La posibilidad de jubilarse antes de los 62 años es una opción que seduce a muchos trabajadores, especialmente aquellos que quieren adelantar el final de su vida laboral. No obstante, esta decisión conlleva consecuencias importantes, sobre todo en forma de recortes en la pensión que pueden llegar hasta el 30%, según establece la normativa de la Seguridad Social.
En España, adelantar la jubilación hasta los 61 años solo es posible a través de la jubilación anticipada involuntaria. Esta modalidad está pensada para aquellos trabajadores que han perdido el empleo por causas ajenas a su voluntad, como despidos o cierres de empresa. Se trata de uno de los supuestos que permite un mayor adelanto de la edad de jubilación, hasta cuatro años respecto a la edad ordinaria.
Para acceder a esta vía, es necesario cumplir diversos requisitos. En primer lugar, es necesario haber cotizado al menos 33 años a la Seguridad Social, de los cuales dos deben estar comprendidos dentro de los últimos 15 años previos a la solicitud. Además, se puede computar hasta un año adicional correspondiente al servicio militar obligatorio u otras prestaciones equivalentes.
Otro requisito imprescindible es estar inscrito como demandante de empleo durante al menos seis meses antes de solicitar la jubilación anticipada. Esta condición refuerza el carácter involuntario de la situación laboral del trabajador.
En cuanto a las causas que permiten acogerse a esta modalidad, la normativa contempla diversos escenarios. Entre ellos se encuentran los despidos colectivos por motivos económicos, técnicos u organizativos, los despidos por causas objetivas, así como situaciones como la muerte o incapacidad del empresario, o la desaparición de la empresa. También se incluyen casos de fuerza mayor, modificaciones sustanciales de las condiciones de trabajo o situaciones de violencia de género o sexual que obliguen a la persona trabajadora a extinguir el contrato.
Ahora bien, el principal inconveniente de esta opción son las penalizaciones económicas. La Seguridad Social aplica coeficientes reductores sobre la pensión en función del tiempo de adelanto y de los años cotizados. Así, cuanto menos tiempo se haya cotizado, más elevado será el porcentaje de reducción.
En el caso de trabajadores que se jubilan a los 61 años, los recortes pueden oscilar entre el 30% y el 18,5%. Por ejemplo, aquellos con menos de 38 años y medio cotizados pueden sufrir reducciones de entre el 30% y el 23,13%. En cambio, los que superan los 44 años y medio de cotización afrontan recortes más moderados, de entre el 24% y el 18,5%.
Ajuste adicional a rentas altas
Además, los trabajadores con salarios elevados pueden ver cómo se les aplica un ajuste adicional si, después de las reducciones, su pensión supera el límite máximo establecido, fijado actualmente en 3.359,60 euros mensuales.
De esta manera, jubilarse antes de los 62 años es posible, pero implica asumir una reducción significativa de los ingresos futuros. Por eso, antes de tomar una decisión, es fundamental analizar bien la situación personal y valorar si compensa adelantar la jubilación a cambio de una pensión más baja.
Fuente: www.eleconomista.es/economia
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