Opinión Astrid Sanmiguel
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El temporal desenmascara las carencias de la línea R1

La tragedia ferroviaria del pasado miércoles cerca de Toledo ha dejado ver las carencias del sistema ferroviario de Adif y Renfe, un hecho que nos lleva a reflexionar. No se trata tampoco de hechos aislados, sino que son los síntomas de la vulnerabilidad de la red ferroviaria del país. No hace falta irse muy lejos para ver que la gestión y el mantenimiento de las vías se encuentra en uno de los peores momentos.

El eje principal que conecta el Maresme con Barcelona, la famosa línea R1, presenta una dejadez a los ojos de usuarios y trabajadores. En el pasado temporal, lo primero que se vio afectado fue el puente de Sant Adrià, un puente que hoy en día muchos nos preguntamos cómo puede ser que resista, cuando sus soportes son simples maderas mal puestas, que en casos de riadas o subida de caudal el agua se las lleva. La Oficina Catalana del Cambio Climático alerta de la elevada vulnerabilidad ante el desgaste de las vías y de la precariedad que hace peligrar el funcionamiento de la línea, hecho que ningún usuario querría.

Imatge d'arxiu d'un tren de Rodalies a la línia R1
Imagen de archivo de un tren de Rodalies en la línea R1


El desgaste no viene solo por el mal mantenimiento, sino por el calvario que viven quienes la utilizan día tras día. Una línea que se ve afectada cada vez que hay un temporal o llueve demasiado, cuando directamente deciden no pasar por tu parada durante dos horas o tienes que hacer un trayecto de una hora de pie donde el tren no deja de temblar en algunos tramos. Pero los usuarios seguirán escuchando el argumento repetitivo donde se excusan de los problemas calificándolos como el precio que se tiene que aguantar para disfrutar de una línea a la orilla del mar.

A pesar de los compromisos que se plantean en el Plan de Rodalies 2026-30, entre lo que se acaba haciendo, o las mejoras que acaban implementando hay una gran diferencia. Ya que, de tantos planes solo se llevan a cabo unos pocos y esto provoca crispación, provoca desconfianza y malestar en los ciudadanos. Lo que hace falta está bien claro, un buen plan de inversión y que finalmente se pueda hacer un traspaso de la gestión con cara y ojos.

No se trata de tener que buscar otras opciones de transporte o finalmente recurrir al vehículo propio, sino de poder utilizar el transporte público de manera diaria sin tener que pasar más horas preguntándote si podrás llegar a tiempo a buscar a los niños de extraescolar o si el señor Renfe hoy tiene previsto dejarte tirado. Lo que se busca es disfrutar de un transporte público digno y de confianza.

Astrid Sanmiguel

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