Hay pueblos que se pueden reconocer por un monumento, por una tradición, por un oficio, por la orografía o por el negocio. Y a otros los reconoces en una cazuela. Arenys de Munt tiene en el relleno su particular plato nacional. No hay himno gastronómico más propio que estas manzanas rellenas de carne, dulces hasta la exageración, cocinadas con paciencia y servidas con el orgullo de quien sabe que está ofreciendo mucho más que comida. Porque el relleno no es solo una receta. Es Sant Martí, es familia, es memoria y es Arenys de Munt concentrado en una manzana.
Con la llegada de la Fiesta Mayor de Sant Martí, el 11 de noviembre, vuelven las cazuelas, los olores de canela y chocolate y aquella liturgia culinaria que no admite prisas. Y este domingo 8 de noviembre, a partir de las 11:30 h, la plaza de la Iglesia acogerá la 30ª Muestra de Relleno, una cita que reivindica uno de los tesoros más singulares de la gastronomía del Maresme.
¿Una manzana con carne? ¡Pues sí, y qué maravilla!
La primera sorpresa para quien no conoce el relleno es descubrir de qué está hecho. Una manzana rellena de carne picada, cocinada con azúcar, almendras, canela, chocolate y otros ingredientes que cada casa combina a su manera. Una mezcla de dulce y salado que puede parecer extravagante a los paladares modernos, pero que remite a una manera de entender la cocina muy antigua, propia de los grandes platos festivos de raíz medieval. No sirve cualquier manzana. Tradicionalmente se utilizan las manzanas del ciri o las camoses, variedades de carne firme que soportan las largas cocciones sin deshacerse. Se vacían, se rellenan con el relleno —el famoso tap— y se empiezan a cocer. Y aquí llega uno de los secretos más importantes: el tiempo.
Porque el relleno no se cocina en un rato, sino durante días. Un poco de fuego, un poco de reposo. Volver al día siguiente. Dejar que la manzana se impregne de todos los sabores y que el jugo se transforme en una salsa espesa, dulce y extraordinariamente aromática. Una cocina que parece hecha expresamente para desafiar las prisas del mundo actual.
Tantas recetas como casas, tantos secretos como abuelas
En Arenys de Munt no hay una única manera de hacer relleno. Hay familias que le ponen carquinyolis, otras melindros, turrón, vino dulce o un chorrito de licor. La cantidad de azúcar, el tipo de carne, las especias y las horas de cocción son cuestiones que pueden generar debates apasionados alrededor de cualquier mesa. Cada casa defiende su receta, generalmente heredada de madres, abuelas y bisabuelas. Y cada año llega el momento del veredicto familiar. Que si este año han quedado más buenas, que si el año pasado eran más melosas, que si nadie las hacía como la abuela. Este es precisamente uno de los grandes encantos del relleno: no es una receta congelada en un recetario, sino una tradición viva.
Las manzanas rellenas no son exclusivas de Arenys de Munt. También tienen tradición en Teià y en poblaciones del Empordà. Pero pocos municipios han convertido este plato en un símbolo de identidad tan potente como Arenys de Munt. Allí donde otras recetas tradicionales han ido desapareciendo, los arenyencs han sabido mantener el relleno bien vivo.
Treinta muestras para asegurar su futuro
La Mostra de Relleno de Arenys de Munt, que comenzó en el año 1996, es una de las grandes responsables de esta continuidad. La iniciativa ha permitido sacar las cazuelas de las cocinas particulares y convertir una tradición familiar en una celebración colectiva. La muestra de este domingo 8 de noviembre volverá a ofrecer la oportunidad de comprar y degustar las tradicionales manzanas de relleno y también el pastel elaborado a partir de esta especialidad. Las manzanas se venderán a 4 euros, las porciones de pastel a 2 euros y los pasteles enteros a 15 euros. Pero el valor de la jornada va mucho más allá de la degustación. Es una manera de enseñar a los más jóvenes que el patrimonio también se come, que las recetas son cultura y que preservarlas exige seguir cocinándolas.
En Arenys de Munt, Sant Martí no sería del todo Sant Martí sin el relleno. Los gigantes pueden bailar, las sardanas pueden sonar y la Fiesta Mayor puede llenar las calles. Pero cuando una cazuela de manzanas rellenas llega a la mesa, con ese olor inconfundible y el jugo espeso que pide pan o cuchara, el pueblo sabe que la fiesta es completa. Porque hay tradiciones que se explican. Y hay otras que, afortunadamente, todavía se pueden probar.
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