La preparación ante situaciones de emergencia se ha convertido en una preocupación cada vez más presente en Europa. Fenómenos naturales, conflictos geopolíticos, ciberataques o fallos de los sistemas energéticos son algunos de los escenarios que los expertos consideran posibles. En este contexto, diversas instituciones económicas han empezado a recomendar una medida que hasta hace pocos años parecía ir a la baja: guardar dinero en efectivo en casa.
El recuerdo más reciente que refuerza esta idea es el gran apagón del 28 de abril de 2025 en España. Aquel día, millones de personas se encontraron sin electricidad ni conexión a internet. La situación paralizó muchos servicios cotidianos: no se podía pagar con tarjeta, hacer transferencias ni utilizar aplicaciones móviles de pago. Muchos ciudadanos tampoco podían cocinar, comunicarse con facilidad o comprar en establecimientos que dependían de sistemas digitales. En aquel momento, elementos tan sencillos como una radio o una pequeña cantidad de dinero en metálico se convirtieron en recursos muy valiosos.
Esta experiencia ha hecho reflexionar tanto a ciudadanos como a instituciones. Uno de los casos más destacados es el de Suecia, un país conocido por el uso muy reducido de efectivo en la vida cotidiana. A pesar de esta tendencia hacia la digitalización, el banco central sueco, el Riksbank, ha recomendado a sus ciudadanos guardar dinero físico en casa como medida preventiva ante posibles crisis.
Concretamente, el Riksbank sugiere que cada adulto disponga de unas 1.000 coronas suecas en efectivo, el equivalente aproximado a unos 90 euros. Según la entidad, esta cantidad debería permitir cubrir una semana de gastos básicos en caso de que los sistemas de pago digitales dejen de funcionar temporalmente. Además, recomienda tener el dinero en diferentes denominaciones para facilitar las compras en situaciones de emergencia.
Esta decisión ha despertado preguntas entre algunos economistas. El economista Santiago Niño Becerra recuerda que, después del apagón de 2025, en España también se sugirió que las familias dispusieran de una cierta cantidad de dinero físico. Según él, el hecho de que ahora países altamente digitalizados hagan la misma recomendación abre el debate sobre la vulnerabilidad de los sistemas electrónicos de pago ante posibles fallos tecnológicos o ciberataques.
La recomendación sueca no es un caso aislado. El Banco Central Europeo también ha indicado que tener entre 70 y 100 euros en efectivo por persona puede ser suficiente para cubrir necesidades básicas durante aproximadamente 72 horas. Este margen permitiría comprar alimentos, medicamentos, combustible u otros productos esenciales mientras se resuelve una posible interrupción de los servicios.
De hecho, la experiencia del apagón de 2025 demostró la utilidad del dinero en efectivo. Mientras muchos sistemas electrónicos de facturación quedaron inoperativos —con una caída de más del 50%—, los billetes y las monedas seguían siendo una forma de pago válida en los establecimientos que se mantenían abiertos.
Diversificar métodos de pago
En un mundo cada vez más digitalizado, los expertos insisten en que diversificar los métodos de pago puede ser clave para afrontar situaciones inesperadas. Disponer de una pequeña reserva de efectivo, junto con otras medidas de preparación básica, puede ayudar a las familias a reducir riesgos y responder con más seguridad ante posibles emergencias.
Fuente: www.lecturas.com/diario
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