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Panorámica de Alella desde sus viñedos

Vern Bueno Casas

Alella es el pueblo más rico de Catalunya; no todos los vecinos lo viven como un privilegio

El alcalde de este municipio maresmense de renta alta y crecimiento contenido reflexiona sobre el impacto de la presión inmobiliaria, la llegada de compradores internacionales y el riesgo de fragmentación del tejido social

 

El crecimiento del Maresme como polo de atracción residencial en Catalunya (es la comarca que más habitantes recibe de otros puntos del país) no es homogéneo, sino que se distribuye con intensidades muy diferentes según municipios y perfiles sociales. La zona sur del Maresme concentra gran parte de las presiones derivadas de la proximidad a Barcelona, el encarecimiento de la vivienda y la llegada de nuevos residentes de alto poder adquisitivo.

En este contexto, Alella ocupa una posición singular. No solo es uno de los municipios más atractivos del litoral metropolitano, sino también el que registra la renta per cápita más elevada de Catalunya (superando por primera vez a Matadepera) y la sexta del Estado. Según el alcalde Marc Almendro (ERC), este posicionamiento se explica por su trayectoria histórica, la limitación urbanística y la transformación del mercado inmobiliario.

Un crecimiento histórico ya completado

Alella en los últimos años no ha crecido de manera notable, unos 100 habitantes al año aproximadamente en los últimos 15 o 20 años”, explica el alcalde, que remarca que el crecimiento se ha mantenido prácticamente estancado. En 2024 solo se construyeron cuatro viviendas nuevas, una de las cifras más bajas de la comarca. Este relativo estancamiento actual contrasta con la expansión de la segunda mitad del siglo XX, cuando el municipio vivió el grueso de su crecimiento demográfico. “En los años 80 éramos 3.300 personas y en veinte años más que triplicamos la población”, recuerda Almendro. Aquel crecimiento agotó buena parte del suelo urbanizable y condiciona aún hoy el margen de desarrollo.

El planeamiento vigente, el POUM del 2014, aún permitiría una cierta expansión, pero limitada. “Si se desarrollara todo lo previsto, en 15 o 20 años tendríamos unos 1.500 habitantes más, un 15% aproximadamente”, apunta. Aun así, admite que es difícil prever hasta qué punto se materializará. Hoy, el crecimiento ya no proviene de nuevas promociones, sino de cambios de uso de vivienda: segundas residencias que pasan a ser primeras.

El centro del municipio maresmense, que mantiene su esencia de pueblo

Un pueblo de llegada y la presión del mercado inmobiliario

Alella es históricamente un municipio de acogida dentro del área metropolitana de Barcelona. “Yo mismo no soy de una familia de Alella, mis padres se trasladaron allí cuando yo tenía un año. Muchos venimos de Badalona o Barcelona”, ejemplifica el alcalde, que sitúa esta dinámica en la expansión residencial de los años 70 y 80, cuando el municipio fue de los primeros fuera del área metropolitana estricta con conexión directa a Barcelona a través de la autopista.

Desde entonces, el pueblo ha atraído residentes que buscan vivienda unifamiliar y calidad de vida cerca de Barcelona. “Alella atrae gente que quiere un estilo de vida de proximidad con Barcelona”, resume.

En los últimos años, esta presión se ha intensificado por la tensión del mercado inmobiliario. “Alella siempre ha estado tensionada, pero ahora lo está aún más”, afirma Almendro. La subida de precios en Barcelona ha desplazado demanda hacia el Baix Maresme: “Quien vende un piso en Barcelona se compra aquí una casa con jardín”, resuelve el alcalde.

A esta dinámica se suma la llegada de compradores internacionales, especialmente en el segmento alto del mercado. “Los datos del Colegio de Notarios indican que un 30% de las compras eran de extranjeros”, detalla, con operaciones que de media ascienden a los 700.000 euros.

Marc Almendro, alcalde de Alella

Cambio social y riesgo de fractura

Este nuevo perfil residencial se percibe claramente en la calle. “Ahora oyes hablar inglés constantemente. Hay un choque cultural y lingüístico que antes no era tan evidente”, dice el alcalde, que describe un proceso de transformación social aún en consolidación. El principal problema, sin embargo, sigue siendo estructural: la falta de vivienda asequible y la dificultad para que la población local se mantenga en el municipio.

En este sentido, Almendro alerta de un riesgo de fragmentación social: “Existe el riesgo de crear dos Alelles”. Una parte de los nuevos residentes mantiene una vinculación limitada con la vida asociativa y cultural, a menudo por barreras lingüísticas y sociales.

Un municipio de rentas altas pero heterogéneo

A pesar de su posición como municipio de renta elevada, el alcalde matiza esta imagen. “No es un pueblo homogéneamente acomodado”, afirma. Muchas de las casas hoy muy valoradas fueron construidas por familias trabajadoras en décadas anteriores. “Algunas casas que hoy se venden por 800.000 euros las construyó gente que trabajaba de sol a sol en Barcelona”, explica.

Panorámica de Alella

Entre pueblo y ciudad metropolitana

A pesar de las tensiones, Almendro defiende el modelo de Alella como un equilibrio singular dentro del área metropolitana. “Somos un pueblo a quince minutos de Barcelona, pero donde los niños pueden estar solos en la calle”, destaca. El municipio mantiene estructura compacta, centro histórico y vínculo con la viña y el paisaje. “Todavía tenemos esencia de pueblo”, afirma.

Este equilibrio entre proximidad a Barcelona y calidad de vida es el principal factor de atracción del municipio, pero también el que explica su tensión creciente. En un Maresme que lidera el crecimiento residencial de Catalunya, Alella representa un caso singular: un municipio con poco margen urbanístico, fuerte presión inmobiliaria y una transformación social acelerada que pone a prueba la cohesión social de su modelo.

“Todo esto hace que sea un pueblo muy atractivo”, resume Almendro. Pero este atractivo también es el reto de su futuro inmediato.