La representación de ‘Les mans’, de Llatzer Garcia, coincidió el sábado pasado con la celebración por segundo año consecutivo en toda Cataluña de la campaña Cap Butaca Buida, una iniciativa cultural promovida por empresas de teatro, instituciones y medios de comunicación que pretende conseguir la complicidad de todos para que en un día señalado del año los ciudadanos llenen hasta la última butaca los teatros del país. Quiere ser, por decirlo de alguna manera, el día del teatro a nivel catalán y un medio para promover la asistencia habitual a las salas que programan espectáculos de artes escénicas. En esta ocasión, se logró convocar a 71.441 espectadores entre los 217 teatros que se sumaron a la campaña. Un récord.
Obra bien recibida
Llatzer Garcia (Gerona, 1981) es un dramaturgo, profesor, director de escena y de cine que se ha ganado un lugar destacado en el panorama teatral catalán. Algunos de sus textos han sido traducidos a diferentes idiomas y también reconocidos con diversos premios, entre ellos los de la crítica especializada.
La obra ‘Les mans’, dirigida por Sílvia Munt y protagonizada por Raquel Ferri y Ernest Villegas, se estrenó en La Villarroel en julio del año pasado dentro del Grec Festival de Barcelona y tuvo una gran acogida por parte del público. Su trama narra los enredos de la relación sentimental de una pareja. Nada inédito.
Confrontación de egos
Ella, Paula, es guionista y está iniciando el rodaje de lo que debe ser su primera película como directora. Él, Isaac, es actor y debe interpretar uno de los papeles protagonistas. Pero de repente, inducida por el miedo al fracaso y en medio de emociones contradictorias, ella toma la decisión de prescindir de él. Isaac, al sentirse excluido debido a las secuelas de una enfermedad mental, reacciona con ira y un deseo de venganza. Se siente profundamente traicionado, porque el argumento del filme relata experiencias de su convivencia con Paula, y lo vive como si ella le hubiera arrebatado algo que le pertenece íntimamente. Así, ambos caen en una espiral tempestuosa de reproches, desconfianza y resentimientos. Hasta la ruptura. Se puede decir que es un desamor entre dos egos influenciados por la presión de los focos de la profesión cinematográfica: los del plató de rodaje y los del mundo de la comunicación que lo rodea, que son, al fin y al cabo, los que crean, o no, la imagen de éxito deseada.
La historia no tiene un final concluyente. Quién sabe si, después de una catarsis bañada en alcohol y de poder darse las manos sin temblores, les queda la posibilidad de un desenlace afortunado y llegan a "comer perdices", como en los cuentos. Tal vez sí.
Buena dirección
En este material dramático escrito por Llatzer Garcia, algunos especialistas han querido ver influencias de importantes realizadores de cine. Tal vez. Sea como sea, tiene la suerte de haber contado con el pulso preciso de Sílvia Munt, actriz de larga trayectoria y directora de solvencia demostrada. Su buen trabajo es el mayor mérito de una puesta en escena cuidada que permite a Raquel Ferri y Ernest Villegas ofrecer interpretaciones convincentes. Mejor imposible.

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