El Bar Noguera de Mataró vive sus últimos días de trayectoria. Después de dos generaciones de la familia homónima y a causa de la jubilación de Joan, este emblemático local en la parte alta de la calle de Enric Prat de la Riba cierra. Habrán sido, que se dice pronto, 68 años de historia desde que Joan y Maria, los padres de Joan y suegros de Anna —los actuales responsables del Noguera— abrieron. A lo largo de tantos años de buen hacer, como es lógico, el Bar Noguera ha ido ganando renombre y clientela.
Un local de aquellos con parroquia propia: trabajadores, familias o grupos que quedaban siempre sobre todo para desayunar. Mucha gente que ahora se quedará sin su bar de cabecera en Mataró. Y, claro y sobre todo, sin sus famosos 'callos'.

Los del Bar Noguera son considerados los mejores 'callos' de Mataró. Sí, 'callos', porque siempre los han llamado así. A los 'callos', en catalán, deberíamos llamarlos tripa, o quizás tripas guisadas, y cuando el plato se enriquece con morro y pata, cap-i-pota, que ya es una palabra con grasa, memoria y cazuela. Pero en el Noguera los suyos eran 'callos'. Una especialidad en el máximo sentido de la palabra porque se han convertido en el plato estrella del Bar Noguera o el que más recordarán y añorarán, ahora, sus clientes. Los del Noguera eran unos 'callos' que se convierten en contraseña sentimental.
Unos 'callos' picantes, en ración generosa. Una leyenda propia, una especie de fraternidad de mesa, jugo espeso, color vivo y el chile presente. Unos 'callos' que quien los ama no dice simplemente que le gustan, sino que hace profesión de fe gastronómica en aquel local. En el Bar Noguera los 'callos' han sido la bandera —han cocinado muchos otros platos, claro: pies, carrilleras, albóndigas, lasaña... ¡de todo!— y han sido el anticipo del cierre: la última tanda de 'callos' ya se ha cocinado y la sirven esta semana. No llegarán al sábado, día de mercado, jornada intensiva en el Bar Noguera.

Jubilación y cierre del Bar Noguera
Joan Noguera y Anna Mataró encaran sus últimos días con el bar abierto con sentimientos contradictorios. “Nos jubilamos. Él se jubila y cerramos. Eso es todo”, resume la dueña sin desatender en ningún momento a la clientela. La gran mayoría que entra pide 'callos' en esta mañana de jueves, aunque muchos desconocen todavía que será el último plato que se comerán. Anna admite que “está siendo duro, pero lo tenemos que hacer y no nos queda más remedio”. Los clientes, cuando se enteran, reaccionan.
El Bar Noguera ha sido un bar de toda la vida en Mataró, 68 años desde que Joan Noguera padre y Maria Espín lo abrieron. A lo largo de las décadas y con el cambio generacional al frente, este encantador bar con administración de lotería —algunas veces premiada— y comedor abarrotado y alicatado, muy casero y amable con todo el mundo, ha ido sumando adeptos. Su clientela lo ha convertido en parroquia. "La clientela es muy variada: hay días que es muy de profesionales tipo albañiles o pintores de la zona, otros días más de grupos que quedan para desayunar, gente de la casa. Sabe mal por ellos", admite Anna.

Días antes de que se jubilen ellos, han jubilado el plato estrella. Un plato que, por cierto, tiene el secreto de no tener secretos, según Anna. "Los 'callos' no tenían secreto: los hago tal como los hacía mi suegro. Me enseñó a medias y, si te digo la verdad, si no fuera por eso no sabría ni por dónde empezar. Son tres horitas cada 15 kilos. Buen género y ya está. Siempre me han preguntado el secreto y por mi parte no existe. Son los suegros. No tengo ningún ingrediente escondido que les ponga. De hecho, a mí no me gustan", ríe, "pero me gusta mucho cocinar y todos los platos que he hecho lo han notado", relata risueña Anna. Joan, que es hombre de menos palabras, sin embargo, remacha fácil el razonamiento: "El secreto es el cariño que le pone", dice. En referencia a la cocinera, claro. La dueña, acto seguido, dice que le "entra el canguelo" de ver la cantidad de gente que los querrá ir a degustar por última vez y quizás no llegarán a tener.
Joan y Anna son llanos, trabajadores y cercanos. El secreto que no tiene el plato estrella del Bar Noguera quizás es este, más personal, que es el que ha convertido el Bar Noguera de Mataró en lo que ha sido. Como con otros cierres históricos en Mataró, el agradecimiento y una primera añoranza antes de que bajen la persiana se combinan entre toda la gente que acude este jueves a primera hora. En cuestión de horas, quizás hasta mañana, se acabarán los 'callos'. Dentro de unos días cerrará el bar. Uno de esos establecimientos inconfundibles y que daban identidad y perfil en uno de los viales más bonitos, al levante de la capital del Maresme.
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