallando. De este modo, no se vaacumular el humo, como pasó dos años atrás, y el acto resultó limpio y agradable a la vista.
Sarau en movimiento
Acabado el Castillo de Fuegos, enseguida se pusieron en marcha por el Paseo Marítimo las diferentes fanfarrias musicales, la apuesta de la IMAC para revitalizar un Sarau que últimamente no levantaba el vol. De las cinco formaciones protagonistas, sorprendieron especialmente las dos venidas de fuera, Fandare Eyo'nle, de la República de Benin, y Jaipur Kawa Brass Band, de la India. Estas fueron las bandas que consiguieron arrastrar más seguidores, hasta el punto de crear tapones importantes a lo largo del paseo que dificultaban el movimiento de aquellos que marchaban a casa o buscaban la barra más próxima. La apuesta por las fanfarrias movilizó bastante gente, haciendo que el Sarau de este año (que, de hecho, ya no tiene ni este nombre en el programa de actas oficial) fuera muy diferente al que se había visto hasta ahora. En todo caso, habrá que ver si puede tener continuidad o si sólo ha sido producto del recorte presupuestario que han sufrido Las Santas debido a la crisis económica. Tampoco quedó muy claro que eliminar los conciertos, que en años anteriores han acogido nombres de la talla de Antonia Font o Los Delinqüentes, sea la mejor idea por reorgantizar un Sarau que nadie tiene muy claro qué camino tiene que seguir.
La noche presentaba dos polvo de atracción más. A una banda del paseo, la última jornada del Escenario Abierto, con grupos maresmencs emergentes, y a la otra, un escenario con los punxadiscos del colectivo Oui Factory, que fueron recogiendo cada vez más público a medida que se apagaba la actividad de las Fanfarrias. Los dj's K-rlos Riquelme y Sergio Parra se dedicaron a pinchar house y electro de perfil grueso, echando de éxitos de la música dance del momento, y trufant la sesión con gritos de ánimo a los asistentes que tampoco destacaban por su sutileza. En todo caso, cumplieron con la misión de ofrecer a la gente un motivo para quedarse hasta bien tarde al paseo Marítimo, cosa que el año pasado se encontró mucho a faltar. De nuevo, por otro lado, los vendedores ambulantes de cerveza volvieron a tener una noche muy ocupada. Haciendo competencia directa a las barras, vendiendo latas de cerveza de marca blanca a un euro o atreviéndose incluso con los mojitos y otros cócteles, estos vendedores han sido más presentes que nunca a todas las noches de Las Santas.
Cedido por Televisión de Mataró
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