Hay firmas que son solo protocolo. Y las hay otras que llegan para poner nombre y estructura a un trabajo que ya hace tiempo que camina. La rúbrica del convenio entre Bloc Cooperatiu y el Sindicat de Llogateres pertenece claramente a esta segunda categoría. El acuerdo, formalizado en el Cafè de Mar de Mataró el 16 de abril, no nace de la nada: llega después de dos años de trabajo compartido en el Punt de Suport a les Llogateres del Maresme y se presenta como un paso más, “sólido y estable”, para construir una alternativa al funcionamiento dominante del mercado de la vivienda.
La escena no es menor. Por un lado, el Sindicat de Llogateres, expresión de un sindicalismo de vivienda que parte del conflicto cotidiano del alquiler, de la defensa ante abusos, subidas, renovaciones y desahucios. Por el otro, Bloc Cooperatiu, una cooperativa mataronina que trabaja desde el 2020 para “transformar el mercado de la vivienda” y que hoy gestiona más de 60 pisos de alquiler asequible en Mataró. El entendimiento entre ambas organizaciones no es solo organizativo: es el encuentro entre dos maneras complementarias de intervenir sobre el mismo problema.
Una alianza concreta y útil
Esto es, de hecho, lo que hace interesante el acuerdo. En un contexto en que el acceso a la vivienda se ha convertido en una de las grandes angustias materiales del país, el convenio no se limita a compartir logo o escenario. Establece una relación de reciprocidad muy concreta: el Sindicat de Llogateres pasará a ser socia colaboradora de Bloc Cooperatiu, y las socias de ambas entidades compartirán ventajas y servicios. Las socias de Bloc tendrán el mismo apoyo y asesoramiento del Sindicat, mientras que las socias del Sindicat tendrán acceso preferente a los proyectos y vacantes de Bloc Cooperatiu. Este detalle es clave porque aterriza el discurso. A menudo se habla de alternativas a la vivienda en términos abstractos, pero aquí hay una concreción muy clara: socializar conocimiento, compartir red y conectar defensa y salida. No es solo acompañar a una inquilina cuando tiene un problema; es también poderle ofrecer horizontes fuera del circuito especulativo, sea a través de proyectos cooperativos, de cesión de uso o de otras fórmulas colectivas que no dependan exclusivamente del mercado privado ni de la lentitud administrativa.
La presidenta de Bloc Cooperatiu, Maria Fàbregas, lo situó en estos términos en la presentación del acuerdo: la firma supone un reconocimiento al trabajo hecho y da más fuerza a la hora de “impulsar” alternativas de vivienda cooperativa en el Maresme y de reclamar a quien tiene poder que active mecanismos útiles. El mensaje encaja con la trayectoria reciente del Bloque, que en marzo del 2025 ya había firmado un convenio con La Dinamo Fundació para fomentar la vivienda cooperativa en cesión de uso en Mataró y la comarca.
Del conflicto a la construcción de alternativas
Desde el Sindicat de Llogateres, la lectura es aún más política. Su presidenta, Joana Rodríguez, subrayó que la alianza llega después de “éxitos recientes” y que existe un “potencial enorme” en la vivienda cooperativa para dar salida a bloques amenazados por desahucios o abandono. No es una hipótesis teórica. En los últimos meses, el mismo Sindicat ha vinculado esta estrategia a casos concretos como la cooperativización del bloque Sant Agustí o el caso del Juanjo, en Ciutat Meridiana, donde una compra cooperativa acabó evitando que la vivienda continuara sometida a la lógica de un fondo.
Este es probablemente el meollo del asunto del tema: el nuevo entendimiento entre Bloc Cooperatiu y Sindicat de Llogateres se inscribe dentro de una idea cada vez más extendida en el moviment per l’habitatge català, según la cual el sindicalismo y el cooperativismo pueden pasar de resistir a construir alternativa. El cooperativismo puede convertirse en una herramienta útil para recuperar suelo privado del mercado especulativo mediante la propiedad colectiva y la cesión de uso, y esta alianza ya empieza a dar frutos en experiencias concretas.
Mataró y el Maresme, laboratorio de otra cultura de la vivienda
Para el Maresme, este movimiento tiene una lectura aún más concreta. El Punt de Suport a les Llogateres del Maresme, que se celebra los últimos miércoles de mes a las 19 h en el Cafè de Mar, se ha consolidado como un espacio de referencia comarcal. La voz ha corrido y la afluencia ha crecido. Ahora, con el convenio, aquella colaboración informal se convierte en estructura estable y en mensaje compartido: ante un mercado que convierte la vivienda en rentismo y expulsión, hay caminos colectivos que vale la pena hacer visibles.
No es una varita mágica, ni las propias entidades lo presentan así. Pero sí una pieza relevante de otra cultura de la vivienda: menos especulativa, más comunitaria y más útil para quien no puede esperar milagros. En Mataró y en el Maresme, esta alianza no promete soluciones instantáneas. Promete una cosa más seria: organización, conocimiento compartido y una salida colectiva allí donde el mercado solo ofrece precariedad.
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