Las viviendas de coliving han experimentado un crecimiento acelerado en el Estado en solo dos años. Según datos del sector avanzados por 'El matí de Catalunya Ràdio', el número de camas ha pasado de 8.000 a 20.000, y una de cada cuatro se concentra en Barcelona. En la capital catalana ya hay cerca de 5.000, lo que confirma la expansión de este modelo de vivienda compartida con espacios comunes y servicios añadidos.
El coliving se dirige principalmente a estudiantes y trabajadores internacionales, especialmente jóvenes profesionales y nómadas digitales con un poder adquisitivo elevado. El precio medio ronda los 1.000 euros mensuales por habitación, una cifra muy superior a los aproximadamente 600 euros que cuesta alquilar una en el mercado tradicional.
Según Ferran Font, director de estudios de Pisos.com, este perfil de demanda ha convertido el coliving en una opción muy atractiva para los fondos de inversión. “Hace diez años casi no había colivings porque tampoco había tantos nómadas digitales”, explica. Ahora, además de crecer en número de plazas, el sector avanza hacia una profesionalización clara: grandes promotoras compran o construyen edificios enteros destinados exclusivamente a este uso.
Un encaje legal aún difuso
Hasta hace poco, el coliving resultaba especialmente lucrativo porque permitía dividir pisos en diversas habitaciones e incrementar los ingresos. Con la regulación catalana de los alquileres de temporada, esta práctica queda limitada por el tope de precios del piso entero. Aun así, el sector inmobiliario defiende que el coliving se encuentra en unos “limbos legales”.
Font asegura que esta modalidad quedaría fuera de la normativa actual, mientras que el Sindicat de Llogaters sostiene que la ley sí que se aplica. Desde la Generalitat de Catalunya admiten que están analizando cómo abordar este fenómeno emergente.
Vecinos forzados a marcharse
Una de las consecuencias más visibles es la expulsión progresiva de inquilinos. El proceso acostumbra a empezar con la compra de un bloque por parte de una empresa del sector, que espera que venzan los contratos para no renovarlos y transformar los pisos en coliving.
Es el caso de Joana Martí, vecina de la calle Avenir, en el distrito de Sarrià-Sant Gervasi, donde la empresa Vandor ha adquirido el edificio. Después de 20 años viviendo allí, ahora teme tener que abandonar su casa. “En Barcelona no encontraremos ninguna otra opción”, lamenta.
Situaciones similares viven otros residentes, como Rosario, única vecina que queda en un edificio de once pisos reconvertido casi íntegramente en cohousing.
Por su parte, Vandor asegura que actúa dentro de la legalidad y afirma que hace seguimiento individualizado de los casos, ofreciendo alternativas en algunos supuestos. La empresa defiende que su modelo responde a la demanda de vivienda para estudiantes y jóvenes profesionales.
Mientras tanto, el debate continúa abierto: el coliving crece como negocio, pero también acentúa la presión sobre un mercado residencial ya tensionado, con vecinos que ven peligrar el derecho a quedarse en su casa.
Fuente: www.3cat.cat/3catinfo
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