Cuando ya estamos a pocos días de Semana Santa, todo el mundo lo sabe: la Pascua es inminente. Y con ella llega la tradición familiar más dulce de todo el año, la mona. Una mona que, si es de autor y de primera calidad artesanal, se disfruta dos veces: una con los ojos y la otra al comérsela. Hacer la mona es una tradición que admite mil formas, estilos y lecturas: puede ser juego, sorpresa, ternura, creatividad o incluso una pequeña declaración de intenciones en la mesa.
Pero si hay una cosa que muchos mataronenses tienen clara es que apostar por Sacher es hacerlo sobre seguro, con la calidad como sello inconfundible. Porque una mona suya no es solo un dulce de Pascua: es garantía de impacto inmediato, de ojos como naranjas entre los niños y de aquella sonrisa cómplice, satisfecha y llena de gusto de los mayores que confirma que la tradición, cuando se hace bien, todavía emociona.

Un universo de animales hecho con huevos y esferas
La Pastelería Sacher ya va llenándose de la hornada de figuras de chocolate de este año. Antoni Pons, su maestro pastelero, comanda un obrador que —eso también lo sabe todo el mundo en la capital del Maresme— se caracteriza por una apuesta por la excelencia y la exigencia. Cada pieza tiene un trabajazo detrás y no sale si no ha salido del todo bien. Detrás de cada cuerpo está el molde, el chocolate en su punto. Cada pieza está pulida, cuidada y terminada. Cada pastel es un homenaje delicioso al trabajo de pastelero. De un pastelero de la primerísima división.
En Sacher, la mona de Pascua vuelve a ser sinónimo de oficio, creatividad y una manera muy particular de entender el chocolate. Según explica Antoni Pons, el obrador mantiene la línea de los últimos años, fiel a una especialización que ya se ha convertido en marca de la casa: las figuras de animales construidas a partir de huevos y esferas de chocolate, piezas que despiertan una gran expectación cada temporada. La clave de estas monas es, precisamente, esta apuesta por formas limpias y reconocibles, con un acabado muy cuidado. En Sacher, “tratamos las piezas con mucho cariño, muy pulidas, muy limpias” y se intenta que sean también “minimalistas”, un estilo que da personalidad propia a las creaciones del obrador. El resultado son monas elegantes, simpáticas y muy visuales, capaces de atraer tanto a los niños como a los adultos.

Entre las figuras que más triunfan hay algunos clásicos que se repiten porque son de los más demandados, como el caracol, la jirafa o la tortuga. Este año, sin embargo, también hay novedades que amplían la colección y renuevan el escaparate. Es el caso del pingüino, una pieza nueva creada también a partir de la esfera y reinterpretada en una nueva versión. Junto a estas propuestas conviven otras figuras singulares y con mucha fuerza visual, como la langosta o el perro con globos inspirado en Banksy.
Todo este universo no sale de moldes industriales ni de procesos impersonales. En Sacher, los huevos de chocolate los elaboran íntegramente artesanalmente en el mismo obrador. Trabajan el chocolate, lo modelan y lo moldean ellos mismos, hecho que refuerza el valor artesanal de cada pieza. Esta elaboración propia permite controlar su acabado y ofrecer una gran variedad de monas, siempre con el sello de la casa.

Más allá de las figuras de chocolate, la oferta de Pascua de Sacher también incluye los pasteles clásicos que continúan teniendo una gran salida y que completan la tradición de la mona. No faltan opciones tan arraigadas como la trufa y yema, la Sara, la de nata y quemado u otras variedades que permiten adaptar la celebración a los gustos de cada familia.
Y recordad, como siempre en Sacher, ¡encargar es la única garantía!
Pastelería Sacher
- Dirección: Calle de Sant Benet, 14 - Mataró
- Teléfono: 937 57 44 96
- instagram.com/pastisseriaschr

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