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Cugat Comas

La residencia más singular de Mataró se transforma por dentro con más accesibilidad y confort

La Fundació El Maresme reforma la Llar Santa Maria con 1,8 millones para hacerla más accesible, íntima y confortable.

patrocini Ustrell Febrer 26 (1)
 

Desde fuera, el Hogar Santa Maria de Mataró sigue siendo, esencialmente, la misma casa. Mantiene esa presencia de casa grande, señorial, integrada en la ronda de la República y reconocible por un barrio que lleva décadas conviviendo con ella. Esta era una de las premisas del proyecto: no perder la raíz, no convertir un lugar con historia en un equipamiento anónimo. Pero solo hay que cruzar la puerta para entender que, por dentro, casi todo ha cambiado. La reforma integral inaugurada este miércoles 16 de septiembre no ha consistido simplemente en pintar paredes, renovar instalaciones o poner al día un edificio antiguo. Ha sido una transformación mucho más profunda: hacer que sea la casa la que se adapte a las personas que viven en ella, y no las personas las que se tengan que adaptar a las limitaciones de la casa. Es esta la gran diferencia.

Durante unos 45 años, el Hogar Santa Maria ha ofrecido atención residencial a personas adultas con discapacidad intelectual y necesidades de apoyo extenso y generalizado. Lo ha hecho desde un edificio que inicialmente no había sido concebido para este uso: una antigua casa señorial reconvertida con el paso de los años, adaptada siempre que era posible y sostenida, sobre todo, por la capacidad de los equipos profesionales de hacer funcionar bien un espacio que cada vez respondía menos al modelo de atención que se quería ofrecer.

Pasillos estrechos, pocas salas amplias, dificultades de circulación, carencias de aislamiento y una distribución que obligaba a menudo a encajar necesidades nuevas en una arquitectura pensada para otra época. La casa tenía calidez, recuerdos e identidad, pero también había acumulado límites. Ahora parece otra casa sin haber dejado de ser la misma.

  • Y este equilibrio es probablemente el principal éxito de una reforma que ha supuesto una inversión global de 1,8 millones de euros y que convierte Santa Maria en una de las piezas más valiosas de la red de servicios de la Fundació el Maresme.
Inauguració Residència Llar Santa Maria de la Fundació Maresme. Foto: R.Gallofré
Inauguración Residencia Hogar Santa Maria de la Fundació el Maresme. Foto: R.Gallofré
 
Una joya de la corona que necesitaba ponerse al día

El Hogar Santa Maria atiende actualmente a 25 personas adultas. Veinte viven de forma permanente, en un servicio residencial operativo los 365 días del año, y cinco más utilizan el Centro de Atención Especializada (CAE) como servicio diurno. Todas las plazas forman parte de la Red de Servicios Sociales de Atención Pública. A su alrededor trabajan una treintena de profesionales.

Estas cifras explican solo parcialmente lo que representa el centro. Una residencia de estas características no es simplemente un lugar donde dormir y comer, ni tampoco un recurso asistencial entendido en el sentido más estricto. Es vivienda, apoyo, rehabilitación, fisioterapia, estimulación, acompañamiento emocional, comunicación, actividad cotidiana y relación con las familias. Es, sobre todo, la casa de un grupo de personas que necesitan mucha ayuda en diferentes ámbitos de su vida.

De ahí que la arquitectura no sea nunca neutral.

Un pasillo demasiado estrecho puede complicar una transferencia. Una mala distribución puede dificultar el trabajo de dos profesionales a la vez. Una sala ruidosa puede generar malestar. Un espacio poco intuitivo puede dificultar la orientación. La falta de intimidad puede afectar a algo tan básico como sentir que aquel lugar es tu casa. La nueva Santa Maria ha intentado abordar todas estas cuestiones a la vez.

Se han reorganizado circulaciones y espacios comunes, se han ampliado y racionalizado las zonas de paso, se ha trabajado la ventilación y la entrada de luz natural y se ha actualizado el equipamiento a los requerimientos de accesibilidad y funcionalidad actuales. No son solo mejoras arquitectónicas. Son herramientas asistenciales. En un hogar destinado a personas con necesidades de apoyo elevadas, poder moverse mejor significa también poder ser más autónomo. Disponer de espacios diferenciados permite ajustar mejor las actividades. Tener zonas tranquilas ayuda a regular estímulos. Y preservar espacios personales refuerza una intimidad que durante demasiado tiempo los equipamientos asistenciales no siempre situaron en el centro del modelo.

Inauguració Residència Llar Santa Maria de la Fundació Maresme. Foto: R.Gallofré
Inauguración Residencia Llar Santa Maria de la Fundació Maresme. Foto: R.Gallofré


El primer piso, para vivir

Una de las decisiones más importantes ha sido reorganizar la casa para que la primera planta quede esencialmente destinada a los dormitorios. Es una manera de separar más claramente las actividades compartidas de los espacios privados y de preservar la intimidad de los residentes. Las habitaciones se han adecuado también a la normativa actual y a las necesidades de las personas que viven en ellas. Puede parecer una cuestión menor ante otras actuaciones más vistosas, pero no lo es. Una residencia es un equipamiento social; para quien vive en ella es casa. Y una casa necesita lugares compartidos, pero también puertas que se puedan cerrar.

La reforma ha querido recuperar este sentido doméstico sin renunciar a todo aquello que exige un servicio especializado. Por eso el edificio combina ahora zonas residenciales con espacios terapéuticos y de actividad claramente diferenciados. Hay un nuevo gimnasio, que permite reforzar las intervenciones de fisioterapia y mantenimiento funcional. También una sala sensorial, especialmente importante en un centro donde la estimulación multisensorial forma parte del trabajo con algunas de las personas atendidas. Se añaden espacios para las familias, zonas de relación y una sala de usos múltiples que multiplica las posibilidades del centro. Si antes una misma estancia tenía que dar respuesta a menudo a necesidades muy diferentes, la reforma permite disponer de ambientes con funciones más definidas pero también con suficiente flexibilidad para adaptarse al día a día. Esta es probablemente una de las grandes potencialidades de la nueva Llar: poder individualizar mucho más sin perder la vida compartida.

Otro de los espacios que ha cambiado es el comedor principal, que ha sido adaptado teniendo en cuenta también las necesidades de personas con déficit visual. En el centro se mantiene, además, cocina propia, una característica que contribuye a conservar este componente de hogar más allá de la lógica puramente institucional. En un equipamiento de este tipo, muchas de las cosas que para el resto de la población son automatismos requieren planificación y apoyo. Comer, ir al lavabo, comunicar una necesidad, desplazarse entre dos salas o participar en una actividad pueden exigir sistemas, ayudas técnicas o acompañamientos diferentes según cada persona.

  • Por eso el modelo de trabajo de Santa Maria se organiza a partir del Programa de Atención Individual (PAI). Cada usuario tiene unos objetivos y unas formas de intervención determinadas según sus necesidades, capacidades y preferencias.
Inauguració Residència Llar Santa Maria de la Fundació Maresme. Foto: R.Gallofré
Inauguración Residencia Llar Santa Maria de la Fundació Maresme. Foto: R.Gallofré


La atención cotidiana se combina con estimulación cognitiva, fisioterapia, tecnología adaptada y sistemas de comunicación aumentativa o alternativa cuando son necesarios. La reforma permite que estas herramientas no tengan que encajar forzadamente en espacios poco adecuados, sino que sea el mismo edificio quien facilite el modelo de trabajo. Esto se nota especialmente en algunos de los nuevos recursos. Entre las mejoras más singulares hay dos baños adaptados desarrollados en coordinación con el Espai Mataró Cuida-CareCityLab del Ajuntament de Mataró. No son simplemente lavabos más grandes o accesibles. Incorporan tecnología de vídeo y sonido que permite crear ambientes relajantes y multisensoriales según las preferencias de cada persona. Es una intervención que resume bien el cambio de mirada que hay detrás del proyecto.

Una actividad cotidiana como la higiene puede ser un momento especialmente delicado para personas con determinadas necesidades de apoyo. La posibilidad de modular el ambiente, reducir estrés y adaptar estímulos convierte una infraestructura aparentemente funcional en una herramienta de bienestar. Esto es, en buena medida, lo que la reforma intenta hacer en todas partes: utilizar el espacio para cuidar mejor. No se trata solo de eliminar barreras físicas, sino de entender que la accesibilidad también puede ser sensorial, comunicativa y emocional.

La Fundació el Maresme ha planteado precisamente este 2026 como un año de adaptación progresiva. Estrenar una casa nueva, aunque sea en el mismo lugar, también exige tiempo. Las personas que viven en ella deben reconocer espacios, establecer nuevas rutinas y convertir nuevamente el edificio en su casa. Por eso, una de las prioridades es hacer este proceso con especial cuidado por el bienestar emocional y la estabilidad de los residentes.

Quedarse en el barrio también era importante

Durante los años en que se empezó a plantear qué hacer con Santa Maria, una de las alternativas habría podido ser buscar otro emplazamiento y construir desde cero. Pero la Fundació tenía una idea clara: siempre que fuera posible, quería quedarse donde estaba. No solo para preservar el edificio. También porque esta casa ya forma parte de la ciudad.

El barrio conoce el Hogar Santa Maria. Los residentes forman parte del barrio. Los profesionales entran y salen cada día por la misma puerta. Las familias saben llegar. Hay comercios, servicios y equipamientos alrededor. Esta vinculación, construida durante décadas, también tiene valor. Trasladar un servicio así a un espacio periférico, quizás más fácil de construir pero más desconectado de la vida urbana, habría resuelto algunas cuestiones arquitectónicas y habría generado otras. La reforma ha optado por otra fórmula: conservar la raíz y revolucionar el interior.

Esta apuesta comunitaria no termina aquí. El nuevo Hogar quiere abrir algunos de sus recursos al entorno y explorar la posibilidad de compartir espacios con entidades del barrio o equipamientos como el centro cívico. La sala sensorial es uno de los recursos que podría tener también esta proyección. La idea es sencilla pero poderosa: si la comunidad ha ayudado a sostener un equipamiento, el equipamiento también puede devolver cosas a la comunidad. "Hacer retorno social", en palabras utilizadas durante la inauguración. Es una manera de alejarse del modelo de residencia como una burbuja cerrada, separada de la calle por una puerta que delimita dos mundos. Las personas con discapacidad forman parte de la ciudad y el hogar donde viven también.

Inauguració Residència Llar Santa Maria de la Fundació Maresme. Foto: R.Gallofré
Inauguración Residencia Hogar Santa Maria de la Fundació Maresme. Foto: R.Gallofré


Una casa que había estado "en la cuerda floja"

La inauguración del miércoles tenía, por todo esto, un componente emocional difícil de disimular. Entre las familias había la sensación de haber llegado al final de un proceso que no siempre había sido seguro. Jaume Calsapeu, representante de las familias, recordaba que durante diferentes momentos la continuidad del Hogar Santa Maria había estado "en la cuerda floja", rodeada de mensajes de incertidumbre y condicionada incluso por diferentes operaciones urbanísticas. Por eso definía la inauguración como un "día histórico" que refuerza la autoestima de la Fundació el Maresme. La frase que mejor resumía el impacto de la reforma era, sin embargo, mucho más sencilla: "Parece otra casa". Lo parece. Pero Calsapeu también recordaba que ninguna reforma arquitectónica puede explicar por sí sola qué es un hogar: "Somos humanos, somos vulnerables; la calidez es el Hogar". Es probablemente la otra cara imprescindible del proyecto.

Se pueden ensanchar pasillos, comprar tecnología, mejorar la ventilación y hacer salas sensoriales. Todo esto es importante. Pero el equipamiento solo funciona si después hay personas que saben cuidar. Y Santa Maria tiene una plantilla de una treintena de profesionales que lo hace cada día. Los que están cada día

La directora de la Llar Santa Maria, Estel Amatller, aprovechaba precisamente la inauguración para reivindicar este trabajo. Hablaba de profesionales que "siempre están", también durante los momentos extraordinarios: confinamientos, temporales o cualquier situación que altere la normalidad. "Acompañamos en todos los momentos de la vida y necesitamos que nos acompañen", reclamaba.

La reforma mejora de manera muy notable las condiciones materiales para desarrollar este trabajo, pero el estreno llega también en un momento en que el sector social mantiene abierta la reivindicación de mejores condiciones laborales y de una equiparación salarial con otros ámbitos de la atención pública. El conseller de Drets Socials i Inclusió, Raúl Moreno, recogió esta demanda durante el acto y recordó el compromiso del Govern de invertir 600 millones de euros durante cuatro años para avanzar en la mejora de los salarios del sector social. "Si queremos que nos cuiden, las personas tienen que poder pagar las facturas a final de mes", resumió.

La Fundació el Maresme mantiene una relación continuada con el Departament de Drets Socials para prestar diferentes servicios de atención a personas con discapacidad intelectual y otras necesidades vinculadas al neurodesarrollo. Durante este 2026, el Departament ha abonado 6,16 millones de euros correspondientes a los servicios prestados por la entidad. La cifra ayuda también a entender que Santa Maria no es una isla, sino una pieza de una red mucho más extensa.

La inauguración que llega en el año de los 60

La reforma coincide, además, con un aniversario especialmente redondo. La Fundació el Maresme celebra este 2026 sus 60 años de historia. Seis décadas durante las cuales la entidad ha ido construyendo una red que acompaña a personas con discapacidad intelectual y trastornos del neurodesarrollo en diferentes etapas de la vida: desde la atención precoz hasta la educación especial, la inserción laboral, la atención diurna o los servicios residenciales. Por eso el estreno de Santa Maria tenía algo de celebración propia dentro de la celebración grande.

Usuarios, trabajadores y familias compartían el miércoles aquella satisfacción poco espectacular pero muy reconocible que producen las cosas cuando finalmente quedan bien hechas. Después de años de proyectar, adaptar, discutir necesidades y convivir con las limitaciones del edificio antiguo, la casa podía enseñarse sin excusas. La presencia institucional puso el marco. El alcalde de Mataró, David Bote, reivindicó la forma de trabajar conjunta entre administraciones y entidades y vinculó el proyecto con la tradición de la ciudad en políticas de cuidados. "Sumando es como se construye", dijo, contraponiendo esta filosofía a dinámicas sociales basadas en la división.

El conseller Moreno fue en una línea similar y aseguró que hay "mucho que aprender" de las políticas de bienestar social de Mataró. Pero en una inauguración como esta, los discursos institucionales eran casi la banda sonora. La noticia era la casa. No es solo estar mejor: es poder hacer más cosas La gran virtud de la reforma se medirá probablemente a partir de ahora, cuando pase el efecto de la inauguración y los nuevos espacios entren definitivamente en la normalidad.

Será cuando el comedor funcione cada día, cuando el gimnasio permita hacer una intervención que antes era más difícil, cuando la sala sensorial ayude a una persona a regularse o cuando una familia pueda disponer de un espacio mejor para compartir un rato. Un equipamiento más adecuado no solo permite estar mejor. Permite hacer mejor el trabajo. Esta es la potencialidad real de Santa Maria. Los profesionales disponen de más recursos para adaptar la atención a cada persona. Las actividades no tienen que competir tanto por los mismos espacios. Las circulaciones son más sencillas. Los dormitorios ganan intimidad. Las zonas comunes pueden cumplir mejor su función comunitaria. La accesibilidad deja de ser una suma de soluciones añadidas con los años para pasar a formar parte de la concepción global del edificio. Y esto es especialmente importante cuando se trabaja con personas con necesidades de apoyo extenso y generalizado.

No hay dos personas iguales. Una puede comunicarse oralmente y otra necesitar sistemas aumentativos. Una puede desplazarse con relativa autonomía y otra requerir apoyo físico constante. Algunas necesitan estimulación; otras, reducción de estímulos. Hay personas con afectaciones visuales, necesidades motrices o dificultades para anticipar determinados cambios. La calidad de un servicio de estas características depende precisamente de la capacidad de no aplicar una única respuesta a todo el mundo.

Y la nueva Llar Santa Maria permite afinar mucho más. Una casa preparada para seguir siendo casa Quizás por eso la mejor manera de explicar la reforma no es enumerar metros, salas o tecnologías. Es pensar qué habría pasado si no se hubiera hecho. Con el tiempo, aquella casa señorial adaptada sucesivamente habría ido quedando más lejos del modelo de atención que la Fundación quiere desarrollar. Más difícil para los trabajadores. Menos cómoda para las personas que viven allí. Más limitada para incorporar nuevas herramientas. La reforma asegura otra cosa: futuro.

Permite que Santa Maria siga donde siempre ha estado, en medio de Mataró, conocida por su barrio, conservando una arquitectura y una memoria propias, pero disponiendo ahora de un interior capaz de acompañar las necesidades del presente.

Esto la convierte en una de las joyas de la corona de la Fundación el Maresme. No porque sea el edificio más nuevo. Precisamente no lo es. Lo es porque resume una manera de entender los cuidados: aprovechar una historia construida durante décadas, respetar los vínculos que ya existen e invertir para que las personas puedan vivir y ser atendidas en mejores condiciones. El miércoles, mientras usuarios, familias y profesionales recorrían los nuevos espacios, había orgullo. Pero sobre todo había alivio. La casa que había ido quedando pequeña, estrecha y antigua continúa en el mismo lugar. Continúa siendo Santa Maria. Solo que ahora, finalmente, la casa se parece mucho más a la manera como la Fundación el Maresme hace tiempo que quiere cuidar a las personas que viven allí.


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