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Bicing

Cugat Comas

¿Un 'bicing' para Sant Vicenç?

El Ayuntamiento pregunta a los vecinos si utilizarían un servicio de bicicleta eléctrica compartida por suscripción, una apuesta ambiciosa para un municipio de menos de 7.000 habitantes y con un reto evidente: conectar mejor el pueblo de arriba abajo

 

Imaginar un 'Bicing' propio en Sant Vicenç de Montalt ya no es solo un ejercicio teórico. El Ayuntamiento ha abierto una encuesta ciudadana para saber si tendría sentido implantar en el municipio un servicio de bicicleta eléctrica compartida por suscripción, una fórmula que, si acaba saliendo adelante, incorporaría al día a día de un pueblo de dimensiones relativamente pequeñas un sistema de movilidad que durante años se ha asociado sobre todo a las grandes ciudades.

La dimensión es, precisamente, una de las particularidades de la propuesta. Sant Vicenç de Montalt tenía 6.829 habitantes a 1 de enero de 2025, según el Idescat, repartidos en un término de poco más de 8 kilómetros cuadrados y con diferentes núcleos y zonas residenciales. No es Barcelona ni forma parte de un gran continuo urbano, pero esto no significa que no tenga problemas de movilidad. Al contrario: la dispersión, las distancias y, sobre todo, los desniveles entre la parte alta y la fachada marítima hacen que muchos desplazamientos cotidianos acaben dependiendo del vehículo privado.

Y es aquí donde entra en juego la bicicleta eléctrica. La asistencia al pedaleo puede convertir trayectos que con una bicicleta convencional serían poco atractivos —especialmente cuando toca subir— en una alternativa real para ir al centro, a los equipamientos, a comprar, a estudiar, a la playa o a conectar con otros medios de transporte.

La comparación con el Bicing es fácil de entender, pero el modelo de Sant Vicenç todavía está por definir. El Ayuntamiento estudia una fórmula de bicicleta eléctrica compartida o por suscripción, que podría incluir bicicletas de calidad, asistencia técnica, sustitución y protección antirrobo. La encuesta, de hecho, deja abiertas diversas posibilidades, desde estaciones fijas o virtuales hasta otros sistemas de suscripción.

Es una tendencia que ya ha dado un salto claro más allá de Barcelona. AMBici, por ejemplo, ha extendido el concepto de bicicleta pública a 15 municipios del área metropolitana, con más de 2.600 bicicletas eléctricas y más de 230 estaciones, buscando también que la bicicleta sirva para conectar con el transporte público.

En el Maresme, en paralelo, también se está reforzando la infraestructura ciclista. El proyecto Maresme EuroVelo 8 ha impulsado una red de estaciones de servicio para bicicletas en 13 municipios, con aparcamientos seguros, puntos de carga para bicicletas eléctricas, estaciones de autorreparación o pérgolas ciclovolaicas. El movimiento de Sant Vicenç va, por lo tanto, en la misma dirección general, pero con una particularidad interesante: estudiar si la bicicleta puede convertirse directamente en transporte cotidiano dentro del municipio.

La pregunta clave: ¿serviría realmente a los santvicentins?

Por eso el Ayuntamiento no ha decidido todavía implantar el servicio. Primero quiere datos. La encuesta de movilidad, abierta hasta el 15 de septiembre, debe servir como paso previo a un estudio subvencionado por la Diputación de Barcelona que analizará su viabilidad técnica.

Y las preguntas están pensadas para ir al meollo de la cuestión. Se pregunta a los vecinos si usarían una bicicleta eléctrica, con qué frecuencia y para qué: ir a trabajar o estudiar, hacer compras y gestiones, llegar a la estación de tren, bajar a la playa, hacer deporte o moverse por ocio. También se pregunta específicamente cuántas veces se hacen desplazamientos entre la zona situada por encima de la C-32 y la parte baja del municipio.

Igualmente importante es saber qué frena hoy el uso de la bicicleta. Las pendientes, la falta de carriles bici, la sensación de inseguridad compartiendo calzada con los coches, la falta de aparcamientos seguros o, simplemente, no disponer de bicicleta aparecen entre las opciones.

Aquí radica la importancia de participar. No se trata solo de decir sí o no a un 'Bicing' de Sant Vicenç, sino de explicar cómo se mueve realmente el pueblo. Las respuestas pueden acabar determinando dónde se necesitan estacionamientos seguros, qué conexiones se deben mejorar o qué itinerarios deberían ser más cómodos para las bicicletas.

Para un municipio de menos de 7.000 habitantes, plantear un sistema de este tipo es una apuesta considerable. Pero precisamente por eso la encuesta es decisiva: antes de dibujar la movilidad del futuro, toca saber si los santvicentins están dispuestos a pedalearla.


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