El Masnou ha estrenado un proyecto cultural que ya es mucho más que una exposición o una iniciativa artística: es una declaración de intenciones. Se llama The Masnounien y ha nacido del talento coral de cerca de cuarenta ilustradores y diseñadores vinculados al municipio. La propuesta es tan singular como potente: recrear portadas imaginarias inspiradas en la mítica revista The New Yorker —que este año cumple 100 años— pero centradas en El Masnou como protagonista absoluto. El resultado: cuarenta y cinco portadas que capturan la esencia del municipio, su cotidianidad, su humor, sus personajes y sus tensiones. Y, sobre todo, su universo creativo.
Este enero, The Masnounien se exhibe públicamente por primera vez —hasta el 31 de enero— y ha permitido que la experiencia, hasta ahora confinada en Instagram y en la web del proyecto, aterrice en formato expositivo y tangible. Y lo más relevante: el proyecto no nace como un capricho artístico, sino como una apuesta estratégica para posicionar El Masnou como pueblo creativo, cultural y conectado con el mundo, con los jóvenes creadores y las disciplinas visuales en el centro.
Un movimiento artístico que sitúa El Masnou en el mapa
El motor del proyecto, el editor Carles Feliu, lo resume con claridad: «El resultado es una propuesta creativa de ámbito internacional que hasta ahora solo estaba al alcance de grandes ciudades». La comparación no es gratuita: iniciativas similares vinculadas a The New Yorker ya funcionan en ciudades como París, Berlín, Buenos Aires o Estocolmo. Que El Masnou se sume en 2025 es un mensaje rotundo: el talento no depende del tamaño del territorio.
Esta es la clave del proyecto: en un municipio costero de tamaño medio, cerca de 40 creadores —estudiantes, jóvenes profesionales y artistas consolidados— han decidido romper la barrera entre la escala local y la mirada global. Las portadas, lejos de ser un ejercicio decorativo, son piezas de narrativa visual: aparecen diversidades, vínculos emocionales, crítica urbana, humor, vida cotidiana, memoria y denuncia. Es arte que habla de lo que ocurre y de lo que preocupa; es territorio convertido en lenguaje cultural.
Creatividad joven, aprendizaje y comunidad
Otra de las singularidades destacables de The Masnounien es su componente intergeneracional. En un mismo colectivo conviven creadores con trayectorias largas y reconocidas con jóvenes que apenas empiezan. Este encuentro no es circunstancial: genera intercambio, mentoría y red profesional, tres elementos clave para consolidar sectores culturales emergentes. Al mismo tiempo, los promotores han entendido que la creatividad se multiplica cuando hay comunidad, y por eso el proyecto ha buscado desde el primer momento la implicación de la ciudadanía. No es solo una exposición: es una excusa para hacer pueblo y hacer cultura desde abajo, con talleres, actividades, juegos expositivos e incluso una colección de cromos con todas las portadas, distribuidos en las tiendas del municipio para que niños y familias puedan “coleccionar El Masnou”.
Este gesto aparentemente menor es, en realidad, estratégico: convertir el pueblo en ecosistema cultural, generar pertenencia y consolidar el arte como herramienta educativa.
Nuevo posicionamiento cultural de El Masnou
El proyecto también opera en clave de posicionamiento territorial. En un momento en que ciudades y pueblos compiten por atraer talento, turismo cultural, actividad económica y calidad de vida, The Masnounien ofrece una carta de presentación moderna, amable y sofisticada. No habla solo de arte, sino de marca local, de futuro y de cómo El Masnou quiere ser percibido fuera del Maresme. No es casual que muchos observadores interpreten ya esta iniciativa como uno de los intentos más serios de los últimos años de reivindicar la ilustración como lenguaje y como arte, y al mismo tiempo como un mecanismo de internacionalización cultural. En un municipio históricamente vinculado al mar, a la navegación y al comercio, ahora aflora una nueva identidad: la de El Masnou creativo.
A medida que el proyecto crece en redes y gana reconocimiento, se dibuja un escenario de futuro: El Masnou como nodo creativo del Maresme, capaz de atraer jóvenes artistas, estudios, iniciativas y público. Muchas ciudades han descubierto que la cultura es innovación y desarrollo económico. El Masnou podría ser la próxima.
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