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La Caleta

Vern Bueno Casas

Adiós a 71 años de historia: obligan a cerrar un emblemático restaurante de la costa del Maresme

La propiedad de La Caleta de Sant Vicenç de Montalt denuncia que Costas les fuerza a abandonar el local antes del 31 de julio, a pesar de tener un contrato de alquiler vigente con Adif hasta 2030. El espacio saldrá a concurso en septiembre.

 

Después de más de siete décadas de actividad, La Caleta, uno de los restaurantes emblemáticos de Sant Vicenç de Montalt, bajará la persiana de manera forzada. La familia que lo regenta denuncia que el Ministerio para la Transición Ecológica, a través del Servicio Provincial de Costas, les ha ordenado vaciar las instalaciones antes del 31 de julio —fecha en que se prevé el precinto del local y el corte de suministros—, a pesar de mantener un contrato de alquiler vigente con Adif hasta el año 2030.

El último servicio al público será este domingo 26 de julio, según ha comunicado el propio establecimiento a través de las redes sociales. Albert Casado, tercera generación al frente del negocio, remarca que la medida no responde a ninguna crisis económica ni motivo empresarial: "No cerramos porque el negocio no funcione, ni porque nos queramos jubilar. Cerramos porque se nos obliga a marchar".

 

Un conflicto administrativo arrastrado desde 2019

El origen del litigio se remonta a la nueva delimitación del dominio público marítimo-terrestre aprobada por Costas en el año 2019, que incorporó los terrenos del restaurante dentro del ámbito de su competencia.

A juicio de la propiedad, la paradoja es que Adif ha mantenido el contrato y cobrado las cuotas con normalidad durante todo este tiempo. "Desde 2019 nos dicen que somos okupas e ilegales, pero nosotros continuamos pagando el alquiler y Adif nos continúa enviando las facturas", sostiene Casado, quien añade que la empresa ferroviaria no presentó alegaciones contra el nuevo límite cuando se tramitó.

El restaurador considera incomprensible la expulsión inmediata cuando el plan de la Administración es mantener el uso gastronómico de la parcela: "No nos echan para derribar el edificio. En septiembre saldrá una licitación para que alguien abra otro restaurante. Lo que no entendemos es por qué nos echan a nosotros teniendo un contrato vigente". Además, critican lo que consideran una incongruencia de gestión: recientemente habían abonado a Adif el alquiler semestral por adelantado. "Nos piden seis meses por adelantado y dos días después nos dicen que tenemos que marcharnos en quince días".

Terraza de La Caleta

Impacto en diez familias y un caso personal complejo

El cierre del restaurante afecta directamente a diez trabajadores y sus familias, que se quedan sin trabajo. Casado lamenta que, además de perder el negocio, la propiedad deberá hacerse cargo de las indemnizaciones laborales sin recibir ninguna compensación administrativa.

El trastorno tiene, además, un fuerte impacto personal: el gerente explica que es padre de un hijo con un 75% de discapacidad y grado 3 de dependencia, y resalta que la actividad del negocio es indispensable para afrontar el coste de sus cuidados y terapias.

Se optará a la nueva licitación, a pesar de las incertezas

A pesar de la orden de desahucio, la familia tiene la intención de presentarse al concurso público que Costas prevé convocar en otoño para adjudicar la nueva concesión. Con todo, lo hacen con recelo: la información preliminar de que disponen indica que la nueva licitación reduciría la superficie del actual restaurante aproximadamente a la mitad.

"Nos presentaremos, pero dependerá de las condiciones. Si son inasumibles, no podremos competir", advierte Casado, quien se muestra muy crítico con la falta de claridad del proceso.

Uno de los últimos servicios en La Caleta

Tres generaciones vinculadas al litoral de Sant Vicenç

La Caleta abrió sus puertas en 1955 como merendero promovido por los abuelos de la familia en unos terrenos que entonces pertenecían a Renfe. Desde entonces, tres generaciones han convertido el local en un punto de encuentro de referencia en la gastronomía del Maresme, con una clientela fiel que ha pasado de padres a hijos.

En su comunicado de despedida, los regentes recuerdan que el cierre va mucho más allá del aspecto económico: "Cuando desaparece un negocio familiar con 71 años de historia no desaparece solo un restaurante. También desaparecen recuerdos, el esfuerzo de tres generaciones y una parte de la historia de Sant Vicenç de Montalt".