El domingo día 13 de septiembre de 2026 hacía exactamente un siglo que empezaban las obras del tranvía de Mataró a Argentona, una infraestructura que durante casi cuatro décadas formaría parte del paisaje cotidiano de la capital del Maresme. La fecha ha sido recordada por el investigador historiográfico Marc Pons en un artículo publicado en El Nacional.
El tranvía, sin embargo, todavía tardaría casi dos años en empezar a circular. La inauguración tuvo lugar el 27 de mayo de 1928, después de un largo proceso que se había iniciado en 1917, cuando el ingeniero e inventor francés Antoni Gaillard empezó a impulsar el proyecto.
La iniciativa topó con varias dificultades y con la oposición de una parte de los vecinos del centro de Mataró, que veían con recelo la instalación del hilo eléctrico aéreo necesario para alimentar los tranvías. Finalmente, las obras arrancaron en septiembre de 1926 y, poco antes, Gaillard había constituido la Compañía Anónima del Tranvía de Mataró a Argentona, encargada de explotar el servicio.

Tranvía de Mataró a Argentona
Una pieza clave de la movilidad mataronina
La línea conectaba la estación de ferrocarril de Mataró con Argentona, donde llegaba hasta el paseo Baró de Viver. Con el paso de los años, sin embargo, el tranvía se convirtió en mucho más que una conexión entre los dos municipios.
Tal como se explica en este reportaje sobre la historia del tranvía, la línea tuvo un papel importante en la movilidad de la ciudad, sustituyendo en buena parte las antiguas tartanas y facilitando los desplazamientos entre diferentes zonas de Mataró y hacia Argentona.
Su importancia creció especialmente durante la posguerra, cuando Mataró experimentaba un fuerte crecimiento demográfico y barrios como Cerdanyola ganaban población. La compañía fue adaptando el servicio a las nuevas necesidades y ampliando la flota, incluso con vehículos de segunda mano procedentes de la red de tranvías de Barcelona.
Durante décadas, el tranvía conectó dos realidades muy diferentes: la Mataró industrial y obrera y la Argentona vinculada al veraneo, convirtiéndose en un elemento habitual del paisaje social del Maresme.

El tranvía, haciendo el camino, en una impagable imagen de archivo
Del declive a la desaparición
A partir de los años cincuenta, sin embargo, el tranvía empezó a perder protagonismo ante el auge de los autobuses y del vehículo privado. La circulación por una ciudad cada vez más densa generaba dificultades y también se produjeron varios accidentes. Uno de los episodios más recordados fue el vuelco del coche número 3, La Treseta, el 1 de octubre de 1961. Cuatro años después llegaría el final.
La noche del 9 al 10 de octubre de 1965, una fuerte tormenta provocó el desbordamiento de la riera de Argentona y del torrente de en Boada. El puente del tranvía quedó destruido y las cocheras y la subcentral eléctrica de Mataró sufrieron graves daños. El servicio ya no se recuperaría de manera definitiva.

El Tramvia Mataró-Argentona, situado en la Plaça Granollers
El recuerdo que aún queda
Seis décadas después de su desaparición, el tranvía aún es visible en las dos poblaciones. Mataró conserva el coche número 3, La Treseta, en la plaza de Granollers, mientras que Argentona conserva el número 2 en la plaza Nova. Su memoria también ha quedado fijada en la cultura popular con la canción "Allà a Mataró n’hi havia un tramvia", una tonada que contribuyó a mantener vivo el recuerdo de aquel medio de transporte.
Y, curiosamente, el tranvía también ha vuelto al debate sobre el futuro. La Fundació Mobilitat Sostenible i Segura (MSS) ha planteado recuperar una conexión moderna entre Mataró y Argentona, con una línea de superficie de unos 10,6 kilómetros. Se trata, sin embargo, de una propuesta dentro del debate sobre la movilidad del Maresme y no de un proyecto actualmente en ejecución.
Cien años después del inicio de las obras, aquel tranvía continúa formando parte de la memoria de Mataró y Argentona.

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