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El viaducto de Caldes

Cugat Comas

Viaducto o no viaducto: sigue siendo la cuestión de Caldes d'Estrac

El proyecto de la Generalitat para transformar la N-II topa con el 'sueño' de Caldes d'Estrac: la eliminación de un viaducto histórico que divide el pueblo

 

Convertir la N-II en un paseo y mantener, al mismo tiempo, una carretera elevada que sobrevuela el centro de Caldes d'Estrac. Las dos imágenes parecen difíciles de encajar. Esta es, precisamente, una de las grandes incógnitas que deja de momento el proyecto de transformación de la Nacional en el Maresme: qué pasará con el viaducto de Caldes, una infraestructura concebida con una lógica viaria propia de los años sesenta y que contrasta frontalmente con el modelo de carretera urbana, pacificada e integrada en los municipios que ahora defiende la Generalitat.

El Convenio Maresme dibuja un cambio histórico en la movilidad de la comarca. Durante décadas, la Nacional ha sido una de las grandes arterias de circulación del litoral, mezclando tráfico local con vehículos de paso y convirtiéndose en muchos municipios en una auténtica frontera urbana. El nuevo planteamiento quiere exactamente lo contrario: menos coches, más espacio para peatones y bicicletas, prioridad para el transporte público y una carretera mucho más integrada en los núcleos urbanos. El Govern prevé invertir 384 millones de euros hasta 2032 en la transformación conjunta del corredor de la N-II y la C-32. Y es cuando este proyecto llega a Caldes d'Estrac que aparece una de sus contradicciones más evidentes.

Un 'Scalextric' de los años sesenta en medio del pueblo

El viaducto de Caldes es una infraestructura singular. Construido en los años sesenta, fue pionero de una época en la que proliferarían en el Estado las grandes estructuras elevadas conocidas popularmente como 'Scalextric'. La prioridad era facilitar el tráfico y superar obstáculos urbanos con grandes infraestructuras viarias. Con los años, sin embargo, el impacto visual y urbanístico de aquel modelo las ha ido condenando a desaparecer en muchas ciudades.

En Caldes, en cambio, el viaducto sigue en pie. La N-II se eleva para superar las vías del tren y sobrevuela viviendas y una parte muy sensible del núcleo urbano, dejando una huella difícil de ignorar en un municipio de dimensiones reducidas. Aquello que hace seis décadas podía representar una solución innovadora es hoy una infraestructura que encaja poco con la idea de recuperar la Nacional como una calle.

La posición política local es, en este sentido, muy clara. El gobierno municipal defiende que el viaducto desaparezca. La alcaldesa, Elisabeth Segura, y el primer teniente de alcalde, Albert Batlle, ya lo han expresado públicamente: la supresión de la estructura es "un sueño de los caldenses" y la voluntad del ejecutivo es hacerla realidad.

El viaducto de Caldes d'Estrac

 

La Generalitat todavía no dice qué hará con ello

El problema es que, hoy por hoy, no hay una solución definitiva sobre la mesa. En las reuniones mantenidas en torno al futuro de la N-II se han planteado diferentes escenarios, desde el mantenimiento de la estructura hasta su eliminación. Pero la presentación del Convenio Maresme no ha resuelto la incógnita. El Ayuntamiento de Caldes ha valorado positivamente que la transformación de la movilidad comarcal avance, pero a la vez ha reclamado a la Generalitat más concreción sobre cómo se aplicará la pacificación precisamente en el punto más singular del municipio. Segura y Batlle han pedido una reunión específica con el Departamento de Territorio para abordar el viaducto y determinar qué solución se plantea.

Porque derribarlo tampoco es tan sencillo como retirar una estructura obsoleta. Si la N-II deja de pasar elevada por este punto, hay que decidir por dónde pasará el tráfico que actualmente absorbe y cómo se reorganizará la movilidad dentro de un municipio con una geografía especialmente estrecha, condicionada por el mar, el ferrocarril y la propia carretera. El gobierno de Caldes lo vincula directamente a otra pieza fundamental del proyecto del Maresme: la C-32. La desaparición del viaducto será mucho más viable si buena parte del tráfico de paso deja definitivamente la Nacional y se traslada a la autopista. Es aquí donde la transformación de la N-II y la reforma de la C-32 dejan de ser dos proyectos separados y se convierten necesariamente en dos caras de la misma operación.


Un debate que entrará de lleno en el curso preelectoral


La indefinición actual difícilmente pasará desapercibida los próximos meses. Caldes entrará en un curso político que conducirá directamente a las elecciones municipales de 2027, y cuesta imaginar que el futuro de una infraestructura tan visible, tan simbólica y con tanto impacto sobre el día a día de la villa no acabe convirtiéndose en uno de los grandes temas del debate local. El gobierno ya ha fijado posición a favor de la desaparición. Quedará por ver qué soluciones técnicas plantea la Generalitat, qué coste tendría la operación, cómo se redistribuiría el tráfico y qué alternativas defenderán los diferentes grupos municipales.


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