Los especialistas recomiendan priorizar los productos saludables
Los especialistas recomiendan priorizar los productos saludables

Redacció

Los errores que hay que evitar en la alimentación infantil

Los especialistas recomiendan no prohibir alimentos ni obligar a los niños a terminarse el plato, sino priorizar los productos saludables y dar ejemplo desde casa

Promocional Febrer 26 (2)
 

Educar a los niños en una alimentación saludable es un reto para muchas familias, que a menudo viven las comidas con estrés y preocupación. A pesar de tener más información que nunca sobre nutrición, las dudas continúan: ¿hay que prohibir los dulces? ¿Qué pasa si solo quieren pasta? ¿Tienen que terminarse todo lo que tienen en el plato? Tres especialistas en nutrición y psicología coinciden en la necesidad de priorizar los alimentos saludables, reducir los ultraprocesados y, sobre todo, respetar el hambre y la saciedad de los niños.

Según los datos recogidos en el programa L'ofici d'educar, siete de cada diez familias aseguran que alimentar a los hijos es una de las principales fuentes de estrés del día a día. Para Indira Paz-Graniel, dietista-nutricionista y doctora en Nutrición y Metabolismo, una de las claves es dejar de clasificar los alimentos como "buenos" o "malos" y valorar el conjunto de la dieta. Su recomendación es priorizar frutas, verduras, legumbres, pescado, huevos y frutos secos, sin olvidar que comer sano no tiene que ser necesariamente más caro: las legumbres y los productos de temporada son alternativas asequibles.

La preocupación por ofrecer una alimentación adecuada, sin embargo, puede acabar generando una vigilancia excesiva. Laura Cañas, doctora en Psicología y especialista en trastornos de la conducta alimentaria del Hospital Sant Joan de Déu, alerta de que esta presión puede provocar angustia y convertir las comidas en un conflicto familiar.

Respetar el hambre y reducir los ultraprocesados

Una de las recomendaciones principales de los expertos es evitar obligar a los niños a terminarse el plato. Julio Basulto, dietista-nutricionista y autor del libro 'Se me hace bola. Cuando no comen como queremos que coman', defiende que los adultos tienen que decidir qué alimentos ofrecen, pero que los niños tienen que poder determinar qué comen y en qué cantidad. El hambre infantil, recuerda, es "errática e imprevisible" y varía según las necesidades de cada momento.

En este sentido, frases como "no te levantas de la mesa hasta que te lo acabes" pueden dificultar que los niños y niñas aprendan a identificar el hambre y la saciedad. Los adultos tienen que establecer unos horarios y unos límites razonables, pero respetando las señales del cuerpo.

Otro de los grandes retos es reducir el consumo de ultraprocesados y azúcar. Basulto advierte de la presencia excesiva de estos productos en la alimentación infantil y propone no tenerlos habitualmente en casa, en lugar de convertirlos en alimentos prohibidos o en premios. También hay que vigilar la suma de pequeños consumos cotidianos, como los zumos envasados, las galletas y los dulces, que pueden acabar siendo habituales.

Paz-Graniel, además, desmiente el mito de que el azúcar provoque hiperactividad en los niños: el aumento de glucosa en sangre no implica necesariamente este efecto. La preocupación principal debe ser el contexto alimentario y el consumo excesivo y frecuente de productos poco saludables.

Dar ejemplo y disfrutar de las comidas en familia

Para favorecer una buena relación con la comida, los especialistas recomiendan introducir los alimentos nuevos de manera progresiva y sin presiones. Cocinar juntos, descubrir texturas y olores y participar en la elaboración de los platos puede ayudar a los niños a familiarizarse con alimentos que inicialmente rechazan.

También es importante evitar que la comida se convierta en un premio o un castigo, así como hablar de calorías, peso o apariencia física delante de los hijos. Los niños aprenden, sobre todo, de lo que ven en casa, y por eso los adultos deben dar ejemplo con una actitud flexible y natural.

Hay que prestar atención, sin embargo, cuando el rechazo alimentario se mantiene en el tiempo, el repertorio de productos aceptados se reduce progresivamente o aparece una angustia intensa ante los alimentos nuevos. Si esta situación afecta el crecimiento, el peso o la vida social y familiar, puede ser necesario consultar a un profesional. En algunos casos, podría tratarse del trastorno de evitación y restricción de la ingesta, conocido como ARFID.

En definitiva, los tres expertos coinciden en que alimentar bien a los hijos no consiste en controlar cada bocado, sino en construir hábitos saludables sin perder de vista el placer de comer. Compartir las comidas, conversar y cocinar en familia son herramientas para conseguirlo. Basulto lo resume con una idea: "No comas mejor, deja de comer peor". Como referencia, los especialistas recomiendan la guía Pequeños cambios para comer mejor, de la Agencia de Salud Pública de Catalunya.

Fuente: www.3cat.cat/3catinfo


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