Comas/Soler firman la crítica teatral Vigencia y necesidad de García Lorca
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Contar los muertos

Reseña de 'Todos pájaros', que se representó al Teatro Monumental el 23 de febrero  

Con el inicio de febrero comenzaba también el segundo ciclo de la programación de teatro y danza de esta temporada en el Monumental y, apenas tres semanas después, ya acogía otro espectáculo. Y de envergadura: ‘Tots ocells’. Este es el último gran título del dramaturgo, actor y director Wajdi Mouawad que la compañía La Perla 29, con dirección de Oriol Broggi, ha adaptado al catalán.

Autor reconocido

Nacido en 1968 en un pueblo del sureste del Líbano, desde pequeño Mouawad tuvo que refugiarse en Beirut con su familia cristiana maronita debido a la guerra civil en el país. Luego emigró a Francia y más tarde a Quebec, donde pudo estudiar artes escénicas, formar su propia compañía y escribir sus primeras obras. Actualmente, es una de las figuras más relevantes de la creación teatral en francés. Traducido a más de veinte idiomas y representado en los cinco continentes, desde 2016 dirige el Théâtre National de la Colline de París.

Antes de ‘Tots ocells’, en el escenario del Monumental ya habían recalado otras tres grandes piezas suyas –‘Incendis’ (2012), ‘Cels’ (2014) y ‘Boscos’ (2017)– siempre de la mano de Broggi. Los espectadores habituales del teatro seguramente las recuerdan por la contundencia de sus relatos trágicos y unas representaciones notables.

Amor, origen, culpa, transmisión...

Estrenada hace ocho años en París, en una versión dirigida por el propio autor, ‘Tots ocells’ es la fábula contemporánea de un amor imposible rodeado de un drama familiar derivado de la fatídica violencia secular que acontece en Oriente Medio.

Dos jóvenes se conocen casualmente en Nueva York y se enamoran. Ella es Wahida, una norteamericana de origen árabe que está trabajando en una tesis sobre León el Africano, un diplomático musulmán que en el siglo XVI, al ser capturado y entregado al papa León X, se vio obligado a abrazar la fe cristiana. Él es Eitan, un joven judío nacido en Alemania que se dedica a la investigación en genética. Su abuelo paterno, Etgar, de niño había sido deportado a un campo de exterminio nazi y logró sobrevivir. Posteriormente, se trasladó a vivir a Israel y se casó con Leah. Pero se separaron y Etgar regresó a Berlín con su hijo David, que entonces tenía quince años. Con el tiempo, este se casó con Norah, una judía de familia comunista nacida en la Alemania del Este, y tuvieron a Eitan.

Una crisis familiar estalla cuando Eitan, aprovechando la fiesta de la Pascua, invita a Nueva York al abuelo y a sus padres para presentarles a su compañera. Estos la rechazan, sobre todo David, un sionista cegado e intransigente, que ve en ella la imagen del enemigo endémico del pueblo hebreo. Discute con su hijo y, en un arrebato de ira, lo culpa de traición, pues al unirse con Wahida, dice, renuncia a transmitir su condición de judío.

Poco después de este episodio, Wahida y Eitan viajan a Jerusalén camino de Jordania. Ella quiere completar su tesis sobre León el Africano y él conocer a su abuela Leah para desentrañar los antecedentes familiares. Pero un atentado repentino hiere gravemente a Eitan, quien, en medio del caos de la masacre, es hospitalizado en estado de coma. Con dificultades, Wahida consigue que la abuela, a pesar de sus desavenencias con los familiares de Alemania, les haga saber la gravedad de la situación del joven. Es así como todos se reencuentran en Jerusalén y se acaba descubriendo el secreto que los dos ancianos sabían y que contradice la obstinación de David por la transmisión de su sangre judía.

'Tots ocells', al Monumental
‘Tots ocells’, al Monumental


Montaje excelente

Como en otros de sus grandes textos en los que juega con un gran número de secuencias, Wajdi Mouawad estructura la complicada trama argumental de ‘Tots ocells’ en veintiséis escenas que se encadenan o se solapan con saltos de lugar y de tiempo. Su lenguaje, siempre potente y emotivo, esta vez tiene menos ocasiones para resonancias poéticas, dado que el realismo descriptivo que adopta la ficción conduce a un desenlace desolador.

Este es el material dramático del que Oriol Broggi se ha valido para construir una propuesta excelente de casi cuatro horas. Es difícil encontrar a alguien más que penetre con tanta agudeza hasta el núcleo del teatro del escritor libanés. El sello que ya había demostrado antes, lo hace evidente otra vez. Tanto, que habiendo visto la versión original que el autor presentó en 2017 en la Colline de París, se puede decir que la del director catalán es más redonda.

En su montaje, Broggi adopta una buscada simplicidad escenográfica que le es extremadamente útil para representar la diversidad de lugares donde se desarrolla la acción y que complementa sabiamente con precisos subrayados de iluminación y sonido. Utiliza, además, el apoyo de vídeo para contextualizar el avance de la narración con grabaciones de referencias reales y, sobre todo, para proyectar grandes primeros planos en vivo en los que se simboliza cómo los personajes se expresan alternativamente en diversas lenguas. Es un recurso que recalca, tal como quiere Mouawad, que es la mezcla y no una supuesta pureza de sangre lo que es consustancial al común de los humanos.

Un reparto que también lo vale

El gran mérito de Broggi se manifiesta también en la cuidada dirección del equipo de intérpretes, que realizan un trabajo conjunto extraordinario, comenzando por los tres niveles genealógicos que vertebran la representación. Primero, los jóvenes: Miriam Moukhles es una Wahida de un protagonismo perturbador, por la inmensa verdad que transmite, y Guillem Balart, un Eitan tan bien interpretado que convierte al científico locuaz en el aguijón de los postulados indispensables de la obra. También los padres: el David de Joan Carreras sabe transmitir hasta la desolación extrema el fanatismo ciego que acabará destruyéndolo, y Clara Segura es Norah, una psicoanalista que quiere y no quiere porque está atrapada en un mar de contradicciones. Igualmente, la pareja de mayor edad: tanto Xavier Boada en el papel de Etgar, un anciano de bondad críptica, como Marissa Josa en la piel de Leah, la abuela de mal genio clarividente. Completan el reparto los personajes secundarios que Queralt Albinyana y Xavier Ruano interpretan con gran oficio.

Parábola concluyente

La trayectoria vital de Mouawad lo ha llevado a hacer siempre presente en sus creaciones teatrales las circunstancias de violencia provocada por el odio que fundamenta las identidades enfrentadas en el mosaico étnico de la orilla este del Mediterráneo...

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